De la teoría del caos nació un concepto científico que le ha dado la vuelta al mundo y ha sido la inspiración de muchos artistas: el efecto mariposa. Su máxima establece que el simple aleteo de una mariposa puede desencadenar un tornado en alguna parte del globo terráqueo.
Este término— comúnmente conocido por la célebre película protagonizada por el actor estadounidense Ashton Kutcher— tuvo su génesis en la meteorología y cumplía la función de evidenciar que un cambio mínimo en las dinámicas de la atmósfera podría generar resultados completamente distintos en el clima.
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Lo que aconteció desde el primer día de febrero en Colombia —especialmente en la región Caribe— fue lo que expertos catalogan como la tormenta perfecta.
Al menos dos circunstancias climáticas tuvieron que acontecer el pasado fin de semana para que una gran cantidad de aguacero diera apertura al mes de febrero y generaran múltiples emergencias en el país: el fenómeno de La Niña y la “filtración” de una masa de aire fría del Polo Norte, las cuales lograron llegar hasta estos lares.
De las causas ahondaremos más adelante; por el momento, debe saber que esta situación —la cual generó pérdidas de todo tipo— está siendo calificada por muchos expertos ambientales como los síntomas de un cambio climático que se revela frente a nuestros ojos.
Para Irene Vélez, ministra de Ambiente encargada de Colombia, el frente frío que sacudió al Caribe colombiano es una prueba de la “crisis ambiental definitiva” que enfrentamos.
“Ya no hay forma de negar que el uso de combustibles fósiles, y el consecuente aumento de la temperatura global ha alterado, entre otros, el ciclo hidrológico. Países vulnerables como Colombia sufrirán un incremento de los riesgos asociados a este ciclo: lluvias extemporáneas, más intensas y erráticas; huracanes más destructivos; y temporadas de sequía más profundas”, advirtió la funcionaria.
Es de aclarar que el cambio climático es un fenómeno natural del planeta. Lo grave de este escenario es que esta modificación en el clima está ocurriendo de forma acelerada debido a la actividad humana.
La esencia del cambio climático radica en que los seres humanos comencemos a experimentar fenómenos naturales cada vez más extremos y recurrentes de forma imprevista, tal como lo ocurrido en aquel primero de febrero.
“Vamos a comenzar a experimentar que lo que estábamos acostumbrados a que fueran épocas secas, como enero y febrero, ya no sean tan secas. Y ahí pasamos de conocer el término cambio climático a empezar a experimentar variabilidad climática. El clima está siendo totalmente variable e impredecible”, explicó Beatriz Ferreira, gestora ambiental y de sostenibilidad en la Fundación Inubac.
Por supuesto, un estudio aún no respalda que el frente frío que impactó al litoral colombiano es producto del cambio climático. Sin embargo, muchos expertos sospechan que guarda relación con esta alteración del clima que ya nos atañe.
Colombia, como país, no es un contribuyente significativo a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI); no obstante, sí somos vulnerables porque estamos bañados por dos océanos, contamos con una gran biodiversidad y con una economía muy marcada por la agroindustria.
Lo desafortunado del tema es que esto último dejó de ser simples palabras para convertirse en una evidencia en el transcurso de esta primera semana del nuevo mes.
¿En dónde están las normas?
Las persistentes lluvias del fin de semana elevaron los niveles de los ríos que atraviesan los departamentos de la región, ocasionando sus desbordamientos, al igual que el de otros cuerpos de agua, y ello desencadenó las inundaciones.
Como resultado de las emergencias, ocho personas fallecieron. Sus muertes fueron, principalmente, por ahogamiento.
Pero la muerte no fue lo único terrible que vivieron los habitantes afectados —especialmente los de Córdoba, que fue el departamento más golpeado—. En total, se habla de 30.000 familias del país las que resultaron damnificadas por este fenómeno meteorológico, estando 25.000 en Córdoba, según lo informado por el gobernador Erasmo Zuleta Bechara.
Además, hay 3.200 en el corredor turístico del Golfo de Morrosquillo en Sucre; 410 familias damnificadas en Santa Marta, y más de 2.500 familias en Riohacha (La Guajira), donde también colapsó la vía que los comunica con Santa Marta a la altura del puente Mendihuaca.
Ante este panorama fatídico, expertos señalaron que la acción del Gobierno frente a los estragos del cambio climático es limitante.
“A pesar de que existe un Sistema Nacional de Cambio Climático y una política, el tema avanza bastante lento”, indicó Carlos Velásquez, director de la Maestría en Derecho Ambiental y Urbano-Territorial de la Universidad del Norte. Asimismo, indicó que esto obedece a que— aunque sea un tema de interés gubernamental— en los territorios estas políticas públicas no se ven ejecutadas.
