Adquirir ropa de segunda mano ya no es solo “cazar gangas”: también es una forma de consumo más consciente. En Colombia, el flujo de prendas de vestir y ropa de hogar que llega al consumidor se estima en 174.411 toneladas al año.
Con ese volumen circulando, comprar bien no depende de suerte sino de método: hacer chequeos rápidos antes de pagar evita gastar después en tintorería, arreglos o, peor, en una prenda que no queda bien, huele a humedad y termina olvidada en el clóset.
“Este tipo de artículos se evalúan con los ojos y con las manos: etiqueta, tela y costuras dicen más que una foto bonita”, explica Zulay Daniela Rivera Matiz, docente de Diseño de Modas de Areandina, sede Bogotá.
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La recomendación general es priorizar compra presencial cuando se pueda, esto permite comprobar estado y talla. Si es online, hay que pedir evidencias y leer los comentarios.
Tips anti-error antes de pagar
Etiqueta y composición: Mire el interior, no solo la “cara bonita”. La etiqueta revela fibras y cuidados. Poliéster y otras fibras sintéticas suelen resistir más; algodón, lana o seda exigen más delicadeza. Si la tela se siente acartonada, áspera o muy delgada, es señal de fatiga y vida útil corta.

Costuras críticas: Revise hombros, sisa, costados, entrepierna y cuello. Allí la tensión es mayor y reparar puede ser difícil. Un dobladillo es sencillo; una sisa descosida o un cuello deformado no siempre queda bien.
Manchas y olores: Desconfíe de humedad o moho. “Si una prenda huele a moho, ese olor puede quedarse incluso después de varios lavados”, advierte Rivera Matiz. También descarte manchas de sudor, fluidos, comida o químicos fuertes.
Talla real y encogimiento: En tienda, pruébese y camine un minuto: si tira en hombros o cadera, no es su talla. En línea, pida medidas con cinta (pecho, cintura, cadera, largo, tiro) y compárelas con una prenda suya que ya le quede bien. Pregunte si se ha ajustado o si es “oversize” real.
Vida útil vs. Arreglo: Falta de botones, cierres dañados o rotos pequeños se pueden arreglar, pero sume costos. “Una prenda bien confeccionada suele merecer reparación; una genérica de fast fashion, no siempre”, dice la docente. Si el arreglo supera el 30% del precio, piénselo dos veces.
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Regla simple: sume prenda, transporte, limpieza y arreglos; divida por usos.
¿Acostumbra a comprar online prendas de segunda? Le contamos cómo realizar envíos y reclamos
Empiece por la reputación, es decir, revise cuánto tiempo lleva activa la tienda, qué dicen sus reseñas y si responde con claridad. Luego exija evidencia, como fotos de frente y espalda, etiqueta, costuras, cierres, puños y basta; y finamente, pida una imagen de cada desperfecto. Si es de marca, exija soporte de autenticidad.
Aclare el envío por escrito y pregunté ¿quién paga, tiempos, transportadora y número de guía? Asimismo, guarde el chat y la guía para seguimiento. En pagos, priorice pasarelas o plataformas con opción de disputa. Evite consignaciones a desconocidos si no hay respaldo. Lo mejor es pagar cuando reciba la ropa.
Cuando llegue el paquete, revise de inmediato y, si puede, grabe el “unboxing”: eso prueba el estado al recibir. Si hay diferencia con lo anunciado, reclame ese mismo día.
Finalmente, lave la prenda siempre antes del primer uso y déjela secar por completo. Recuerde, que si es de algodón y denim puede meterla sin problema a la lavadora, mientras que si es de lana es mejor llevarla a la lavandería. En el caso de la seda y las fibras delicadas, lave a mano o en bolsa de tela si usa lavadora, con el poliéster igual. Respecto al cuero, la gamuza y los sintéticos, para limpiar use siempre un paño y jabón suave, sin lavadora ni remojo.
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Y ojo con sus derechos. Si compra a un comercio (tienda o app), aplica el Estatuto del Consumidor: deben dar información veraz y canales de reclamación. Entre personas, la protección es menor, por eso los soportes son su seguro, entre ellos, pantallazo de la publicación, chat, comprobante de pago y guía. Las fallas más comunes al reclamar son no guardar pruebas, dejar pasar días y no documentar cómo llegó la prenda.
Finalmente, compre con intención: pregúntese si lo usará de verdad y cuántas veces. Alternar uso, almacenar sin humedad ni sol directo y hacer reparaciones pequeñas (botón, remiendo, parche) alarga la vida útil. Así la segunda mano sí cumple su promesa: ahorrar, vestir bien y contaminar menos.





















