Sociedad

“El covid ‘tumbó’ al ‘Burro Mocho’ en enero y aún no lo deja respirar bien”

El artista cordobés se vale de balas de oxígeno por las noches. Aun así prepara un álbum de colaboraciones, escribe un libro y produce un documental.

Con todo el desparpajo que lo caracteriza, el artista cordobés Noel Esteban Petro Henríquez, conocido popularmente como ‘el Burro Mocho’, aparece en pantalla para nuestro encuentro virtual. Es asistido por su hija Noelia, de 15 años, que lo guía en los temas tecnológicos que, confiesa, lo “atropellan”.

Revela que quedó con algunas dificultades respiratorias tras superar la covid-19 y que aún se vale de balas de oxígeno mientras duerme. “Antes debía usarlo todo el día, ahora solo de noche, voy mejorando de a poco”, dijo en diálogo con EL HERALDO, medio al que asegura llevar en su corazón, así como a su terruño Cereté, Córdoba.

Pese a todo no pierde su buen sentido del humor, interrumpe la entrevista para hacer sus ya conocidos rebuznos y para saludar a su gente en “Sapo Muerto”, un territorio creado por su imaginación. También saluda a su mamá y le pide que le dé para los pasajes porque “está triunfando” y que hasta el medio más grande de su región lo entrevista. 

Son 88 abriles los que ha “arreado” ‘el Burro Mocho’, tiempo en el que ha hecho de todo: tiene ocho hijos, es cantautor, creó el requinto eléctrico, le ha mamado gallo a la vida y hasta fue torero. “De los toros me retiré hace 12 años, ya no estaba para tantas piruetas”.

Aun así continúa haciendo ejercicios porque alega que “es mejor morirse de hambre y no soltarle al pantalón para complacer la gordura”.

Y es que al entrar en contacto con el intérprete de éxitos como El ñato, Azucena, Cabeza de hacha y El rock and roll del sapo, las carcajadas están garantizadas.

Desde su residencia en Bogotá, Petro no se ha detenido y entregó detalles de tres proyectos que trabaja en paralelo. Se trata de un álbum discográfico en el que lo acompañan varios artistas nacionales, un libro que escribe sobre su vida personal y musical, y un documental que muestra sus orígenes.

También nos contó sobre la existencia de El Ñato, la forma en que logró crear el requinto eléctrico, y envió un mensaje para que los colombianos no bajen la guardia frente al coronavirus.

P.

¿Cómo fue su experiencia con el coronavirus?

R.

Lastimosamente este virus no respeta pinta y atacó hasta al ‘Burro Mocho’. El 12 de enero sentí un poquito de fiebre, me hicieron una prueba, me metieron una varilla por la nariz que casi me sale por la cabeza, y a los tres días me mandaron a la clínica y me dijeron que era positivo para coronavirus. Eso no fue nada agradable, hubiese preferido que me dijeran: mira ‘Burro Mocho’, te ganaste la lotería. Así que quedé pensativo, preguntándome si iba a morir, si podía seguir comiéndome mi sancocho de mondongo que tanto me gusta. Todo era incierto, pero me atendieron muy bien en la Clínica Colsubsidio de Bogotá, comencé a perder el apetito y a tener problemas respiratorios.

P.

¿Sintió que moría, tuvo alguna experiencia especial en esos días?

R.

Al tercer día de estar hospitalizado, a eso de las siete de la mañana mientras dormía, oí una voz que me decía que perdiera cuidado porque no me iba a pasar nada y apenas me recuperara volvería a casa. Ese fue Dios que me habló y se cumplió su plan. Al escuchar esa voz me sentí más tranquilo y luego me dieron de alta para ser consentido por mi esposa y mi hija Noelia, que tiene 15 años.

P.

¿El coronavirus le dejó alguna secuela?

R.

Al llegar a mi casa en Bogotá debí usar oxígeno las 24 horas, algo que no es tan sabroso, me gusta más el sancocho de mondongo que estar con esos aparatos. Aun así he seguido juicioso estudiando mi requinto durante cinco años, yo cada vez quiero ser mejor y por eso soy muy disciplinado. El oxígeno por fortuna me lo quitaron de día, pero me lo dejaron de noche. El coronavirus ‘tumbó’ al ‘Burro Mocho’ en enero y aún no lo deja respirar bien. A veces me lo quito a la 1 o las 2 de la madrugada y sigo roncando sabroso (risas).

P.

Prepara un álbum musical con muchos invitados de lujo, cuéntenos sobre este proyecto

R.

