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El 31 de diciembre de 2025 fue la última vez que Leonela Alemán Morales se reunió con todos sus familiares en la terraza de su casa en el barrio San Nicolás, en el sur de Barranquilla. El recibimiento del nuevo año fue la última oportunidad que compartieron antes de que viajara a Chipre, donde perdió la vida en medio del derrumbe del edificio en que se hospedaba en la ciudad de Limassol, en hechos ocurridos el pasado 11 de abril.

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Unos días antes de esa última gran reunión familiar, el 23 de diciembre, le llegó de sorpresa a su madre Luz Mariana Morales, a quien sus otras dos hijas, Johana y Angélica, todo el día le estuvieron dando pistas.

“Él era muy especial conmigo. El 23 de diciembre que él llegó, yo no sabía; lo hizo de sorpresa. Entonces, mi hija mayor me dice: –¿Cuál es el amor de tu vida?–. Yo le dije: ¿por qué? Yo dije que Leonardo, entonces cuando llegó más tarde me dijo: –Mami, llegó el amor de tu vida–, y pudimos celebrar con él”, recordó en diálogo con EL HERALDO, con el pesar a flor de piel sentada en la sala de su casa.

Sus ojos inmediatamente lagrimearon cuando recordó que se quedó hasta su cumpleaños, hace apenas unas semanas, y que luego de eso viajó a Europa: “El día de mi cumpleaños estuvimos aquí porque la hermana está recién parida y la niña estaba un poquito enferma. Dijo que como no podíamos salir a ningún lado, me iba a hacer un compartir aquí. Y pasó lo más de feliz conmigo”.

Sin embargo, el destino le jugó la más amarga de las sorpresas. En un par de semanas pasó de la promesa que le hizo de llevarla a Francia a tener que buscarla desesperadamente hasta recibir una llamada de la cónsul colombiana en Chipre para confirmarle que Leonela era una de las víctimas fatales del derrumbe del edificio de 11 apartamentos.

La identificación demoró pues había nacido con el nombre de Leonardo y ahora era una mujer trans.

“Hablamos, por última vez, el 7 de abril. De ahí, no volvimos a comunicarnos. Ese día me habló que iba a ir a Israel, de ahí pasaba a Francia y de ahí venía para la casa para pasar su cumpleaños conmigo, el 20 de julio”, se lamentó.

La prueba de ADN

Orlando AmadorLa familia de Leonela Alemán llora su partida en su hogar en el barrio San Nicolás.

Luz Marina solo tiene un deseo en su atribulado corazón: poder traer los restos mortales de Leonela a Barranquilla. Pero, para eso, primero debe realizarse una prueba de ADN necesaria para poder destrabar los trámites.

“Aquí nadie nos ha ayudado. Nos dijeron que allá había habido un derrumbe en Chipre, saber donde estaba. Hasta hoy que nos dijeron que necesitan el ADN. Nosotros fuimos a Medicina Legal, y que eso tiene que ser un radicado, no nos quieren responder”, explicó.

La solución inmediata que les dieron es realizar la prueba de forma privada, pero se han encontrado con que no hay laboratorios privados que la realicen. Por tanto, la alternativa es buscar fuera de la ciudad.

“Nosotros somos de bajos recursos, y lo que yo quiero es que me ayuden para traer su cuerpo. Lo que no consigo por ningún lado es eso del ADN, no se pudo hacer”, manifestó Luz Marina.

El amor de la casa

Orlando AmadorLa familia de Leonela Alemán llora su partida en su hogar en el barrio San Nicolás.

Pese a que ya había empezado su proceso de cambio de género y se identificaba como una mujer transexual, lo único importante para sus familiares es que siempre fue una persona consentida por todos, el receptor de todo el cariño de sus dos hermanas y sus padres, Luz Mariana y Santander.

Así lo recordó a esta casa editorial con un profundo dolor Johana, su hermana mayor: “Mi hermano era un niño con muchas ganas de salir adelante, un niño soñador, un niño que siempre era la chispa de nuestra familia, era la alegría de nuestra familia. Y él siempre encontró apoyo. Que le dicen en las redes que Leonela o Leonardo, no importa, como lo quieran llamar, él era nuestro niño”.

Para Johana, lo más duro es que aquel 31 de marzo, cuando salió con destino al ‘Viejo Mundo’, no pudieron despedirse.

“El día que se iba yo me encontraba laborando y le dije: –Espérame, que ya voy a llegar–. No alcancé a llegar y yo le mandé un mensaje diciéndole que lo amaba y que le oraba a Dios, que tenía miedo. En realidad tenía miedo, porque yo sé lo que se vive en el extranjero”, expresó.

Por eso se le quedó grabada la frase que le contestó: “Me dijo: –Yo siempre estoy con Dios. Cuídate, que yo siempre estoy con Dios–, y me mandó unas donas. Yo dije: Yo no quiero ninguna dona, yo quiero que tú estés bien”.

Johana fue quien recibió la llamada directamente del consulado y todavía no ha logrado recomponerse: “Ha sido lo más horrible. Me derrumbé, pero aquí estoy, porque creo que soy la que puede salir adelante a hacer las vueltas para poderlo traer acá con nosotros y decir adiós”.

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Los familiares de Leonela esperan poder encontrar colaboración de las instituciones de Colombia para proceder a la repatriación de su cuerpo y darle el último adiós en medio del dolor que deja el vacío de quien encarnó una felicidad sin género de un humilde hogar.