La compañía barranquillera Cofradía Teatral llega al Festival Internacional de Artes Vivas de Bogotá con Sobrevivientes: Dora, Catalina, Beatriz, una obra que propone una lectura escénica libre de la novela En diciembre llegaban las brisas de Marvel Moreno.
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Bajo la dirección y dramaturgia de Nibaldo Castro Charris, la puesta se instala en un espacio íntimo para abordar, desde el cuerpo y la palabra, las huellas de la violencia en la experiencia femenina latinoamericana.
La obra se construye a partir de tres personajes emblemáticos del universo de Marvel Moreno: Dora, Catalina y Beatriz. A través de monólogos fragmentados, acciones performativas y un coro social, la escena se convierte en un lugar de confesión donde las protagonistas confrontan sus recuerdos, sus traumas y las imposiciones de una sociedad marcada por el control y las apariencias.
Castro Charris explica en conversación con EL HERALDO que el origen del montaje se dio a partir de un encargo que terminó transformándose en una exploración personal más amplia. “Nos invitaron en la FILBAC a hacer una visita dramática de su obra En diciembre llegaban las brisas y yo me encuentro con el texto que está dividido en tres capítulos, que son tres mujeres”.
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Ese hallazgo fue el punto de partida para construir una dramaturgia distinta, alejada de la narración tradicional. El director buscó romper con una forma de escritura más directa o psicológica para experimentar con otra voz escénica.
“Yo desde hace rato estaba por escribir un texto de manera distinta, desde una dramaturgia en tercera persona, que no fuera tan psicoanalista”. En ese tránsito, la obra plantea una relación distinta con el dolor y la representación: no se trata de recrear el sufrimiento, sino de encontrar nuevas formas de decirlo.

Discurso político
“Encontrar otra manera de hacer que el texto no sufra, sino el teatro sufrir, a través de una manera distinta de decirlo”, agrega Castro, quien define la propuesta como un discurso político desde lo poético, centrado en la libertad de la voz femenina. “Esta vez soy dueño de mi sufrimiento, soy dueño mío”, dice, aludiendo a ese gesto de apropiación que atraviesa la obra.
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En escena, las llamadas brisas decembrinas funcionan como detonantes de la memoria. En ese ambiente cerrado y casi asfixiante, las protagonistas exponen lo que durante años fue silenciado: el deseo reprimido, la culpa, el miedo heredado.
La propuesta también dialoga con las transformaciones del lenguaje escénico contemporáneo. Para Castro Charris, el teatro ya no puede limitarse a una sola forma. “El festival internacional ya extendió la palabra teatro a otras maneras de habitarlo. Hay nuevas tecnologías, hay otras opciones”, afirma. En ese sentido, Sobrevivientes combina lo performático con una actuación hiperrealista, donde el cuerpo adquiere un rol central como territorio dramático.
Ese enfoque implica también un cambio en la relación con el espectador. La obra no busca un público pasivo, sino alguien dispuesto a involucrarse emocionalmente. “Nuestro espectador es grande”, dice el director, quien insiste en la necesidad de ofrecer una experiencia más abierta, donde cada asistente complete los sentidos desde su propia mirada.
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Uno de los elementos clave del montaje es la fragmentación. La historia no se presenta de manera lineal, sino que deja espacios para que el espectador reconstruya lo que ocurre. “Hay que dejarles tiempos y espacios para la construcción de los espectadores”, explica Castro, subrayando que esa participación es parte esencial del dispositivo escénico.

Impacto en el público
La recepción del público ha sido, según el director, una de las confirmaciones del impacto de la obra. “Los textos hablan mucho de lo muy íntimo, de lo que no queremos decir”, comenta. Esa incomodidad, lejos de ser un obstáculo, se convierte en motor de la experiencia teatral. “Me incomoda cuando alguien lo dice, porque era fácil decirlo y no se siente decirlo de otra forma”.
Aunque el universo narrativo parte de personajes femeninos, la obra interpela a todo tipo de espectadores. “Ha cautivado emocionalmente no solamente a las mujeres, sino a todos: hombres, mujeres”, señala Castro, quien destaca la capacidad del montaje para generar identificación más allá del género.
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En su paso por Bogotá, Sobrevivientes se inscribe dentro de una programación que apuesta por nuevas formas de creación escénica. Para Cofradía Teatral, la participación en el FIAV representa una oportunidad para ampliar el alcance de su trabajo y continuar un proceso que, según su director, sigue en construcción.
En el Centro Cultural del Gimnasio Moderno
La obra de teatro tendrá su gran estreno este 2 de abril a partir de las 7 de la noche en el Centro Cultural del Gimnasio Moderno y volverá a presentarse en ese mismo lugar el 3 de abril a las 6:00 p. m. La obra se presenta como una experiencia intensa y cercana, donde la memoria no ofrece consuelo, pero sí la posibilidad de nombrar. Dora, Catalina y Beatriz no buscan redención. Buscan existir, incluso en medio de las grietas que deja la historia.




















