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El titulo es:¿De quién es el voto?

¿De quién es el voto?

La pugna entre el ala charista y el líder de Cambio Radical y la solicitud ante el Consejo de Estado de quitar la curul a la Alianza Verde por la inhabilidad de Mockus abre la discusión. 

La pugna entre el ala charista y el líder de Cambio Radical y la solicitud ante el Consejo de Estado de quitar la curul a la Alianza Verde por la inhabilidad de Mockus abre la discusión. 

Dos eventos políticos recientes han puesto  sobre el tapete una discusión en la que se mezclan estatutos legales, egos y el deber ser filosófico y ético en las reglas del juego democrático.

El primero, que ocurrió hace varias semanas y puso en evidencia la pugna política entre el líder del partido Cambio Radical, Germán Vargas Lleras, y la Casa Char, abrió el debate de los escenarios posibles ante una aparente división. 

Y el segundo evento fue la decisión de la Sección Quinta del Consejo de Estado que falló en favor de tres demandantes y le quitó a Antanas Mockus, de la Alianza Verde,  su puesto en el Senado de la República.

En el primer caso, el ala charista dijo que daba por superado el “impase con Vargas Lleras”. Y así dio por resuelta la discusión.

Sin embargo, fueron semanas de tensión política porque entre las preguntas que asaltaban la esfera mediática aparecía un juego de poderes entre congresistas y el partido como institución, el cual quedó demostrado cuando un grupo de representantes y senadores decidieron respaldar el Plan Nacional de Desarrollo, PND, aun cuando el partido había decidido no asistir a la votación. 

De ahí, de la suposición de nuevos escenarios para cualquier grupo político que decida emprender ‘tolda aparte’, surge el debate que cuestiona de quién es el voto. ¿Pertenece al congresista o al partido? ¿Qué tan individual podría actuar un congresista que se enfiló en las listas de una colectividad política?  

Pero se suma a este debate el fallo del Consejo de Estado que le quitó la credencial a Mockus.

El conflicto en este caso, parece inverso. Hay un congresista, el segundo más votado del Senado con 540 mil votos,  que resultó estar inhabilitado y tras una demanda perdió su puesto en el capitolio.
Sin embargo, una segunda pretensión de la demanda insta a que no solo Mockus pierda su credencial sino que el Partido Verde pierda la curul y sea dada al partido que  tenga un candidato que siga en votos.

De hecho, también se ha puesto sobre la discusión la pérdida de la personería jurídica del partido, lo que sería un golpe muy fuerte para la colectividad de oposición que en la misma semana celebró la candidatura a la Alcaldía de Bogotá de Claudia López. 

Por lo que se vuelve a la misma discusión: ¿De quién son los votos? ¿Le pertenecen a Mockus o al partido?

Credenciales y curules 

—La credencial aparece en nombre del candidato elegido  — dijo el politólogo y profesor de la Universidad del Norte Fernando Giraldo  – .Pero la curul es del partido.

Esta diferenciación se explica por el sistema de listas abiertas que funciona en el sistema electoral colombiano. 

De acuerdo con Giraldo, en el país hay dos reglas de juego para el ejercicio político: por listas cerradas y abiertas. 

En el caso de la lista cerrada, explicó Giraldo, los partidos hacen una lista interna de candidatos, la ordenan de una manera determinada y los ciudadanos votan por ella en el orden presentado por el partido.

“De tal manera que si un partido ganó dos curules serán los primeros dos de la lista que el partido ordenó los que las ocuparán”,  ejemplificó. 

Pero la otra regla del juego de este ejercicio democrático son las listas abiertas o lo que se conoce en Colombia como voto preferente.

En este caso, el ciudadano “vota por un partido, pero tiene el derecho a marcar el nombre de alguno de los candidatos que sea de su preferencia”.

Lo anterior revive una histórica discusión en la que los egos pueden llegar a manifestarse, debido a que el ciudadano ha votado por un nombre. 

Por lo cual, añadió Giraldo, aunque suene contradictorio, “hay una doble connotación”. Así, “la titularidad de una credencial es de la persona, porque el ciudadano marcó un nombre propio; pero la titularidad de la curul es del partido”.

En el mismo sentido, el director del programa de Ciencias Políticas de la Universidad del Norte Ángel Tuirán dijo que “la titularidad de la representación ciudadana al interior de las corporaciones públicas (Congreso, asambleas, concejos, JAL) corresponde a los partidos políticos, a quienes les pertenece la curul”.

