El deporte de alto rendimiento en 2026 exige protocolos de seguridad que trascienden el ámbito de la competición oficial, alcanzando los círculos más íntimos de los grandes atletas. Las normativas internacionales antidopaje imponen una vigilancia rigurosa sobre cualquier sustancia que pueda ingresar al organismo de los deportistas.
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Esta realidad ha quedado expuesta tras las recientes declaraciones de Virginia Fonseca, empresaria y pareja del futbolista del Real Madrid, Vinicius Junior, quien detalló las restricciones que rigen su convivencia diaria para proteger la carrera del brasileño.
Durante una entrevista con el periodista Leo Dias, Fonseca reveló que su rutina de cuidado personal está sujeta a la supervisión del equipo médico de Vinicius. El futbolista advirtió a su pareja que cualquier producto cosmético, incluyendo cremas de uso íntimo, debe ser reportado y validado previamente, dado que el contacto físico entre ambos podría derivar en una transferencia de sustancias prohibidas y generar un resultado positivo en un control de dopaje.
Fonseca manifestó que esta situación le genera una constante preocupación por el impacto que un error involuntario podría tener en la imagen y el futuro profesional del jugador.
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La logística de prevención establecida obliga a la influencer a mantener una comunicación directa y frecuente con el fisioterapeuta del deportista, quien es el encargado de analizar los componentes químicos de cada artículo antes de su aplicación.
El periodista Javier Hernández Bonnet analizó en su programa radial las implicaciones de estas medidas de seguridad, calificando este estilo de vida como “una vida muy esclavizante”, debido al sometimiento del entorno familiar a los protocolos de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA, por sus siglas en inglés).
El nivel de precaución adoptado por el entorno del futbolista se fundamenta en antecedentes técnicos donde el uso de productos de consumo cotidiano ha derivado en sanciones severas. Entre los casos se encuentran el de una esquiadora noruega que dio positivo por el uso de un bálsamo labial y el del tenista Jannik Sinner, vinculado al uso de una pomada cicatrizante.
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Asimismo, se han registrado suspensiones a atletas por el contacto accidental con cremas de uso veterinario que contenían clostebol (un esteroide anabolizante). Estos episodios demuestran que, en el contexto de la alta competición, los controles de laboratorio no distinguen la procedencia de la sustancia, lo que obliga a los deportistas, a sus parejas y, en general, a todo aquel cercano a mantener un control total sobre su higiene y cosmética personal.





















