"Desde tempranas horas, la Plaza Alfonso López comenzó a recibir a los fieles de Ecce Homo, previo a la procesión de ayer.

Dollys Polo, tiene bien claro en sus recuerdos, que cuando apenas era una niña de ocho años, su mamá la llevaba el primer lunes de la Semana Mayor, a la procesión de Santo Ecce Homo en Valledupar. Llegaban desde el municipio de El Copey, para caminar en medio de una romería por las principales calles de la capital del Cesar, algo que para entonces ella poco entendía.

Con el paso del tiempo, comprendió que se trataba de un acto de devoción y fe, ese que con la misma creencia que creció, le sirvió para pedirle después que salvara a su madre de la muerte, quien por tres días estuvo en coma, sin que los médicos le dieran esperanza de vida, tras un accidente de tránsito.

“Me aferré a Santo Ecce Homo, le pedí que mi mamá, se levantara de esa cama de hospital, y así sucedió”, sostuvo esta comerciante, de 52 años de edad, que vende empanadas en la plaza Alfonso López, muy cerca, a la iglesia La Inmaculada Concepción, de donde ayer, como todos los lunes santos, salió la imagen del patrono de los vallenatos, cargado en hombros, en una multitudinaria procesión.

Señala que “para mí, el Ecce Homo es un santo milagroso. No me pierdo sus misas, ni el recorrido desde que sale hasta que entra de nuevo al templo”.

Como ella, hay cientos de relatos, que se convierten en testimonio, de lo que ha hecho el santo patrono. William Vega, es un fotógrafo de 58 años de edad. Como Dollys, no vacila en ratificar su fe al Ecce Homo, que en latín significa ‘he aquí al hombre’. “Desde pequeño he venido a la procesión, es una creencia que me inculcaron desde niño, y siempre me ha acompañado”, sostiene.

Betsy Blanco, otra creyente, no duda en expresar lo bondadoso que es este santo. “No hay que ofrecerle mucho, solo una misa, caminar la procesión o un rosario, para que lo que uno pida se lo conceda. Ahora estoy enferma y he venido a su altar, para que me sane”, indicó la mujer, quien afirma que antes de santificarse, el Ecce Homo, era un hombre de carne y hueso, que por ser tan bueno, fue escogido por Dios.

El lunes santo las misas al Ecce Homo se inician desde las cuatro de la madrugada y se realizan cada hora, hasta las cuatro de la tarde cuando se cumple la procesión, después de una misa campal en la plaza Alfonso López. Gente de todas partes, atraídas y creyentes de sus milagros, llegan a la ciudad, cumplen penitencias, realizan mandas, hacen promesas a cambio de favores; de lo que puede hacer por sus fieles, no se escapan ni los políticos, que cumplen sagradamente la cita, para que se cumplan sus peticiones.

Algunos llevan a sus hijos pequeños para ofrecerlos al patrono, para que los cuide y proteja, y estos a su vez, continúan la tradición, perpetuando el acto solemne y la fe que se mantiene y se multiplica, lo que queda evidenciado con el multitudinario fervor.

Rafael Cueto, es un compositor de música vallenata, que cada vez que puede, no se pierde una procesión. “Hay muchas personas que vienen de diferentes sitios de Colombia a venerar al santo, y he escuchado testimonios de lo que ha hecho por ellas”, asegura.

Que la escultura sea una realidad. El obispo de Valledupar, Óscar José Vélez Isaza, le pidió al alcalde Fredys Socarrás, después de la homilía del Ecce Homo, que la escultura de 35 metros, que se proyectó instalar en el cerro de Las Antenas, en el norte de esta capital, sea una realidad.

“Esperamos que no se pierda todo lo que se ha invertido, confiamos que se culmine esta obra que es algo grande para Valledupar”, sostuvo. El proyecto de la escultura al Ecce Homo, fue paralizado, teniendo en cuenta que el área donde se ejecutaban los trabajos para la base de la estructura es zona de reserva forestal.

El Obispo anunció además que ya está en camino el proyecto para construir una nueva catedral en Valledupar, indicando que la ciudad ha crecido. “Estamos adelantando todos los trámites, en la curaduría y Planeación Municipal, para colocar la primera piedra de este templo este mismo año”, puntualizó.

Indicó que “con la unión de todo el clero, hemos decidido iniciar la construcción de una nueva catedral, es algo grande, que con la ayuda de Dios, lo sacaremos adelante, esperamos la colaboración de todo, y hemos empezado 18 capillas en los diferentes barrios de Valledupar”.

La leyenda. Según la leyenda, un día cualquiera llegó a Valledupar un hombre negro, que dijo ser artesano, pidió que lo dejaran encerrarse varios días en la antigua Catedral para crear una escultura, a cambio solo pidió agua y pan.

Pasado el tiempo, y al ver que el extraño no salía, el pueblo preocupado decidió entrar, al revisar, aquel artesano había desaparecido y solo encontraron la imagen, que desde entonces es Santo Ecce Homo.

Las creencias populares indican que el Ecce Homo suda, y los fieles lo secan con pañuelos, que luego se utilizan para curar enfermedades; también se dice que cuando está disgustado se pone tan pesado, que nadie puede sacarlo del templo.

Por Miguel Barrios

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