Hace 35 años que Yesit Campos Hernández está metido de lleno en el negocio de la pesca. Siempre ha vivido en el barrio Las Flores, cercado de un lado por los últimos kilómetros del río Magdalena y bordeado, del otro lado, por la bahía de Puerto Mocho, que es bañada por el mar Caribe.
Ha visto pasar muchas cosas en el barrio. Desde muy temprano sale a su negocio, en el mar, a buscar el sustento. Tiene siempre listas las redes para cumplir con unas faenas que son muy largas.
“Nos dedicamos al día a día. Salimos en embarcaciones boqueras hacia el altamar. Nos vamos desde las 6:00 de la mañana, regresamos a las 6:00 de la tarde y tenemos otros compañeros que se van a la 1:00 de la tarde y llegan a las 2:00 o 3:00 de la mañana”, describe.
Los peligros del mar

Fueron muchos años enfrentando los riesgos de la navegación. Recuerda haber perdido hasta cuatro compañeros. Hoy, sentado en la trastienda de su pescadería -la cual es su casa levantada a punta de pescados- y balanceándose en su mecedora, rememora esos riesgos.
“Aquí hay temporadas de bastante brisa, muy peligrosas para entrar por Bocas de Ceniza. La época de noviembre, diciembre, enero, incluso hasta el mismo febrero. Son épocas en las que hay demasiada brisa y se nos convierte en un peligro salir por bocas de ceniza. E incluso hemos tenido varios compañeros que han fallecido. El señor Arnaldo Maza, Fernando Galvis, Javier Donado, entre otros”, advirtió.
Todo eso cambió la semana pasada, cuando la Alcaldía les entregó un muelle nuevo, que da a las playas de Puerto Mocho y que además tiene dos centros de acopio, en fino pino amarillo, pintado y barnizado.

“Entregamos una nueva zona que cuenta con dos módulos de operaciones y un muelle que beneficia a más de 400 pescadores y familias que viven de esta labor. Esto no solo mejora sus condiciones, también se traduce en seguridad alimentaria para turistas y visitantes de nuestras playas”, explicó en su momento el alcalde Alejandro Char.
Este muelle les ha cambiado las perspectivas a a los pescadores, como señaló Yesit.
“Este nuevo proyecto nos ha brindado un centro de acopio donde nosotros podemos llegar, acercarnos a altas horas de la noche cuando no podamos pasar por Bocas y quedarnos dentro de la bahía que es de agua tranquila. Ahí uno puede esperar a que el mar baje, uno puede descansar, bajar sus pescados hasta la hora que se pueda navegar seguro”.
Nuevas oportunidades

Sin embargo, esa no es la púnica intervención que les ha cambiado el panorama. Elsa Acevedo le tocó ocuparse del negocio familiar hace 20 años, cundo a su esposo Humberto Morelos lo asesinaron las bandas criminales. En la actualidad el flajelo de la extorsión ha mermado y ella pudo sacar adelante a sus cuatro hijos.
“La construcción de este muelle a nosotros nos favorece. Los pescadores no se exponen, claro que sí. Imagínense, hay momentos de mucho viento, esa entrada es muy peligrosa. A mí se me perdió un compañero, se salió de la lancha y cayó al agua y no pudo ser rescatado. Se llamaba José Mesa, hace como seis años más o menos”, expresó.
Su idea es, através de esas bodegas poder brindar directamente su pescado a los kioskos y turistas: “Exactamente, eso es nuestro pensado, proyectarnos a aprovechar este centro de acopio y ofrecerle nuestros productos a los caseteros, a los dueños de restaurantes que se encuentran en la playa de Puerto Mocho. Eso es una oferta que podemos dar nosotros, claro. Una posibilidad de negocio que se nos abre”, cerró.




















