El Heraldo
La imagen de arriba, correspondiente al 28 de agosto pasado, muestra una de las trochas con alto movimiento de pasajeros. En la de abajo, captada el jueves 17 de septiembre, se observa total desolación por el mismo camino. Héctor Palacio
La Guajira

Ya nadie se le mide a cruzar por las trochas hacia Venezuela

El movimiento de pasajeros entre Colombia y Venezuela es casi nulo. Conductores, cambistas y comerciantes siguen de “brazos cruzados”.

Desde hace setenta y dos horas parece haber un inmenso candado entre Colombia y Venezuela que ha cerrado todos los caminos para quienes cruzaban de un país a otro a través de las trochas en la zona de La Guajira.

Estos carreteables por donde transitan los indocumentados parecen sellados de tal manera que solo una que otra persona se atreve a meterse en dichos laberintos polvorientos que, aunque lucen indescifrables y solitarios, conducen a las dos naciones.

Las trochas tenían una mayor actividad de lo normal desde el pasado 7 de septiembre cuando el presidente venezolano, Nicolás Maduro, cerró la frontera con La Guajira, días después de ordenar lo mismo en el Estado Táchira limítrofe con Cúcuta, capital de Norte de Santander.

El 28 de agosto pasado, al comienzo de la nueva crisis fronteriza, desde Paraguachón o La Raya dos reporteros de EL HERALDO, con el fin de observar qué tan estrictos eran los controles en la vía Maicao - Maracaibo, recorrieron la trocha La Cortica, una de las que también usa quienes de Colombia van a comprar alimentos para el autoconsumo o para comercializarlos. Por este camino igualmente transitan venezolanos que como ‘bachaqueros’ o vendedores de productos comestibles y de uso doméstico llegan a Maicao a ganarse unos buenos pesos, que luego cambian a bolívares antes de regresar a su país.

En ese momento no hubo ningún control. Solo encontramos en la trocha los “peajes humanos” que a cambio de unos devaluados bolívares permitieron la travesía.

Pasar a Venezuela para llegar a Guarero, la primera localidad de esa nación después de cruzar la frontera, fue fácil, rápido y barato. El pasaje de ida y vuelta en moto costó 10.000 pesos a esta periodista y al reportero gráfico, aunque nos cobraron un excedente de 10.000 por la espera.

En esa oportunidad ningún motorizado titubeó para transportarnos: “Claro, yo los llevo y hasta los monto a los dos en la moto”, respondió el primero que abordamos.

Todo cambió. Joan González, mototaxista venezolano que vive en Guarero, se ufanaba diciendo que “no importa que hayan cerrado la frontera, para eso están las trochas: por ahí va a pasar todo mundo”.

Hace dos semanas este hombre explicaba que incluso desde Uribia se podía pasar y luego llegar a Maicao y viceversa. Pero, doce días después del cierre definitivo, la maraña de motos y camionetas que usaban las trochas desapareció. El jueves pasado el panorama en La Raya no era el mismo para él motorizado ni para Alejandro González o para Óscar Ipuana, dos indígenas que dicen conocer estos caminos hasta con los ojos cerrados.

Solo los wayuu. En un nuevo intento por atravesar hasta Venezuela, la respuesta y el escenario fueron otros.

Primero tuvimos que hacer un esfuerzo adicional y caminar para encontrar a un mototaxista wayuu de los que viajan a Venezuela. Cuando logramos ubicarlo, aseguró que no se arriesgaba. Solo dijo que si lo hacía era para “llevar a los paisano, no a alijunas (personas no wayuu)”.

El hombre se quejó todo el tiempo de los controles y explicó que la Guardia Nacional Bolivariana “está por todas las trochas”.

“En algunas están atracando”, afirmó al recordar que unos viajeros que salieron de Venezuela denunciaron el hecho cuando llegaron a Paraguachón. E insistió: “Es muy peligroso ahora, porque no sabemos qué nos podamos encontrar en el camino, ya que esos guardias están en todos lados”.

Otro mototaxista dijo que los wayuu y los venezolanos pasan la frontera, pero los hacen esperar. “Como no hay muchos clientes, no hacemos viajes a Maicao”, indicó.

Muchos afectados. En Paraguachón cada día que pasa aumenta la crisis por el cierre fronterizo, afirma Ricy Deluque, una de las líderes comunales de la población.

Sostiene que no solo padecen los deportados y los expulsados, sino los que se han venido de manera voluntaria huyendo de la “mala situación” en Venezuela.

También pierden los transportadores, mototaxistas, vendedores, cambistas, padres de familia, cocineras, dueños de tiendas y todo el que vivía de esta frontera que une los dos países.

“Son muchos, miles, los que sufren con esta situación. Por eso hemos pedido al Gobierno Nacional medidas permanentes para no depender de Venezuela”, repite Ricy.

Directivos de la Sociedad civil carritos por puesto entre Maicao y Maracaibo y de la Cooperativa de transporte interfronterizo aseguran que, al menos, 255 conductores están de “brazos cruzados” porque no tienen trabajo.

“Mientras esté cerrada la frontera, así permanecerán porque quienes se atrevían a irse por las trochas ya no lo hacen”, comenta un asociado.

Controles intensos. Desde Maracaibo se informó que efectivos de la Guardia Bolivariana detuvieron a una mujer venezolana que intentaba cruzar la frontera a través de una trocha. La ciudadana llevaba 713 mil bolívares en billetes de cien. El dinero estaba oculto en el fondo de su bolso. La detención se registró en el punto de control de Guarero, municipio Guajira del Estado Zulia.

El gobernador zuliano Francisco Arias informó que 11 puntos de control en trochas fueron activados desde el jueves, cuando Maduro amplió la medida de excepción en las subregiones Perijá y Sur del Lago.

Arias aseguró que habrá “nuevas acciones” para combatir el contrabando con apoyo de más unidades militares, los Círculos de lucha popular y los Consejos comunales.

A medida que pasan las horas, La Raya está cada vez más desolada. Todos confían en que este lunes, cuando se reúnan en Quito los presidentes de Colombia y Venezuela, empiecen a zanjarse las diferencias.

“No aguantamos más días con el bloqueo”, asegura Joan González.

El cierre

En la frontera entre Colombia y Venezuela hay mas de 90 trochas por las que transitan viajeros, pero también el contrabando de víveres y gasolina. Para tratar de frenar este flagelo, el gobierno venezolano cerró hace un año el paso en Paraguachón, entre las 10 p.m. y las 5 a.m. Sin embargo los habitantes de esta población y los mismos vendedores de mercancía venezolana, aseguran que es por las trochas por donde se transporta el contrabando.

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