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Otorgar permisos a las aplicaciones que se instalan en el celular se ha convertido en una tarea casi automática. Muchas personas ni siquiera se toman el tiempo de leer qué autorización pide la ‘app’ y seleccionan rápidamente la opción “permitir” para comenzar a utilizarla.

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Otras personas sí leen la solicitud, pero no entienden muy bien en qué podría afectarles, entonces terminan otorgando el permiso para hacer uso de la aplicación. Y así con todas las que tienen instaladas en sus dispositivos móviles.

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Sin embargo, esta acción que parece inofensiva podría convertirse en un verdadero dolor de cabeza para los usuarios tanto de dispositivos Android como iOS, estos últimos desarrollados por Apple.

Aunque los sistemas operativos incluyen varias funciones de seguridad para proteger los datos personales y bancarios de los usuarios, la decisión final sobre qué tanta información entregan en las diferentes aplicaciones y sitios web sigue estando en mano de las personas.

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Por lo general, cuando se instala una nueva aplicación en el celular, esta pide varios permisos para la ejecución de sus propias funciones. Entre las autorizaciones que solicita están el acceso a cámara, acceso a micrófono, ubicación (GPS), acceso a contactos, acceso a almacenamiento y acceso a fotos y videos.

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También algunas piden realizar llamadas, enviar o recibir mensajes, ejecución en segundo plano, conectarse a redes Wi-Fi, recibir notificaciones y leer cuentas registradas en el dispositivo, entre otras.

Es en este momento en que el gesto de “permitir” suele darse de manera mecánica e instintiva, pero es importante avanzar lentamente en cada paso de la configuración de la aplicación para tener plena conciencia de lo que se está aprobando y, sobre todo, para no darle oportunidad a los ciberdelincuentes de ‘salirse con las suyas’.

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Los permisos que deben levantar las sospechas de los usuarios son aquellos que no están relacionados con las funciones de la aplicación que se esté utilizando. Por ejemplo, si una ‘app’ de juegos pide acceder a contactos o una calculadora solicita acceder a las fotos y videos o a la ubicación.

PexelsImagen de referencia de un joven utilizando su celular de manera vertical.

A través de estas autorizaciones, los ciberdelincuentes pueden robar contraseñas, leer mensajes, acceder a datos personales o bancarios y hasta realizar llamadas.

En ese sentido, la clave está en preguntarse si el permiso que pide la aplicación es necesario para las funciones que la misma tiene.

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Los permisos que conviene evitar son: servicios de accesibilidad, ya que en Android solo los solicitan las ‘apps’ de la tienda oficial y en iOS no está disponible de forma nativa; ubicación en segundo plano, SMS y registros de llamadas, y permiso de superposición (overlay), que permite a una ‘app’ dibujar contenido encima de otras, como burbujas de chat o herramientas flotantes.