
El palco se fue cayendo lentamente, como empujado por el aguacero. Sentía que iba sobre varios cuerpos humanos que gritaban sin parar, y tras quitarme varios listones de la cabeza corrí hasta el cansancio, sin sentir ningún dolor.
El pánico me tenía anestesiado y buscaba afanosamente donde llegar. Estaba como sonámbulo y solo vi la realidad cuando llegué al hospital donde tuve que caminar sobre varios cadáveres envueltos en lodo y tendidos en los pasillos.
Solo entonces me di cuenta que una tabla había roto mi antebrazo izquierdo, pero podía levantarlo. Me acerqué a una enfermera en busca de atención, me dijo que más bien me pusiera la bata para que trabajara; y así sucedió: en un minuto pasé de paciente a galeno, relató Filadelfo Pérez Pérez, quien días antes había iniciado sus prácticas en ese centro asistencial. Hoy tiene 32 años de estar como médico en el Hospital Universitario, y uno de los sobrevivientes de la tragedia.
32 años después del fatal accidente los relatos saltan en cualquiera esquina de la ciudad, con mayor énfasis en algunos barrios donde el número de víctimas fue mayor, en El Cortijo, un populoso sector al que la caída de los palcos le quitó al menos siete vecinos y 10 más quedaron lisiados, construyeron el parque de Las Viudas, como símbolo de duelo. Alrededor viven las mujeres que perdieron a sus compañeros.
'Aquella tarde de enero 20 de 1980, cuando repentinamente un nubarrón ensombreció y arropó a toda la ciudad y luego descargó un aguacero que terminó solo cuando el hospital Regional estaba abarrotado de muertos envueltos en lodo y cientos de heridos' recordó Felipe Rambauth, un profesor quien quedó con limitaciones para caminar, debido a fracturas en sus piernas.
En la plaza Hermógenes Cumplido del barrio Mochila, la alegría, el jolgorio y el bullicio propio de las corralejas se había convertido en llanto, dolor e incertidumbre.
Al siguiente día se habían agotado todos los ataúdes en Sincelejo y los municipios circunvecinos. El gobernador de la época, Hermes Darío Pérez q.e.p.d., culpó de la tragedia a Dios, mientras que el alcalde Reyes Montes Pacheco y el ganadero Salim Guerra Tulena atribuyeron las causas de la caída de los palcos al peso de la gente que se 'corrió hacia atrás para evitar ser empapados por el aguacero', Ninguna investigación ha dicho cuál fue la causa real, solo se sabe que más de 400 personas murieron y al menos 2.000 quedaron lisiadas. Solo el 20 por ciento de las víctimas mortales fueron reparadas por el Gobierno Nacional y la Alcaldía de Sincelejo, que aún adeuda al Ministerio de Hacienda $2.300 millones por el pago a las víctimas.
Por Jaime Vides Feria





