Una pelea de egos

Algunos políticos logran tener un gran respaldo ciudadano, con una imagen muy favorable que hace que el candidato sienta que su papel dentro del partido sea trascendental. Y aunque no está inscrito en la ley, el aspirante logra su credencial “gracias a los votos que individualmente obtuvo”, así lo precisó Giraldo, quien aclaró que el candidato debe tener presente que aunque así fue, “su nombre aparece dentro de la lista de un partido”. 

De manera que hay cierta correspondencia entre los congresistas y el partido. Lo que suma al juego político una serie de transacciones entre la colectividad y los miembros de esta.

 “Los congresistas, con alguna frecuencia, muestran una transacción con el partido, que se convierte como en una especie de presión y negociación que se da al interior del mismo cuando el candidato dice: yo logré mi credencial, por mi propio esfuerzo, porque los votos me los conseguí yo. Total que, al candidato, en ese momento, se le olvida que sí, los consiguió él, pero dentro de una lista en la que el partido lo ubicó”, indicó el profesor.

 La negociación o transacción que mencionó Giraldo, al interior del partido, ponen a competir el rol que desempeñan los integrantes de este.

Según el politólogo, en partidos donde hay “una excesiva individualización política”, pese a que dirigentes y candidatos contrarien las decisiones de la colectividad a la que pertenecen, “no hay mayor consecuencia, porque el partido guarda silencio, se aguanta o es tolerante”.  

Sin embargo, dicha tolerancia no siempre es visible en todos los conflictos que viven las colectividades políticas. 

Escenarios legales 

Carlos Guzmán Mendoza, politólogo y profesor de la Uninorte, señaló que “el Consejo de Estado ha dejado claro que los miembros de las corporaciones públicas son elegidos por el esfuerzo conjunto entre ellos y los partidos que los avalan, pero las curules –más allá de los votos– son asignadas a los partidos y, por lo tanto, no pertenecen a los personajes políticos, sino a sus colectividades”.

Así las cosas, esta precisión cerraría los escenarios políticos de congresistas que quisieran dividirse de su partido y quieran seguir ejerciendo su cargo. 

Al tiempo, también cierra la posibilidad de que un partido pierda las curules que obtuvo porque uno de sus congresistas pierda su credencial por una inhabilidad, ya que los votos serían de la colectividad mas no del personaje político”. 

Sin embargo, ¿qué pasaría si un grupo de congresistas decide dividirse y no seguir más con el partido en el que se  enfiló? Guzmán hizo referencia a una decisión del Consejo de Estado en un caso similar, en ese momento el tribunal indicó: 

“La renuncia a un partido político implica la pérdida de la curul, lo cierto es que el permitir que un edil que renunció al partido político continúe con la curul, conduce a la inobservancia del deber legal de constituir bancada, bajo el entendido de que el régimen de bancadas no admite la posibilidad de participar individualmente en una corporación pública, sino que es necesario que cada miembro de ese partido, elegido con el aval del mismo, pertenezca a una bancada, y que, como se dijo anteriormente, se someta a pautas y reglas establecidas con anterioridad en el interior de cada partido político”.

Por su parte, Tuirán, citando la Ley de Bancadas (Ley 974 de 2005), dijo que “el retiro voluntario de congresista, concejal, diputado o edil del partido político en cuyo nombre se eligió implica el incumplimiento del deber de constituir bancada, y como tal podría sancionarse como una violación al Régimen de Bancada, hasta con la pérdida de la curul”.

Añadió que “aun cuando se separe de su partido, puede ser reelegido. Sin embargo, debe primero renunciar a su partido, en el término establecido legalmente, que normalmente es de un año antes de la inscripción. Si no lo hace incurría en doble militancia”.

En el mismo sentido opinó Giraldo, el congresista debe  “entregarle el último año al partido para que lo reemplace el que sigue en votos. Y entonces ahí si puede cambiarse de partido, pero no en el ejercicio del mandato”.

Armando Novoa García, exmagistrado del Consejo Nacional Electoral, explicó que en caso de que un congresista se retire, sus votos se sumarían a la lista del partido para que se produzca el reemplazo de esa curul en el congreso. Aclaró que “salvo en determinadas circunstancias muy especiales, por ejemplo cuando hay condena penal con delitos comunes asociados con el narcotráfico o lesa humanidad, o cualquiera de los sentenciados en el artículo 134 de la Constitución, el partido si perdería la curul y quedaría la silla vacía”.

