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La seguridad en las carreteras colombianas no solo depende del estado de los frenos o la experiencia de quien está al volante, sino también de esos pequeños momentos de descuido que pueden transformar un viaje familiar en una tragedia.

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El departamento de Antioquia se encuentra consternado tras confirmarse el fallecimiento de un menor de 4 años, un hecho que ha encendido las alarmas sobre la supervisión de niños en el transporte público.

El suceso tuvo lugar el pasado lunes 6 de abril en la ruta que conecta a El Santuario con el municipio de Granada. Mientras el menor viajaba junto a su madre con destino a Medellín, un gesto aparentemente inofensivo —asomar la cabeza por la ventana para observar el paisaje— coincidió con el paso de otro vehículo de transporte en sentido contrario.

En ese estrecho margen de la vía, el niño fue impactado por un bus de la empresa Coonorte en el preciso instante en que su unidad, de Flota Granada, cruzaba camino.

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El niño, que apenas el pasado 18 de marzo había celebrado su cuarto cumpleaños, fue trasladado inicialmente al Hospital San Juan de Dios en El Santuario. Sin embargo, la gravedad de las lesiones obligó a los médicos a remitirlo de urgencia a la Clínica Somer en Rionegro. A pesar de los esfuerzos del personal médico y de permanecer bajo pronóstico reservado, el miércoles se confirmó el fallecimiento del menor.

El conductor del bus de Coonorte fue ubicado posteriormente en el parque principal de Granada, donde manifestó que nunca se percató de que su vehículo había estado involucrado en un siniestro durante el trayecto.

Esta tragedia ha tocado una fibra sensible, especialmente al conocerse que la madre y el niño eran oriundos de San Pablo, Bolívar, y se encontraban en Antioquia de visita. Las autoridades de transporte insisten en que las ventanas de los buses no deben ser tratadas como miradores, sino como barreras de protección que nunca deben ser traspasadas.

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