En ese orden de ideas, señala que el cambio climático no pudo prevenirse, pero sí puede mitigarse y afrontarse mediante adaptación. La mitigación consiste en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a través de la aplicación real de políticas públicas, normas y tratados, teniendo en cuenta que Colombia aporta menos del 0,5 % de las emisiones globales, frente a grandes emisores como China y Estados Unidos. Esta reducción debe hacerse sin frenar el desarrollo necesario para superar la pobreza.
Por su parte, explicó que la adaptación implica organizar a la sociedad para enfrentar los impactos ya inevitables del cambio climático y disminuir la vulnerabilidad frente a las amenazas.
Instrumentalizar las políticas
De acuerdo con Jairo Ceballos, miembro del Centro de Investigación e Innovación en Biodiversidad y Cambio Climático (Adaptia) de la Universidad Simón Bolívar, Colombia sí tiene un compromiso climático importante.
Esto gracias a que contamos con las NDC (Contribuciones Nacionalmente Determinadas). Incluso, acaban de actualizarse a las NDC 3.0, lo que representa más compromisos al país para reducir los gases de efecto invernadero y fortalecer la adaptación.
Sin embargo, pese a todo este esquema de políticas, muchas no se ven instrumentalizadas.
“Somos referentes normativos: tenemos la Ley de Cambio Climático y leyes de fomento de energías renovables. Lo que necesitamos es instrumentalizar esta política pública: convertirla en realidad a través de recursos y proyectos ejecutados”, expuso el investigador.
Ceballos aclaró que ningún país está preparado al 100 % frente a estos fenómenos, puesto que nunca se sabe con certeza dónde golpeará un evento que se sale de control.
Otro factor que entra en juego es la apropiación social del conocimiento, puesto que las personas deben entender los fenómenos para no tomar decisiones arbitrarias, como construir en zonas de riesgo. Lo que nos invita a articular los planes de ordenamiento territorial (POT) con la realidad climática.
“El mensaje debe ser directo a la comunidad: el cambio climático es una realidad presente, no algo de un gobierno de turno. Debemos actuar antes de que venga el desastre, no después. Si entendiéramos nuestros planes de adaptación, no tomaríamos decisiones erróneas que permiten que estas inundaciones nos afecten de tal manera ”, finalizó Ceballos.
La Niña, el aire del Polo Norte y la crisis climática: la “tormenta perfecta”

“En la atmósfera todo está vinculado”, dijo Max Henríquez, reconocido meteorólogo. Detalló que el estado del clima en los primeros días de febrero corresponde a los fenómenos de La Niña—que es el enfriamiento de las aguas del centro del océano pacífico— y el avance de unas masas de aire frías provenientes del Polo Norte. Este aire, según Henríquez, está contenido en estas zonas y no suelen filtrarse gracias al vórtice polar, al cual lo conforman unos vientos fuertes que soplan alrededor del polo y tienen la función de mantener esas masas condensadas.
No obstante, en algunas oportunidades, por causas asociadas a fenómenos globales, esas masas de aire salen del Polo Norte y bajan hacia Norteamérica, o hacia Europa o Asia, y congelan todas las regiones por donde pasan. Este fenómeno logró impactar Colombia porque ingresó por el Golfo de México, bajó por el mar Caribe y llegó hasta las costas del país.
Para Douglas Molina, investigador en temas sociopolíticos y ambientales en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD), este panorama corresponde a una superposición de fenómenos que evidencia cómo el cambio climático no solo eleva las temperaturas, sino que también vuelve los ciclos naturales más erráticos y extremos. Asimismo, indicó que los frentes fríos recientes no obedecen a errores de pronóstico, sino a la pérdida de predictibilidad climática.
“Estamos viendo, desde esa perspectiva, una coyuntura climática crítica. Es un punto de choque entre la variabilidad natural que tenemos y el cambio climático que estamos viviendo”, sentenció Molina.
¿Emergencia económica para atender desastres?
La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) recomendó al Gobierno nacional declarar una emergencia económica, social y ambiental para enfrentar las graves afectaciones causadas por el frente frío que impacta a Colombia desde finales de enero, con más de 100 emergencias registradas en distintos territorios.
De otro lado, el viernes 6 de febrero, el presidente Gustavo Petro le solicitó a la Corte Constitucional “levantar la suspensión (de la declarada en diciembre) para atender el desastre y sus consecuencias” en los diferentes puntos del territorio nacional.
Anla exige activar los planes de contingencia
La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) hizo un llamado a los operadores de los proyectos bajo su control en las zonas de alerta por el aumento de lluvias, para activar sus planes de contingencia y si resulta procedente, reforzar las medidas de prevención, realizar monitoreo permanente de las condiciones ambientales y suspender o restringir actividades que puedan agravar el riesgo o generar impactos ambientales adicionales. Asimismo, la Autoridad invita a los operadores a que refuercen sus protocolos de comunicación y articulación con los municipios y comunidades aguas abajo para prevenir cualquier situación.


















