
Así como en el pasaje bíblico el hambre del pueblo de Israel fue saciado con pan que llovió del cielo, en El Rodadero, el principal atractivo turístico de Santa Marta, la necesidad de muchos se vio solventada la mañana de este jueves por dinero que cayó desde los altos de un edificio.
Carperos, lancheros, silleros, vendedores informales, bañistas y desprevenidos transeúntes, fueron sorprendidos por la lluvia de billetes que se vino desde un apartamento del piso quinto del edificio Palanoa, ubicado en la carrera 1 con calle 9, frente al mar.
El bullicio y alboroto que armaron quienes se vieron favorecidos por el chaparrón de plata, llamó la atención de los policías que al momento llegaron a pensar que se trataba del comienzo de una asonada, pero que el poco rato supieron realmente de lo que se trataba. Se llegó a decir, incluso, que hasta ellos se sumaron al grupo.
REPARTICIÓN. No se sabe cuánto dinero exactamente repartió el inesperado benefactor, sin embargo algunos sostienen que fue una cifra cercana a los 3 millones de pesos; pero otros aseguran que fueron entre 10 y 20 millones de pesos.

Con denominaciones de toda clase, en su mayoría de 1000, 2000 y 5000 pesos, los billetes sobrevolaron el sector de la playa. Unos cayeron en la arena, otros en el malecón y algunos fueron agarrados en el aire.
Pedro Benavides, Jorge Ustariz y Alejandro Gómez, hicieron un alto en su trabajo como vendedores informales para aprovechar el regalo 'divino'. Entre los tres recaudaron 60 mil pesos, cifra que fue repartida equitativamente.
'Eso fue lo que acordamos y así lo hicimos…lo chévere fue que nos hicimos el día', manifestaron emocionados.
Hubo quienes se ganaron el premio 'gordo' pues lograron alcanzar billetes de $50.000.
A un taxista un billete de 10.000 pesos le cayó sobre el capó de su vehículo, pero cuando se quiso bajar para agarrarlo, un transeúnte le ganó de mano. La discusión no se hizo esperar.
Fueron centenares las personas las que se arremolinaron en los alrededores del edificio Palanoa en espera de que siguiera - literalmente - lloviendo plata. Incluso, cuando el 'aguacero' de billetes amainó, la gente seguía allí, frente al edificio, mirando hacia arriba esperando un segundo chaparrón.
Por Agustín Iguarán





















