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Volvieron a tirar la casa por la ventana. La segunda parte de la adaptación de Cien años de soledad, que estrenará en agosto, volverá a ser una producción de números astronómicos. Así lo dieron a conocer la directora de la serie, la paisa Laura Mora, y el vicepresidente de contenidos de Netflix para Latinoamérica, Francisco Ramos, en un panel en Cartagena en el marco del FICCI y como antesala al aniversario número 12 de la muerte de Gabriel García Márquez, que se conmemora este viernes.

En total, 191 días de rodaje, escenas con más de mil extras por jornada y cerca de 300 técnicos trabajando dan cuenta de la dimensión de esta segunda mitad de la obra que, según Mora, se puede entender como “ocho películas”.

“Yo creo que fuimos muy humildes también en repensar la serie, en saber qué nos funcionaba, qué no, los retos que suponía la segunda mitad del libro, qué cosas queríamos corregir, profundizar, complejizar”, explicó la directora.

Lejos de acomodarse en el éxito de la primera temporada, el equipo creativo decidió desmontar y volver a armar lo que fuese necesario por lo que Laura Mora se integró desde el inicio al cuarto de guion junto a Natalia Santa y Camila Brugés, en un proceso que describe como exigente y revelador.

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“Fui muy clara en que me gustaría ser parte de escuchar el cuarto de las escritoras”, dijo. De allí salió una nueva biblia narrativa que buscó contener la densidad de la segunda mitad del libro sin sacrificar su complejidad.

cortesíaCien Años de Soledad Bogotá Premiere. (L to R) Rodrigo García, Alex García, Moreno Borja, Edgar Vittorino, Marco Antonio Gonzáles, "Akima" Laura Grueso, Susana Morales, Ruggero Pasquarelli, Claudio Cataño, Loren Sofía, Marleyda Soto, Janer Villareal, Diego Vásquez, Virginia Machado, Laura Mora, Paco Ramos. Cr. Mauro González / Netflix © 2024

Mirada de cine

La historia entra de lleno en la mitad del siglo XX, una época convulsa tanto en lo local como en lo global. “La segunda parte del libro es muy interesante, es muy dura, pasan muchísimas cosas”, señaló Mora, por ello le apostaron a asumir esa densidad sin simplificarla. “No temer y confiar en el público, en un público supremamente inteligente, que se iba a enfrentar a los retos visuales y narrativos”.

Esa confianza se tradujo en una ambición formal poco habitual en televisión. Cada episodio fue pensado con lógica cinematográfica. “Todo el mundo se sintió haciendo como una ‘peli’, por el rigor, por el pensamiento, por el acercamiento juicioso a cada uno de los detalles. Cada cosa que estábamos poniendo en el cuadro estaba contando algo, no estaba ahí porque sí”.

La mirada de Mora, formada en el cine, marcó el tono de la temporada, pues sus referencias no vienen de la televisión, sino de lo pictórico y lo cinematográfico. “Lo que yo más deseaba era que cada capítulo tuviera una capa de lo visible, de lo invisible, un territorio de lo simbólico. Eso es el cine”, explicó.

Construyendo y reconstruyendo

La dirección también respondió a esa lógica. Aunque hubo trabajo conjunto, cada realizador tomó control total de bloques específicos. Mora dirigió los episodios uno, dos, cinco, seis y ocho, mientras que Carlos Moreno asumió el tres, cuatro y siete. “Nunca nos turnábamos, y eso es muy complejo para la producción, pero es mucho más interesante para un director”, señaló.

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Pero si hay un elemento que sintetiza la magnitud de esta producción es su apuesta por lo físico. La serie no solo recrea, construye y reconstruye. Ante la imposibilidad de usar estaciones ferroviarias existentes, el equipo tomó la decisión de levantar la suya propia. “Vamos a construir esta estación de tren y un tren que se mueve”, recordó Mora.

El resultado fue un set funcional, con vagones reales en movimiento. “Fue muy emocionante la primera vez que el tren se movió y que montamos gente en el tren”, dijo. La secuencia no solo responde a una necesidad narrativa, también es un gesto de fidelidad histórica y estética hacia el universo de Macondo.

Algo similar ocurrió con uno de los momentos más complejos de la historia, la llegada de la compañía bananera. La producción se trasladó a Prado Sevilla, donde alguna vez operó la United Fruit Company, y reconstruyó todo el enclave. “Se reconstruyó la United Fruit Company”, explicó Mora, quien además impulsó un proceso de formación histórica con el investigador Javier Ortiz Cassiani para nutrir el relato con contexto y precisión.

En esta segunda parte, Macondo deja de ser solo escenario y se convierte en protagonista. “En esta temporada el gran personaje es Macondo”, dijo Mora, retomando una idea planteada desde el equipo de guion. La transformación del pueblo, su crecimiento y su decadencia, atraviesan toda la narrativa.

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Por su parte, Francisco Ramos detalló que una de sus principales preocupaciones y obsesiones con esta producción era crear un contexto favorable para que los técnicos pudieran realizar su trabajo de la mejor manera y que, indudablemente, eso impactaba en la construcción de la industria nacional.

“Yo nunca he pensado que sea imposible, yo nunca he pensado como productor que era antes, eso. Así es como se construye una industria audiovisual, empoderando a los artistas y empoderando a los técnicos”.