Un misterioso objeto proveniente de fuera del sistema solar ha captado la atención de la comunidad científica.
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Y es como todos conocen el 3I/Atlas, un cometa que podría tener hasta 11.000 millones de años, convirtiéndose en uno de los cuerpos más antiguos jamás observados.
Este visitante cósmico, detectado el año pasado, es apenas el tercer objeto interestelar confirmado tras Oumuamua y 2I/Borisov, lo que lo convierte en una pieza clave para entender cómo se formaron los primeros sistemas planetarios.

Investigadores de la Universidad de Michigan analizaron el cometa utilizando el observatorio ALMA, ubicado en el desierto de Atacama. Allí detectaron niveles inusualmente altos de deuterio, una forma de hidrógeno pesado.
Este hallazgo sugiere que el cometa se formó en un entorno extremadamente frío, posiblemente antes incluso de que existiera una estrella en su sistema de origen. Es decir, podría provenir de una etapa muy temprana del universo.

El cometa fue observado por agencias como la NASA y la Agencia Espacial Europea mientras pasaba cerca de Marte en octubre y alcanzaba su punto más cercano a la Tierra en diciembre.
Actualmente, ya se encuentra más allá de Júpiter, alejándose a una velocidad de aproximadamente 220.000 kilómetros por hora y saliendo definitivamente de nuestro sistema solar.

Asimismo, el 3I/Atlas representa una oportunidad única para estudiar condiciones del universo primitivo. Su composición podría ayudar a los científicos a reconstruir cómo eran los entornos donde nacieron las primeras estrellas y planetas.
Aunque su origen exacto sigue siendo un misterio, cada dato recopilado permite armar el rompecabezas de nuestra historia cósmica. Este tipo de objetos no solo viajan entre estrellas también transportan información clave sobre los orígenes del universo.




















