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La cuenta regresiva ya comenzó y anuncia que vez falta menos para que la Vía 40 vuelva a vestirse de fiesta con la Batalla de Flores, el desfile que marca el gran inicio del Carnaval.

El Cumbiódromo, que desde hace 35 años es el escenario de este evento, se prepara para recibir a miles de personas que esperan ver pasar la alegría sobre ruedas.

Pero esa fiesta no nace el mismo día del desfile. Se está armando desde hace semanas en la bodega Rodolfo Steckerl, donde la número nueve guarda las 17 carrozas que este año apuestan por celebrar también desde la sostenibilidad.

En el instante en que se cruza la puerta, se observan a trabajadores concentrados cortando papel de cemento Ultracem, donado para empapelar las estructuras. Ese material cubre el icopor y sirve como base para luego pintar, lijar y dar forma a las obras que más adelante brillarán en la Vía 40.

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Entre ellos está Cristian Camilo García Galeano, artesano del Taller de Arte y Escenario, barranquillero. Desde temprano, tijera en mano, explica que están preparando el papel para cubrir varias carrozas. “Todo esto va empapelado. Hoy tenemos todo el día para pegar papel. A veces nos quedamos más tarde, incluso amanecemos trabajando”.

Johnny Olivares

El uso de materiales reutilizados ha sido bien recibido por el equipo. Para ellos, no solo es práctico, también es una forma responsable de hacer Carnaval. “Nos parece un mejor método para trabajar y aprovechar lo que nos donaron”.

Por estos días, Cristian vive una rutina que transcurre entre la bodega y las carrozas. Como él, muchos trabajadores ponen su tiempo y esfuerzo para que el desfile salga como lo espera la ciudad.

Allí, las manos no se detienen. Entre ellas las de Viviana Silveira, una mujer de 52 años que experimenta su primera experiencia en la elaboración de carrozas. Aún no se ha graduado, es estudiante de la EDA, donde estudia elaboración de carrozas y faroles.

“De una buena empapelada depende el resultado final y eso es lo que estoy haciendo. Cuando el papel se seca, la pieza pasa a pintura y es ahí donde aparece el brillo que el público verá el día del desfile”.

Ella también está haciendo uso de las bolsas reciclables, de cemento, harina de trigo y azúcar. “Esto es muy bueno, primero porque estamos cuidando el medio ambiente. Además, el papel es manejable y fácil de usar, ideal para lograr un buen acabado”.

A un costado, tiene un recipiente con almidón, el cual se hace con yuca o fécula de maíz. Luego se unta la pieza y se pega el papel. “Hay que estirarlo mucho, sobarlo bien, para que no quede arruga. Queda una superficie lisa, lista para recibir la pintura. Ese paso ya queda en manos de los pintores que lo hacen de maravilla”.

Johnny Olivares

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Aunque empapela distintos elementos que van en estas obras rodantes, Viviana también trabaja en la carroza de la reina del Carnaval, Michelle Char. Allí le toca cubrir tornillos, empapelar piezas y esperar a que el soldador termine para continuar.

Arte sostenible

A unos metros de Viviana está Eduardo Castillejo, artista, escenógrafo y arquitecto barranquillero, observando el boceto de las dos carrozas que tiene a cargo.

“La primera se llama Cumbia en flor, una propuesta diseñada por Hernando Arteta. Es una carroza grande, elegante y llena de vida. Su figura principal es una cumbiambera de gran tamaño que tiene movimiento en la cintura: gira 180 grados para saludar al público de ambos lados del Cumbiódromo”.

En la parte baja, en el faldón, la acompañan cuatro músicos de millo, unos personajes robustos y alegres que tocan tambores, flautas y maracas. Al frente va la niña o reina que monta la carroza, ubicada en un pódium y rodeada por una balaustrada dorada.

A los costados, cayenas rojas completan la escena. Los colores predominantes son el rojo, el blanco y el dorado, lo que le da un aire sobrio y elegante.

Johnny Olivares

La segunda carroza es una farota, un homenaje al río y a este traje tradicional lleno de historia. “Es una historia que los barranquilleros conocemos y que hay que contarle al público de afuera. La figura principal es un hombre vestido de mujer, también de gran tamaño y con movimiento en la cintura. Está rodeado de paraguas, olas que recuerdan al mar y al río, y flores del árbol de mango. Sus colores son verdes, tonos aqua y blanco”.

Una de las estructuras de la farota ya está lista con el cartón como protagonista. “Cerca del 50 % de la estructura está hecha con cartón reciclado, comprado en el mercado de grano: bolsas de azúcar, de harina y cartones industriales que antes se usaban para vasos. Con ese material construyen cilindros, brazos, costados, tambores y muchos otros elementos. El icopor se usa en menor cantidad, entre un 30 y 35 %, mientras que el resto corresponde a hierro y madera para las bases”.

El ambiente ya es de recta final. Así lo confirma Elías Torné, director de carrozas del Carnaval, quien explica que el trabajo avanza a buen ritmo y que las estructuras que desfilarán en la Batalla de Flores ya están casi listas.

“Estamos en un 80 % de obra”, señala. Lo que hoy se ve es prácticamente la consolidación de las carrozas. Faltan ajustes finales, detalles que no se pueden hacer antes por una razón sencilla como el polvo, las virutas y otros agentes externos que podrían ensuciar o dañar las superficies. Ese trabajo fino se hace la próxima semana, entre miércoles y viernes, y el viernes en la noche ya salen rumbo a la Vía 40”, explica.

Este año, uno de los temas que más llama la atención es el uso de materiales reutilizados. Aunque aún se ve icopor, Torné aclara que no es nuevo. “Es icopor reutilizado, que ya se usó en otras carrozas o en otros eventos. Aquí hemos sido como cirujanos plásticos: lo moldeamos de nuevo”.

Muchos artesanos han apostado por el cartón para hacer estructuras, combinándolo con icopor reciclado, hierro y otros elementos. A esto se suma el uso de papel donado por Ultracem. “Aunque no lo parezca, los que estamos acá sí hemos visto el cambio en el tema de sostenibilidad”.

Johnny Olivares

En total, son 17 carrozas las que desfilarán este sábado en la Batalla de Flores: 16 carrozas temáticas y la número 17, que es la carroza real. Todas recorrerán la Vía 40 cargadas de color, movimiento y tradición.

Actualmente, en las bodegas hay entre 100 y 120 personas diarias. La próxima semana, ese número aumentará a unas 150. “Entran más mujeres, que son las que se encargan de los detalles finales: flores, acabados, ese toque especial que ellas le ponen a las carrozas”.

El trabajo no solo se concentra en una bodega. También hay otras adecuadas para recibir los tráileres del Carnaval, donde los maestros artesanos colaboran en el montaje, el diseño digital y los apliques artesanales. En total, serán alrededor de 36 tráileres los que acompañarán el desfile.