A veces es necesario detenerse y mirar el planeta con más atención. No desde la costumbre, sino desde la pregunta de qué tanto entendemos realmente lo que nos sostiene y, sobre todo, qué tan efectivas son las acciones que se están tomando para protegerlo en este Día Internacional de la Tierra.
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Y es que cuando se habla de medio ambiente, casi siempre pensamos en árboles, selvas o en el aire que respiramos, pero pocas veces miramos hacia el mar. Y es allí donde ocurre gran parte de la vida. El océano produce más del 50 % del oxígeno que respiramos, regula el clima del planeta y absorbe cerca del 30 % del dióxido de carbono que generamos.
Es, en pocas palabras, un gigante silencioso que trabaja sin descanso para mantener el equilibrio de la Tierra.
Sin embargo, ese mismo océano hoy está en riesgo. La contaminación, el cambio climático, la sobrepesca y la destrucción de hábitats están dejando huellas profundas. Lo más preocupante es que muchas de esas amenazas vienen de tierra firme, de actividades humanas que, aunque parezcan lejanas al mar, terminan afectándolo directamente.
En medio de este escenario, desde Barranquilla surge una iniciativa que apuesta por algo esencial, y es educar. El Proyecto Acuática, liderado por la joven barranquillera Gabriela Casuso, nació con la idea de acercar el océano a las personas, especialmente a niños y jóvenes, a través de talleres, actividades creativas y programas educativos en colegios y comunidades. Su objetivo es que más personas entiendan la importancia del mar y se sientan conectadas con él.
Apenas se ha explorado cerca del 20 % del fondo marino, lo que significa que aún desconocemos gran parte de este ecosistema. Además, más del 80 % de la contaminación marina proviene de fuentes terrestres, como plásticos y desechos industriales. A esto se suma que el 64 % del océano corresponde a aguas internacionales, zonas que no pertenecen a ningún país, pero que son clave para la vida en el planeta.
“La alta mar comprende las aguas que están más allá de las zonas económicas exclusivas de los países y representa más de la mitad del océano y la superficie de la Tierra. Estas áreas albergan migraciones de especies, corrientes marinas que regulan el clima y secretos clave para la ciencia y la medicina”, expresó Casuso.
La joven resalta que, a pesar de su importancia, menos del 1 % de la alta mar estaba protegida antes de la entrada en vigor de marcos internacionales para su conservación.
El Tratado, todo un hito
Durante años, gran parte de la alta mar no tuvo reglas claras de protección. Son aguas que no pertenecen a ningún país, pero que influyen en todo: el clima, la biodiversidad y hasta la alimentación de millones de personas. Ahí es donde entra el Tratado de Alta Mar (BBNJ), que empezó a regir el 17 de enero de 2026.
“Ahora se pueden crear áreas marinas protegidas en esas zonas, se exige evaluar el impacto ambiental de las actividades humanas y se promueve que los países trabajen juntos para investigar y cuidar el océano. También busca que los beneficios del conocimiento y los recursos marinos se compartan de forma más justa”, indicó Casuso.
‘Voces de Altamar’
En este sentido, la joven también lidera la campaña ‘Voces de Altamar’, una iniciativa de incidencia juvenil que busca promover la participación ciudadana en la protección del altamar y fortalecer el liderazgo de la juventud colombiana en la agenda oceánica globa, en colaboración con en colaboración con EarthEcho International y High Seas Alliance.
“Queremos acercar a la ciudadanía colombiana, especialmente a jóvenes y comunidades educativas, a la comprensión de la gobernanza oceánica y la importancia de la cooperación internacional para proteger las aguas internacionales”.
Para ello, se realizarán charlas, talleres, espacios académicos y encuentros culturales para explicar qué es el altamar, qué implica la gobernanza oceánica y por qué es relevante para Colombia.
“También recolectaremos cartas y mensajes de jóvenes colombianos que formarán parte de una Declaración Nacional Juvenil por el Altamar”.
Acciones para emprender desde los hábitos diarios
Todos saben que se debe hacer algo, pero cuando se analiza con más detalle, no solo se trata de “qué hacer”, sino “¿Cómo hacerlo de forma efectiva?”. En esa diferencia, entre la intención y la acción real, se juega buena parte del futuro ambiental.
Desde la academia, el profesor de geografía Nelson Rangel-Buitrago plantea que el problema no es la falta de conciencia, sino la forma en que se están abordando las soluciones. “La contaminación por plásticos sigue siendo uno de los principales factores de degradación ambiental. Durante años, la respuesta ha sido limpiar playas, ríos o ciudades. Hay que pasar de una limpieza reactiva a una prevención estructural”.





















