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La Semana Santa en Colombia no solo está marcada por rituales religiosos, sino también por una tradición culinaria profundamente arraigada en la región Caribe: los ‘rasguñaos’. Estos dulces, preparados a base de frutas, legumbres y tubérculos, forman parte esencial de la identidad gastronómica del país y se convierten en protagonistas durante esta época del año.

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Más allá de su sabor, los ‘rasguñaos’ representan un legado cultural transmitido de generación en generación, en el que las mujeres —conocidas como matronas— desempeñan un papel central como guardianas de recetas y técnicas tradicionales.

¿Cuál es el origen de los ‘rasguñaos’?

Durante la Semana Santa, la tradición católica limita el consumo de carne, lo que ha llevado históricamente a la búsqueda de alternativas alimenticias. En este contexto, los ‘rasguñaos’ se consolidaron como una opción dulce que reemplaza ciertos alimentos habituales en la dieta.

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El origen del término también tiene una explicación doméstica: tras la cocción, era común que las familias rasparan los restos de dulce que quedaban adheridos al fondo de las ollas. De esta práctica surgiría el nombre “rasguñaos”, que hoy identifica a toda una categoría de preparaciones tradicionales.

Se reconoce a San Basilio de Palenque como el lugar de origen de estos dulces. Desde allí, la tradición se expandió a distintas zonas del Caribe colombiano, donde hoy forma parte del paisaje cultural de ciudades y municipios.

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De hecho, para esta época, no es raro encontrarse en espacios públicos como parques, aceras y alrededores de comercios varios puestos de venta de ‘rasguñaos’ y otros dulces tradicionales de Semana Santa.

¿Cómo se preparan los ‘rasguñaos’?

La elaboración de los ‘rasguñaos’ sigue procesos tradicionales que priorizan el uso de ingredientes de temporada. Frutas como mango, papaya, piña o mamey, así como productos como el coco, el ñame o el guandul, son cocidos lentamente en fogones de leña.

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Las herramientas utilizadas —ollas de barro y pailas de madera— hacen parte del método tradicional, que ha sido transmitido dentro de las familias.

La variedad de sabores es amplia: existen versiones de leche, tamarindo, corozo, ciruela o batata, entre muchas otras combinaciones que reflejan la riqueza agrícola del Caribe colombiano.

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La elaboración de algunos ’rasguñaos’ puede extenderse hasta una semana, dependiendo de la complejidad de la receta. Por esta razón, muchas familias comienzan su preparación con hasta 15 días de anticipación a la Semana Santa.

Además de su proceso, también destacan las formas de consumo. Algunos dulces se acompañan con galletas de soda, bollo blanco o de yuca, mientras que otros, como el mongo-mongo —típico del Sinú—, combinan ingredientes como mamey, plátano, mango, guayaba, panela y canela. El dulce de guandul, por su parte, puede servirse con galletas de soda o incluso integrarse en otras preparaciones.