Durante décadas, el arroyo de Rebolo fue una frontera invisible dentro del barrio. Sus orillas, marcadas por el abandono, la acumulación de residuos y la falta de iluminación, se convirtieron en un punto crítico para la movilidad y la seguridad de quienes vivían alrededor.
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Para muchas personas del suroriente de la ciudad, especialmente adultos mayores y niños, transitar por el sector era un riesgo cotidiano. El espacio, lejos de integrar, dividía y reforzaba una sensación de olvido que la comunidad arrastró por años.
Ese panorama comenzó a cambiar con la intervención que dio paso al Malecón de Rebolo, una obra que transformó por completo la relación de la comunidad y su entorno. Lo que antes era un lugar evitado, hoy es un corredor urbano recuperado, con senderos peatonales, zonas verdes, mobiliario urbano e iluminación adecuada. La recuperación del espacio público no solo mejoró el aspecto físico del sector, sino que devolvió la posibilidad de habitarlo, recorrerlo y disfrutarlo con tranquilidad.
Un año después de la apertura de este espacio, el impacto en la vida diaria de los residentes ha sido evidente. Las tardes ahora se llenan de niños jugando, adultos caminando y vecinos que vuelven a encontrarse. Para quienes han vivido toda su vida en el barrio Rebolo, el Malecón ha significado recuperar la confianza en este sector.
“Antes uno entraba rápido y se iba, ahora uno se queda”, coincidieron varios habitantes de la zona, quienes aseguraron que el cambio también ha fortalecido la convivencia y el sentido de pertenencia.
La transformación también impulsó la economía local. A lo largo del Malecón comenzaron a surgir pequeños negocios, ventas informales organizadas y emprendimientos familiares que encontraron en el nuevo flujo de personas una oportunidad para crecer.
Este movimiento ha generado ingresos adicionales y ha dado visibilidad a una zona que durante años estuvo estigmatizada, pero que hoy se muestra como un espacio activo y en constante dinamismo.
Otro de los cambios más significativos ha sido la percepción de seguridad. La iluminación, la apropiación ciudadana y la presencia permanente de personas redujeron los puntos oscuros y las zonas solitarias que antes facilitaban los hechos delictivos.
Más allá de la infraestructura, el Malecón de Rebolo representa una transformación social. Es la demostración de cómo una obra pública bien planificada puede dignificar la vida de una comunidad, fortalecer el tejido social y abrir nuevas oportunidades.
Ahora, el barrio ya no le da la espalda al arroyo; por el contrario, lo integra a su cotidianidad como un espacio de encuentro, memoria y futuro.
Apropiación ciudadana
Para muchos vecinos, sentarse afuera de sus casas o permitir que los niños jugaran cerca era impensable hasta que se desarrolló esta obra.
“Esto era un basurero que uno no podía soportar”, recordó Ana Campis, residente del barrio Montes desde hace más de 20 años, al describir cómo era la vida antes de la construcción del Malecón.
Reconoció que el cambio ha sido radical. Donde antes había insectos, malos olores y un arroyo contaminado, hoy hay un espacio limpio, iluminado y lleno de vida. “Esto ha sido un cambio muy bonito. De noche es espectacular. Uno se siente tranquilo”, afirmó mientras observaba a sus nietos jugar en el parque, del que —según contó entre risas— ahora cuesta sacarlos para llevarlos a su casa.
Una percepción similar tiene Julio González, quien mencionó que la obra transformó el sector “en un 100 %”. Para él, el Malecón no solo recuperó el espacio físico, sino también la dignidad de la comunidad.
“Nos sentíamos abandonados por una parte de la ciudad. Antes los niños tenían que jugar en la calle o llevarlos lejos, al Parque de las Nieves. Ahora quieren estar todo el tiempo aquí”, relató.
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En un punto del Malecón, María Eugenia Roa observa con atención cada detalle. Ella hace parte de la Asociación Malecón del Suroriente y es una de las guardianas del lugar. Su labor consiste en cuidar, preservar y promover el buen uso del espacio, una tarea que no siempre es fácil. Aunque destacó el cambio total del entorno, también señaló retos pendientes.
“Queremos más sentido de pertenencia. A veces se roban las canecas, suben motos, los padres dejan solos a los niños”, explicó.
Aun así, reconoció que pasar de un arroyo lleno de basura, ratas y muebles abandonados a un espacio recreativo ha cambiado por completo la vida del barrio.
Para otros, el Malecón también ha significado reconciliarse con su lugar de origen. Miriam Pombo, quien vivió en Rebolo y se mudó hace cinco años por los problemas de inseguridad, ahora regresa desde Soledad solo para traer a su nieta. “Antes esto era oscuro, peligroso, no se podía pasar. Ahora me siento segura. Yo vivo lejos, pero prefiero venir hasta acá”, comentó emocionada. Aunque la vida la llevó a otro municipio, aseguró que nunca se olvida de dónde viene.
Clara Domínguez es una de las nuevas residentes del sector y lleva apenas un año viviendo cerca del Malecón. Para ella, contar con este espacio ha sido fundamental, sobre todo como madre.
“No hay parques cerca de mi casa. Este es el más cercano y me siento segura para traer a mi bebé”, expresó. Aunque debe caminar varias cuadras, sostuvo que vale la pena por la tranquilidad y el entorno que hoy ofrece este espacio.

Lo que se ha hecho
En reiteradas ocasiones, el alcalde Alejandro Char ha señalado que este espacio se proyecta como un museo a cielo abierto, en el que propios y visitantes puedan conocer, reconocer y rendir homenaje a los íconos culturales y deportivos que han marcado la historia de la ciudad, en especial, de esta localidad.
Se trata de un parque lineal de más de 30 mil metros cuadrados que beneficia de manera directa a más de 112.000 habitantes de barrios como Rebolo, La Luz, Las Nieves, Montes, San Roque y La Chinita.
En ese sentido, la Alcaldía de Barranquilla avanza en la segunda fase del Malecón de Rebolo, con la intervención del tramo comprendido entre la calle 30 y la carrera 23. Este sector es de cerca de 8 mil metros cuadrados.
Con altas expectativas, el alcalde Char presentó el diseño del nuevo parque, que contempla zonas de juegos infantiles, senderos para trotar, amplias áreas verdes, accesos inclusivos y una plazoleta cultural destinada a rendir homenaje a personalidades y referentes culturales del suroriente de la ciudad, quienes han llevado en alto el nombre de Barranquilla.
De manera paralela a la ejecución de esta fase, la administración distrital continúa entregando obras complementarias de infraestructura vial, con el objetivo de mejorar la movilidad, el entorno urbano y la calidad de vida de los habitantes del sector.
En materia de seguridad, el alcalde Char informó que las obras de la subestación del Malecón del Rebolo avanzan de forma significativa. Según el más reciente reporte de este proyecto, ya se culminaron los trabajos de cimentación, muros, losa de cubierta e instalación de las redes de servicios públicos.
“Estamos invirtiendo en nuevos CAI y estaciones de Policía para que la atención llegue más rápido y las familias se sientan acompañadas en su día a día”, recalcó el mandatario distrital.


















