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El grupo ‘Bozá, nueva gaita’, interpreta la gaita curva en Barrio Abajo, donde se realiza la rueda de cumbia. Foto NátaLli Suárez
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La gaita se reinventa

El tubo de este instrumento, ahora elaborado en cedro, ha sido recogido en su parte superior para facilitarle su ejecución al músico • Gaiteros tradicionales opinan.

En el Taller Artesanal Trapiche, ubicado en el corregimiento de Colomboy, zona rural de Sahagún, Córdoba, comenzó desde hace 12 años la evolución de la nueva gaita.

Todo sucedió cuando los músicos Elbert Álvarez y Juancho Nieves se unieron para reflexionar sobre este instrumento. “Elbert construye las gaitas y yo las pienso”, afirma Nieves. 

En el sencillo taller se producen gaitas y tambores para músicos como Mayte Montero, Justo Almario, el grupo Bozá y Edwin ‘El Indio’ Hernandez, gaitero de Totó, la momposina. “Para ser luthier de gaitas primero tuve que ser gaitero y así conocer a fondo las limitaciones del instrumento”, dice Álvarez.

La alianza de Nieves y Álvarez ha dado como fruto un sinnúmero de singulares gaitas, entre las que se destacan la gaita con llaves, la gaita con huecos por detrás, la gaita sintética, la gaita corta, las gaitas desarmables y la gaita con curvas.

“Una gaita larga puede medir hasta un metro con trece centímetros y con esas curvas se reduce el espacio de recorrido del aire que facilita la interpretación al gaitero y hace que su sonido sea más grave”, explica Álvarez.

Nacimiento de la gaita
Según el musicólogo Egberto Bermúdez, el territorio colombiano cuenta con evidencias arqueológicas prehispánicas de estos instrumentos, como la figura de tumbaga, que presenta a una mujer gaitera de la zona de los Montes de María (Ovejas, Sucre).

De esto existe una temprana mención del cronista español Bartolomé Briones de Pedraza en su Relación de la villa de Tenerife (Magdalena) de 1580. Allí  describe que los grupos de indígenas malibues tenían “gaiteros que tañen con unas flautas muy largas”.

La gaita desde sus orígenes fue interpretada entre los indios cunas con el nombre de suarras y los kogui de la Sierra Nevada de Santa Marta la llamaban ‘kúisi’, en sus dos modalidades: hembra y macho.

La unión de indígeneas con esclavos africanos desembocó en que el instrumento se adaptase durante el siglo XIX al tambor alegre, tambor llamador, bombo y maracas. Para el investigador musical Hernando Muñoz Sánchez,  el ‘kúisi’, tolo o gaita es un instrumento de viento construido a partir de tubos provenientes de diferentes tipos de cactus, como el cardón (Pachycerus pringlei) o la pitahaya (Hylocereus undatus), entre otros. Se fabrica en pares (Macho-Hembra).

La hembra posee cinco orificios, el macho dos y la gaita corta seis. Además, posee una especie de ocarina o cabeza que es fabricada de cera de abeja o abejorro, combinada la mayoría de las veces con carbón vegetal en polvo. De esta manera logran que la cera sea más resistente al calor.

Su embocadura se hace a partir del cañón de pluma de ave, pato o pavo. Para esto suelen usar el extremo del ala o de la cola.

La evolución
Buscando una madera que se adaptara a la elaboración de la gaita, Elbert Álvarez comenzó su transformación. “Empezamos –recuerda– a experimentar con las maderas, porque acá en Córdoba no se da mucho la pitahaya y trabajamos con unos muchachos ebanistas de Son Cereté”.

Con ellos, Álvarez conoció al ingeniero William Ramos, quien miró las gaitas y aseguró que se podían hacer en cedro. El siguiente paso fue crear una máquina para perforar los tubos de la madera enteros. “El cedro es una madera fácil de conseguir y de trabajar”, explica Álvarez.

Para elaborar una gaita curva, el dúo de Nieves y Álvarez pensó en invertir su proceso de construcción, que antes se hacía primero perforando los huecos en el tubo y montando la cabeza a lo último.

“Nosotros hicimos todo lo contrario: primero ponemos la cabeza de la gaita en el tubo y soplamos hasta que el tubo dé el sonido fundamental de la nota que se desea afinar. Si queremos un sol, recortamos el tubo hasta que produzca esa nota que queremos”, sostiene Nieves.

Luego hacen una regla de tres para dividir el tubo en 32 fracciones, lo que les permite obtener un estándar de distancia de perforación de cada hueco en el tubo, para que queden de manera proporcional.

Del campo a la ciudad. Jorge Guerrero, Alain y Ailan Manjarrés Wong, son los integrantes del grupo ‘Bozá, nueva gaita de Barranquilla’.

Alain, calificado por Juancho Nieves como el “bárbaro de la gaita”, es uno de los pocos gaiteros que se le ha medido a interpretar el Minuet and Badinerie de Johann Sebastian Bach en gaita.

Ellos han heredado el uso de este instrumento en cedro con curvas debido a su comodidad y su potente sonido en la ciudad. “Esta gaita es más grave. Generalmente una gaita está afinada en sol o en fa sostenido. Esta tiene un diseño recogido porque normalmente los instrumentos de más gravedad son más largos, como la tuba, por lo que el recorrido del aire es más largo, igual el saxofón y el bombardino. Entre más extenso es el recorrido más grave es el sonido”, explica Alain.

El trío ha llevado este tipo de gaitas a países como México, República Dominicana y Francia. Mientras graban su segunda producción musical, ellos trabajan para que la gaita sea elegida como el instrumento insigne de Colombia.

“Queremos consagrar este instrumento como el representante de nuestra música. La gaita es lo más propio que tenemos porque fue creada en el país y es única”, enfatiza Alain Manjarrés.

Las gaitas de los indígenas de la Sierra Nevada tienen las cabezas más pequeñas.

Qué opina la tradición
La gaitera Mayté Montero sufre para adaptar el sonido de su gaita a diversas latitudes. “Hay que ajustar la afinación de las gaitas en diferentes climas. Como en el taller de Elbert hacen las gaitas al nivel del mar, cuando uno llega a otras alturas cambia un poco el sonido”, señala.

Sobre el tipo de madera la gaitera no tiene muchas exigencias. “Sigo el modelo original. Toco la gaita de la madera que Elbert tenga y proponga. La de pitahaya sé que es muy limitada. No da el mismo resultado porque la naturaleza hace una forma única siempre”, comenta.

La intérprete también ha usado la gaita curva. “Trabajé con ella porque mis brazos son cortos, soy pequeña y hay cierto tonos que, por mis brazos, no me dan”.

La estrella de la gaita en La Provincia de Carlos Vives también usa las tradicionales plumas de pato como boquillas y sabe que cada gaita se adapta a su intérprete. “No estoy en contra de la modernidad, soy una defensora del progreso que hay con el instrumento. Elbert adapta la gaita a como es Mayte Montero porque cada instrumento se elabora a imagen de quien lo toca”, puntualiza.

A pesar de los cambios, Rafa Castro, de 64 años y líder de los Gaiteros de San Jacinto, nueva generación, sigue con la gaita tradicional. “Pensamos que el sonido no es el mismo con otras maderas y como nosotros somos portadores de la tradición, seguiremos con el instrumento tradicional y tocando con la pluma de pato y cardón”.

En Cartagena, Sixto Silgado Paito, de los Gaiteros de Punta Brava, asegura que ha probado la gaita en las dos versiones, en cedro y cardón. “Ambos sonidos me parecen iguales, pero personalmente uso la de cardón”, advierte entre risas.
 

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