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La máquina que se inventó Aníbal Izquierdo para su ‘Festival vallenato’

Un ebanista de San Carlos, Córdoba, ideó la manera de armar su parranda tocando el acordeón y, al mismo tiempo, el cencerro y la caja.

En la casa que está al costado del árbol ‘Orejero’ más robusto de San Miguel Abajo se escucha la parranda típica, que en el vallenato no es más que los instrumentos que llevan la base del género: caja, guacharaca y acordeón.

No huele a ron todavía, pero la melodía de La Cachucha Bacana, del inolvidable Alejandro Durán, convida a apresurar el paso para ver el conjunto.

En la sala de la vivienda un solo hombre, acordeón al pecho, toca y canta sin más músicos a la vista. Todo lo hace la “super máquina vallenata” que Aníbal Izquierdo Causil desempolvó por estos días para hacer su propio festival porque su condición económica no le permite disfrutar el que cada año desde Valledupar escucha al pie de un viejo radio.

Historia de la máquina
Su invento –casi que inédito porque en 35 años solo lo ha sacado dos veces del pueblo– fue producto de una pelea con los músicos con los que amenizaba en fiestas a lo largo y ancho de su natal San Carlos, municipio en el medio Sinú cordobés.

“Un día cualquiera en una parranda, los músicos, a quienes les compraba ron para que me acompañaran, me dejaron solo y les dije: voy a inventar un mecanismo que toque los instrumentos para no necesitarlos nunca más a ustedes y entonces empecé a crear esta máquina”, explica Izquierdo, muerto de risa, porque ahora los tragos le alcanzan más.

“Lo que pasa es que uno cuando está tocando y tomando quiere seguir y no aguanta que, de un momento a otro, los compañeros manifiesten que se van”, agrega, plácido, sentado en su fresca vivienda de San Miguel, a 44 kilómetros de Montería.

La ‘máquina vallenata’ de Aníbal está compuesta por un cencerro, una caja, una guacharaca y una tumbadora, que funcionan a través de una polea conectada a un aro de bicicleta, desde donde se desprende un buje conexo a unos piñones que presionan las enormes teclas fabricadas también por él y que hacen sonar con ritmo los instrumentos.

Todo es impulsado a través de un sistema conectado a un pequeño y silencioso motor que no interfiere en las cadencias del conjunto.

ASÍ FUNCIONA
Paseos, merengues y puyas son los ritmos que el “genio de San Miguel”, como le dicen, acompaña con su fantástico ensayo. La velocidad de los músicos imaginarios, que no le exigen pago, la define con solo cambiar la polea de posición. Los repiques de la guacharaca y del cencerro también los domina con solo impulsar un pedal, justo en el momento en el que la sabrosura de la canción lo exige.

Aníbal fue primero músico de percusión especializado en caja y tumbadoras, pero después se inspiró en el acordeón, aunque reconoce que no es profesional en el instrumento.

Se sabe algunos temas sabaneros y clásicos con los que amenizaba momentos en fiestas rurales.

Pero también le ha dado rienda suelta a la composición, tanto, que el intérprete cordobés Miguel Cordero le grabó, en diciembre pasado, la canción Flor del Campo, en CA Estudios, del licenciado y arreglista Carlos Alvarado, en Cereté.

SIN APOYO
‘El genio del acordeón’ de San Carlos describe como su mejor consejera a su mujer, Beatriz Durante, quien hasta hace poco trabajó como secretaria, pero desde hace un tiempo lo acompaña en sus ocurrencias. Entre ellas la fabricación de un avión que tiene casi listo y que después de rodar por la calle principal del pueblo le faltó potencia para emprender vuelo.

“Por un lado me hace feliz todo lo que él inventa, pero, por otro lado, me preocupa porque sin tener un salario fijo lo que trabaja a veces lo utiliza para comprar cosas para sus ideas y me da incompleta la plata para el mercado… alegamos por eso, pero volvemos a la felicidad sin perder mucho tiempo”, dice sonriendo Beatriz, quien lleva 10 años a su lado.

Aníbal es padre de José Aníbal y Javier David, de 28 y 29 años, respectivamente. El primero heredó el gusto por la música, toca la guitarra y ofrece serenatas en Cereté.

‘CONCIERTOS’ EN CASA
En vista que no ha podido ganarse la vida por completo como músico, Aníbal Izquierdo explota su otro arte, el de la ebanistería en su propio taller ubicado en el patio de la casa donde fabrica juegos de comedor, mesas, sillas, puertas y ventanas.

Por su creatividad y seriedad es reconocido en el poblado por las más de 500 familias que conforman los Causil, los Izquierdo, los Plaza, los Vásquez, los Doria, los Díaz, los Castrillón, los Barrera, los Arrieta y los Suárez.

“Pese a que no ha contado con apoyo de los gobiernos locales y seccionales para aprovechar mejor su creatividad, hay que resaltar que le impregna alegría a nuestra región, porque la gente viene expresamente a verlo tocar con su mecanismo”, cuenta Agustín Causil, su primo.

Y destaca que cuando Aníbal toca con su ‘conjunto’, los vecinos llegan a la sala o se asoman por las ventanas a presenciar el ‘concierto vallenato’ que ameniza las tardes en el silencioso corregimiento.

La brisa empieza a refrescar, al tiempo que el sol se oculta en San Miguel y ya de regreso a la capital cordobesa se va perdiendo en la distancia““Mi hermano y yo”,  otro clásico de los homenajeados hermanos Zuleta, Poncho y Emilianito, en la edición 49 del Festival Vallenato que comienza este 26 de abril, mientras Aníbal Izquierdo disfruta sin más músicos su propio festival.

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