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El doctor Libardo Diago en su consultorio, en el norte de Barranquilla. Orlando Amador
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“Quisiera volver a ser niño”: Libardo Diago

El médico pediatra, de 88 años, recibe hoy la Orden de la Democracia Simón Bolívar en el grado Cruz Oficial por parte del Congreso.

Sentado en su escritorio el médico pediatra Libardo Luis Diago Guerrero escribe en su máquina de escribir una fórmula médica. Es de color azul y lo acompaña hace más de 40 años. Tiene una de repuesto en su casa “por si falla” la oficial. 

Su saludo es caluroso, amigable, caribeño, inspira confianza rápidamente.

En las paredes de su consultorio cuelgan varios diplomas, como el que le concedió la Universidad de Catagena al graduarse como “Médico Cirujano” un 18 de diciembre de 1959. También un reconocimiento de la Sociedad Colombiana de Pediatría en el que lo nombra “Pediatra insigne” por su compromiso con la infancia. Como esos hay notas de EL HERALDO, fotos de su familia, gabinetes con figuras de Disney, cuadros de payasos y afiches con mensajes para levantar el ánimo.

Justamente hoy, en una ceremonia en el Country Club, se le entregará al doctor Diago otro reconocimiento que de seguro también hará parte de los que reposan en su consultorio, en el norte de la ciudad. Se trata de la Orden de la Democracia Simón Bolívar en el grado Cruz Oficial que le entregará la Cámara de Representantes, a través del congresista Armando Zabaraín.

“Es un reconocimiento a su vida de servicio a la comunidad de toda nuestra región”, dijo el representante por el departamento del Atlántico. 

Volviendo a su consultorio. En otra de las cuatro salas de su consultorio, la de espera, hay caballitos de madera, sillas de colores, juegos didácticos, peluches y otros muñecos de trapo. “Aquí lo pelaos se relajan, se les quita la prevención que traen”, dice el galeno de 88 años, que sin falta asiste a su consultorio cada vez que sus “pacienticos” lo necesitan.

Siempre lo acompaña su estetoscopio y buen humor. De hecho, encima de su escritorio tiene unas hojas con chistes escritos que él obsequia al que ve “tristón”. “Con amor y con humor todo marcha mejor, ese es mi lema ahora”, señala con voz pausada.

Dice que será médico pediatra hasta el último día de su vida y llora cuando recuerda a los “pacienticos” que le ha tocado ver fallecer en más de 60 años de ejercicio profesional.

“Ya me ha pasado. Pacientes que nacieron conmigo, se criaron conmigo, fui médico de ellos todo el tiempo. Recuerdo una vez que un pacientico de 13 o 14 años tuvo un accidente cerebrovascular, un aneurisma y se murió. Yo no estaba aquí y cuando llegué los papás me dijeron: si tú hubieras estado...”. En ese momento al doctor se le entrecorta la voz y llora, como si el hecho acabase de ocurrir.

Luego, ya recuperado, retoma el hilo de la conversación diciendo que “desafortunadamente” vio morir a varios niños de polio o rabia, sobre todo en el inicio de su carrera entre Cartagena y Barranquilla.

Inicios. El doctor Diago nació en Arjona, Bolívar y estuvo a un paso de convertirse en Sacerdote. 

En su pueblo vivía en frente de la casa del “padre Correa” y por la cercanía lo empezó acompañar a cuanto bautizo, misa y funeral ocurriera en Arjona y los pueblos cercanos. Por eso, señala, hizo el curso de acólito. Sin embargo, la herencia familiar de médicos pudo más y terminó estudiando becado en la Universidad de Cartagena.

También recuerda los días de estudiante cuando iba al Hospital Santa Clara, donde hoy queda el hotel en la Ciudad Amurallada, a hacer las autopsias. Asimismo cuando se vino para Barranquilla a hacer su residencia en la Clínica Bautista, en los años 60, y le pagaban $150 al mes.

Sin embargo, uno de esos recuerdos imborrables y que también lo marcaron fue el de la escogencia de la pediatría como especialidad. 

“Yo fui el segundo de mis hermanos, el primero murió por cuestiones congénitas. Después tuve varios hermanos más pero morían a los 8 o 15 días de vida, eso me marcó y como médico me puse a investigar”.

Por su trabajo en el Hospital de Cartagena o el desaparecido Hospital Infantil San Francisco de Paula (conocido como El Hospitalito), donde combatió contra la rabia y la poliomelitis; su periplo por el Bienestar Familiar, sus investigaciones, sus libros que hablan de la resiliencia y la historia de la pediatría en el departamento del Atlantico. Por su trabajo en la academia como docente, pero sobre todo por su amor a la profesión y a la protección de la infancia, el doctor Libardo Diago recibe hoy la condecoración mencionada en el inicio de este escrito y el afecto de los “pacienticos” que atiende y atendió.

“Me encantaría volver a ser niño, un niño entre los dos y tres años que arma y desarma sus juguetes”, dice, agradecido con su esposa Graciela González, sus tres hijos y sus seis nietos.

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