El Heraldo
Momentos en que el féretro era llevado a las instalaciones de la penitenciaría El Bosque.
Jhony Olivares y Cortesía
Barranquilla

Un cortejo fúnebre con ‘escala’ en la cárcel de El Bosque

Eilín Padilla, de 10 años, murió por leucemia el pasado domingo. Su padre, condenado a cinco años por hurto, la despidió desde su celda.

Por la enorme puerta de la penitenciaría El Bosque ingresó ayer un pequeño cajón blanco. En el portón azul de la prisión, donde se lee que allí “entra el hombre, no el delito”, se abrieron paso los lamentos. En el féretro descansaba el cuerpo de Eilín Padilla, de 10 años, a quien su padre esperó desde los barrotes  metálicos para darle un último adiós.

Eilín falleció el pasado domingo luego de una lucha de cuatro años por dos tipos de cáncer. Primero sufrió por un linfoma no Hodgkin que golpeó sus tejidos desde mayo de 2014 y tras superarlo, fue diagnosticada de una leucemia linfoide aguda, el 28 de diciembre del año antepasado. Sus últimos días los pasó en la clínica Bonnadona, lugar donde su salud agravó.

Soñaba con tener un restaurante y ser doctora para salvar personas. Así lo recuerda su madre, Wendy Durán, a quien le tocó pasar por un doble drama. Además de la muerte de su pequeña, la mujer de 26 años debió buscar los medios para trasladarla hasta la cárcel donde su esposo Erick Padilla cumple una condena de cinco años por delito de hurto.

 En cumplimiento a las normas legales, el Inpecno puede permitir que condenado alguno salga de la cárcel, a menos que medie orden judicial. 

 

El cuerpo de la niña está siendo velado en la sala de su casa en el barrio La Cordialidad.

“El padre recibió la noticia por los propios internos, que escucharon que Eilín había muerto y rodaron la voz. Yo justo había ido a visitar a Erick para que supiera cómo estaba la niña, pero por el momento ni siquiera pude decir nada, solo me fui a buscarla a ella”, recuerda Wendy sobre el momento en que se enteró del fallecimiento de su “reina”.

Ella, con tono fuerte y decidido, anuncia que tomará medidas legales de lo que considera fue “una negligencia médica”.

“Habíamos recibido la recomendación de un médico sobre que apenas Eilín derramara sangre, se hiciera una transfusión de plaquetas, pero el otro doctor no quiso hacerlo. Dijo que iba a esperar el resultado de unos exámenes que saldrían ya muy tarde”, explicó la ama de casa, horas antes de comenzar el cortejo fúnebre.

Decenas de personas, entre familiares y amigos, acompañan el cortejo fúnebre de la pequeña. Cortesía

Flores y música

El acto religioso partió desde el hogar de la familia Padilla Durán, en la calle 99A#6H-83, localidad Metropolitana de Barranquilla y recorrió al menos dos kilómetros hasta llegar a la penitenciaria, lugar donde solo pudieron ingresar la madre y algunos familiares. Decenas de personas, entre amigos y conocidos acompañaron y participaron del homenaje en el que, tal como alguna vez lo había pedido la morena de rulos castaños, se escuchó la canción Ya no llores por mí, de Tercer Cielo. Mientras algunos secaban sus lágrimas, algunos pequeños, amigos de la cuadra, cargaron un cartel que tenía escrito “siempre estarás en el rincón de nuestros corazones”.

“Era sencillamente especial. Muy alegre. Recuerdo que le gustaba mucho comer salchipapa y me molestaba diciendo que era mi novia”, cuenta Janer Orozco, tío de Eilín y quien viajó desde Cartagena para asistir al funeral de su “gran amor”.

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