La lluvia persistente de la madrugada fría de la capital de Nariño no impidió que dragones, personajes históricos, animales e incluso extraterrestres despertaran este martes para recorrer los ocho kilómetros de la senda del Desfile Magno, la gran cita del Carnaval de Negros y Blancos del sur de Colombia.
Lea aquí: Beéle es confirmado para el Sábado de Carnaval en el Metroconcierto
Con las primeras horas del día aún húmedas, la fantasía tomó forma en figuras faraónicas de rostros de ojos saltones, pintadas con colores despampanantes, que parecían volar y cobrar vida propia, y que deslumbraron a turistas y habitantes de Pasto, congregados a lo largo de la senda, que es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco desde 2009.
Las 24 carrozas y los disfraces individuales se abrieron camino al son de la música andina de las murgas (agrupaciones musicales) y exhibieron el talento de los artesanos de Pasto, quienes tras meses de trabajo lograron volver a impresionar a locales y visitantes con obras monumentales que homenajean la tradición, la fantasía y la mitología.
El Desfile Magno del Carnaval de Negros y Blancos coincide con el ‘Día de Blancos’, cuyo origen se remonta al amanecer del Día de Reyes de 1912, cuando un grupo de amigos que había pasado la noche celebrando el ‘Día de Negros’ tomó los polvos de talco de una joven y salió a las calles para lanzarlos a los transeúntes.
Para Amanda Huertas, maestra en artes plásticas y artista del carnaval desde hace 25 años, participar en esta fiesta es una emoción que se renueva con el tiempo.

La carroza que presenta Huertas este año tiene un fuerte componente simbólico y social, ya que incluye la figura de la reina del carnaval, personaje central de la celebración, y también forma parte de un proceso colectivo creativo desarrollado con víctimas del conflicto armado colombiano.
“Ellos trabajaron en el taller, participaron en el empapelado, la pintura y en la elaboración de figuras. Además, formaron una comunidad donde no importaba su condición ni de dónde venían; confluyeron como en el carnaval, donde todos somos iguales”, relató a EFE la artista.
Herencia y legado
A minutos de empezar el desfile, Diego Caicedo daba los últimos retoques a su carroza llamada ‘Herencia Mágica’. Cumple 50 años participando en el carnaval y, aunque destaca el duro trabajo que comporta construir las figuras, espera que su legado esté vigente durante muchos años.
Su propuesta rinde homenaje a los antepasados: “‘Herencia Mágica’ es todo lo que nos enseñaron. Gracias a ellos este carnaval se convirtió en patrimonio de la humanidad”, afirmó.
La tradición también vive para Luis Alberto Erazo, artista del carnaval desde hace más de cinco décadas. Con 72 años, recuerda haber comenzado a los 15 llevando letreros en las comparsas.

Su carroza representa una “fiesta divina”, donde no existen jerarquías. La obra de Erazo está presidida por Zeus como figura central, acompañado por un león dormido, que representa al volcán Galeras, que se puede ver desde la ciudad de Pasto, y deidades del Olimpo con trajes inspirados en la región.
Cuatro meses de trabajo, materiales tradicionales como poliestireno, papel maché y arcilla, y un equipo de 22 maestros artesanos hicieron posible la carroza.
“El carnaval es una pantalla gigante para que todo el mundo conozca Pasto”, subrayó Erazo al defender la importancia de preservar la tradición.
Nariño, tierra de patrimonios culturales
El diálogo entre pasado y presente también se refleja en la propuesta de Darío Cabrera, artista con 16 años de experiencia, quien presenta la carroza ‘Somos Nariño’, una obra que alude a los cuatro Patrimonios Culturales Inmateriales del departamento reconocidos por la Unesco.
“En el frente hay una máscara que simboliza la unidad y unas manos que representan la creatividad del pueblo pastuso; a los lados, un chasqui (mensajero) andino; atrás, personajes afrodescendientes con la marimba, un instrumento de percusión, y arriba, la técnica artesanal del mopa-mopa o barniz de Pasto”, explicó.
Le puede interesar: Las camisetas alusivas a la captura de Maduro se convierten en moda
Mientras las nubes cargadas de agua se disipan y algún rayo de sol da tregua al frío pastuso, el Desfile Magno volvió a demostrar que el Carnaval de Negros y Blancos no es solo una fiesta, sino un acto colectivo de memoria, identidad y creación que une a todos bajo un mismo latido cultural.




















