El Heraldo
Bayron Palacio Fernández, cuando ingresaba a la Fiscalía, tras su captura en 2008. Archivo el heraldo
Judicial

El ‘Monstruo de La Sierrita’ pasa a prisión domiciliaria

Un juez de Ejecución de Penas le concedió el beneficio, del que goza desde el 27 de marzo pasado.

La justicia de Colombia le concedió el beneficio de prisión domiciliaria a Byron Palacio Fernández, un violador en serie reconocido por sus víctimas, confeso, condenado y catalogado –dentro de las investigaciones de la Fiscalía–, como un peligro para la comunidad.

Palacio Fernández, de 49 años, estaba confinado en la Penitenciaría de El Bosque pagando una de las cuatro condenas que le habían sido impuestas por asaltos sexuales cometidos entre diciembre de 2007 y agosto de 2008 contra menores de edad en los barrios El Bosque, Las Malvinas y La Sierrita, en el sur de Barranquilla.

El Monstruo de la Sierrita, como lo identifican los expedientes de la Fiscalía, salió con un brazalete electrónico en su tobillo derecho, para su casa, ubicada en el barrio La Cordialidad, en el sur de Barranquilla.

El Juzgado de Ejecución de Penas de Sincelejo le concedió el beneficio de la casa por cárcel el 27 de marzo pasado, poco antes del mediodía.

Las autoridades no reportan haber elaborado un perfil siquiátrico del individuo, ni haberlo vinculado a algún trabajo de análisis especial con el ánimo de proteger a la sociedad de su tendencia criminal, y de alejarlo a él de la posibilidad de seguir delinquiendo.

La Fiscalía, en su momento, armó una carpeta con siete casos de asaltos sexuales cometidos en ocho meses en el sur de Barranquilla, cinco de estos adjudicados a Palacios Fernández.

Al ser detenido sobre la Avenida Circunvalar, muy cerca al sitio en donde fueron perpetrados los hechos, el violador reconoció que ya había pagado una primera condena de doce años de cárcel por el mismo delito.

El trabajo del desaparecido investigador judicial del CTI Manuel Sfeir Salinas estableció que Palacios Fernández salió de la prisión, en esa primera oportunidad, sin haber sido objeto de estudios siquiátricos. Días después comenzaron a llegar las denuncias por delitos sexuales contra varios menores de edad a la sede de la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía.

Las condenas

Byron Palacio Fernández tiene en curso cinco investigaciones por delitos sexuales en Barranquilla. De esas indagaciones se han proferido cuatro condenas, de las cuales no ha terminado de pagar la primera a quince años
y seis meses de prisión impuesta por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito y confirmada por la Sala Penal del Tribunal Superior de Barranquilla, con ponencia del Magistrado Jorge Mola.

En las carpetas de los juzgados de Ejecución de Penas están contenidas las condenas radicadas bajo los códigos 200801510, número interno 3523 a 136 meses de cárcel, la 200801165 numero 5257, a 186 meses de cárcel y una tercera, la número 2002200491, número 159, registran en los archivos como “extintas”.

Una condena extinta es una condena que ya se pagó, no generó acumulamiento de penas en prisión, por lo cual sólo pagó la primera, o que fue anulada por alguna circunstancia. En ninguna se explica cómo se benefició el Monstruo de La Sierrita con estas bondades de la justicia.

No quería salir

Luego de la audiencia pública en la que un juez lo envió a la cárcel, pocas horas después de su segunda captura en Barranquilla en agosto de 2008, Palacios Fernández se mostró abatido.

Le confesó al investigador Manuel Sfeir Salinas y a un grupo de periodistas que se encontraba en el sitio que “me daba pánico salir a las calles de Barranquilla nuevamente porque sentía que iba volver a violar niños”.

“No sé, es una fuerza interna que me obliga a hacerlo. Yo le pedía a Dios que me diera fuerzas, pero me dieron la libertad y vea lo que está sucediendo”, dijo mientras era esposado y enviado de nuevo a la cárcel.

Pese a las denuncias, a las condenas y a su mismo testimonio, el violador confeso fue llamado -por segunda vez- a la puerta de su celda, y notificado: “Cámbiese que se va para su casa”.

Depredadores

Los juristas miran con preocupación el desbalance que existe entre la forma descomunal como crecen las amenazas de depredadores sexuales versus la feria de oportunidades que tienen los presos por estas circunstancias en las cárceles colombianas.

A la 1:30 de la mañana del 27 de septiembre del año 2006 el policía Oscar Alexander Ramírez ordena detenerse a un vehículo en la carrera 106 con la calle cuarta, cerca al rio Bogotá. Se movilizaba de manera sospechosa.

El conductor del taxi, de placa VEE 154 trata de huir, pero rápidamente es alcanzado. Dentro iban César Augusto Bernal Vargas, un amigo de él y dos menores, una de 12 y otra de 14 años, evidentemente ebrias. Las niñas admitieron a lo largo del proceso que habían sido abusadas sexualmente por Bernal Vargas, quien además era su vecino.

“Las invitó su amiga Gloria a comer pizzas, pero terminaron recorriendo discotecas y fueron a parar cerca al río, donde fueron abusadas”, dice el expediente número 1100160000200800402. Gloria, según la investigación, habría preparado todo para que los adultos sometieran a las menores brindándoles alcohol para así abusar de ellas, concluyó la investigación.

Por formalismos de ley César Augusto Bernal Vargas quedó en libertad, pero vinculado al proceso. El procesado desapareció y dejó su defensa a cargo de un abogado que se empecinó en demostrar que las menores de 12 y 14 años habían accedido a voluntad a tener actos sexuales con él.

Cinco años después la Fiscalía concluyó que Bernal Vargas era penalmente responsable del delito. “Para satisfacer su lujuria utilizó a las dos menores a quienes coloca en incapacidad de resistir y las accede”, reza el expediente.

El caso provocó diversas reacciones en los círculos sociales de Bogotá por la permisividad de la justicia colombiana para mantener detenido al encartado.

“Tenía a las niñas borrachas dentro del carro. Ellas lo señalaron por los abusos. Nunca pudo explicar qué hacía a la 1:30 de la mañana con dos menores en su carro. El tipo que iba con él colaboró con la justicia y testificó en su contra… pero lo dejaron libre”, detalló un abogado que conoció el caso.

Bernal Vargas fue condenado en ausencia a 152 meses de prisión por el juez Víctor Manuel Mahecha Cifuentes. La Policía lo capturó en Barranquilla por una imprudencia de tránsito  en noviembre de 2014 y pasó a una cárcel nacional a pagar su pena. 

Dijo fiscal

“Lo más grave que me ha tocado”. El 8 de agosto de 2008, en la audiencia tras la captura de Palacio, el fiscal Rodrigo Restrepo Reyes expuso detalles de la investigación contra el capturado que indicaban, por ejemplo que, solía escoger como víctimas a niños de 11 años.

El funcionario indicó que sin duda era el caso más grave que había tenido que investigar en los 20 años que tenía de labores en ese momento.

Palacio fue reconocido por sus víctimas por un tatuaje, la bicicleta verde en la que andaba y su modo de actuar.

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