La imágen del congresista

En medio de este debate, el congresista como figura o imagen toma un papel importante en el juego político por el poder.

Es por eso que los partidos negocian con sus congresistas para atraer más votos y eso le hace pensar al representante político que tiene un poder con el que puede contrariar a su partido. 

Esta discusión sobre la  estrategia de un partido para usar la imagen y reputación de uno de sus militantes para ganar más votos pasó a la Sección Quinta del Consejo de Estado, que aún no se ha pronunciado sobre si Alianza Verde perdería las curules ganadas con la votación de Mockus (4 en total). 

Sobre este caso, los demandantes aseguraron que hubo fraude, ya que dicen que la Alianza Verde sabiendo que Mockus estaba inhabilitado lo postuló para ganar más votos y así conseguir más curules.

El profesor Giraldo indicó que de ser así, como dicen los demandantes, el partido “no habría violado ninguna ley ni habría cometido alguna infracción”; ya que según mencionó “todos los partidos tienen el derecho de utilizar el buen nombre, la imagen y la reputación de uno de sus dirigentes y eso no tiene nada de ilegal. Es un derecho legítimo, amparado en la Constitución”.

Por su parte, Novoa García manifestó que “no hay manera de demostrar la intencionalidad del partido para darle el aval a alguien, que dicen ellos que de antemano conocía que se encontraba inhabilitado”.

De hecho, señaló que dicha solicitud no tiene “asidero constitucional”, puesto que la reasignación de curules ocurre, según citó el exmagistrado, en casos de nulidad electoral como en el uso de la violencia para conseguir votos, mas no en un tipo de inhabilidad como la del caso de Antanas Mockus.

El debate filosófico 

Paralelo a la discusión legal sobre el comportamiento de los partidos y sus miembros, surge el debate filosófico desde la academia. ¿Es ideal, tal como está, el sistema político que rige a los partidos en Colombia? ¿La opinión de un congresista debe ser siempre fiel a su partido? ¿Y si hay contrariedades se les debe obligar a cumplir? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de una colectividad política?
En este sentido, Guzmán manifestó que “lo ideal es que las decisiones partidistas y/o de bancadas se tomen bajo unos supuestos de democracia interna, claramente estipulados en los estatutos, de conocimiento de todos los miembros y con amplios espacios de deliberación y debate. Sin embargo, al final de la aplicación de esos mecanismos democráticos, la decisión debe ser acatada y respetada por todos los miembros, esa es la regla de la democracia”.

Añadió el politólogo que “más que obligar a los miembros de un partido a permanecer en él –porque legalmente nada los obliga–, el deber de los militantes de un colectividad es apartarse de ella cuando consideren que sus ideales no están siendo representados”.

Para Giraldo, “la primera responsabilidad del poder político es no estar adulterando la voluntad de los ciudadanos”.

Así mismo, refutó que “no puede ser que los ciudadanos votamos y después los partidos están negociando las curules. Ya hay suficientemente nivel de corrupción para que, además, agreguemos ese”.

Así es en otros en países

En otro sistema político un congresista pudiera inclusive retirarse del partido sin perder su curul. A continuación algunos ejemplos de cómo funciona en otros países.

Guatemala: Bloques legislativos

 Composición: Legisladores de un mismo partido.

Once o más diputados independientes pueden establecer un bloque legislativo independiente.

 Particularidades: Los diputados no están obligados a pertenecer a algún bloque legislativo.

México: Grupos parlamentarios

 Mínimo 5 legisladores según su afiliación política.

 El voto en el pleno es de forma individual.

Panamá: Fracciones parlamentarias

 Mínimo el 5% de la totalidad de los legisladores.

 El voto es individual. Las fracciones parlamentarias son tomadas en cuenta en sesiones especiales.

Paraguay: Bloques políticos

 Mínimo 7 legisladores de una misma colectividad.

 Se puede constituir más de un bloque por partido.

Italia: Grupos parlamentarios

 Mínimo 20 legisladores de un mismo partido.

 Quienes no adhieran a ningún grupo, constituirán grupos mixtos con mínimo 10 legisladores.

 

 

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