Sí, esta semana estuve grabando, yo no he parado de hacer música, tengo invitados como Adriana Lucía, Martina La Peligrosa, Puerto Candelaria, Aníbal Velásquez y Alfredo Gutiérrez. Con Alfredo, que es mi gran amigo, grabamos el tema Un vallenato para Diomedes, en homenaje a ‘El Cacique’, con quien íbamos a hacer una versión nueva de El Ñato, Azucena y La papaya, y una semana antes de la fecha pactada se murió el mejor cantante que hemos tenido. Así que le hice este tema que cuenta con el acordeón de Alfredo, una propuesta que quiero disfruten mucho. También acompaño con mi requinto a Adriana Lucía que hizo Montería bonita y a Martina en La papaya. También estoy puliendo cada tema y solo me resta grabar con Aníbal Velásquez.

P.

También trabaja en un libro y un documental sobre su vida personal y musical, ¿qué nos puede adelantar de estos proyectos?

R.

Ambos proyectos vendrán llenos de muchas vivencias entretenidas protagonizadas por este ‘burro’ al que le han pasado tantas cosas. Me acuerdo de mi época de torero cuando fui a  Cartago (Valle del Cauca), el evento se suspendió y nos quedamos en el hotel y con los días el empresario se perdió, nos dejó embarcados y no teníamos plata para pagar, así que nos compramos un cáñamo (cabuya) y a las 11 de la noche nos bajábamos por el cáñamo. Dimos inicio al plan y habíamos bajado las maletas, cuando de repente se aparece el dueño del hotel y nos dice: “Amigos les ayudo”. Sentimos vergüenza y le fuimos sinceros, le dijimos que no teníamos para pagarle y el hombre nos dejó marcharnos. Luego agarramos el tren que iba para Medellín y nos montamos sin tener dinero, cada vez que venía el cobrador nos íbamos para el baño, hasta que nos quedamos dormidos y nos pillaron. El tipo se enojó y nos pidió que nos bajáramos en la próxima estación, pero la gente no dejó y hasta nos pagaron los pasajes porque les habíamos cantado varias canciones.

P.

¿De dónde salió eso del ‘Burro Mocho’?

R.

En mi pueblo había un burro al que le cortaron las orejas y la cola porque siempre vivía buscando burras. Yo me iba a perseguirlo y tomé la costumbre de decirle a todo el que conocía ‘burro mocho’, y así me bautizaron, claro que yo no ando tropezando a las mujeres, soy un burro juicioso, más bien un burro amarrao.

P.

¿Recuerda cómo saltó a la fama?

R.

Después de aguantarme un año de hambre en Medellín, lo primero que grabé en Sonolux fue Cabeza de hacha, esa disquera buscaba quien diera la talla para ese tema y llegó ‘el Burro’ con su voz y les gustó. Yo había aguantado más hambre que ratón de ferretería, vivía alquilado junto a Cristobal Pérez, de Barranquilla, que grabó La negra Celina, allí conocimos a Julio Erazo y montamos el Trío Latino y con eso nos defendimos. Luego nos presentaron al destacado músico Edmundo Arias y me pidió que cantara una canción de mi tierra y se quedó admirado escuchándome. Él me llevó a Sonolux a grabar Cabeza de hacha. Luego de eso cambió todo y comía hasta siete veces al día.

P.

¿El ñato existió o es mera ficción?

R.

El ñato sí existió, vivía en la finca de mis padres, y aunque aparentaba estar dispuesto al trabajo, terminaba sacándole el cuerpo a los compromisos. Era enamoradizo, pero, sobre todo, le encantaba el ron, porque supuestamente a través del licor iba a vengarse de la muerte de su padre que había muerto por una cirrosis hepática de tanto beber (risas). Esa fue la inspiración para crear este tema que revivió en 2009 y fue la canción del Carnaval.

P.

¿Se considera un auténtico defensor de nuestro folclor o un hombre con alma rocanrolera?

R.

Soy un ‘Burro’ moderno, desde que comencé con el requinto me enloquecí con su sonido. No era eléctrico, pero esta especie de guitarra da una mayor afinación, así que me las ingenié y en un almacén de guitarras en Medellín pude fabricar un requinto eléctrico y hacer historia en los años 50, 60 y 70.

P.

¿Qué mensaje le envía a quienes aún son escépticos a la covid-19?

R.

Que lo tomen muy en serio porque es una enfermedad muy maluca, agarra a una persona pa’ matarlo. Yo me cuidaba, usaba mi tapabocas, ese bozal, y aun así caí. Así que debemos mantener distancia, cuidar a la familia, porque es mejor estar vivo, porque uno muerto es muy serio, ¿te imaginas ‘el Burro’ así con la boca llena de hormigas?, qué vaina fea.

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