Después de que le diagnosticaran Párkinson hace 14 años, Alfredo Jiménez López entendió que la enfermedad, además de cambiar el cuerpo, también modifica la rutina, la forma de moverse, de hablar y, muchas veces, la manera de relacionarse con otros.
El Párkinson es una enfermedad neurológica que afecta el movimiento. Puede causar temblores, rigidez, lentitud y problemas de equilibrio. No tiene cura, pero sí tratamientos que ayudan a controlar los síntomas. Aun así, vivir con ella implica adaptarse todos los días.
En medio de ese proceso, Alfredo vio que hacía falta acompañamiento, por eso decidió crear un grupo de apoyo de Barranquilla. Al comienzo no había nada armado. Solo empezó a buscar personas, a contarles la idea, a invitarlas, y poco a poco fueron llegando.
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“Hoy tenemos bastantes personas, entonces. Al grupo pertenecen tanto pacientes como lo que llaman cuidadores, son personas acompañantes. Y a partir de allí nos reunimos periódicamente. Si alguien no consigue un medicamento, pregunta. Si alguien tiene un síntoma nuevo o se siente mal, lo cuenta. Y siempre hay alguien que responde desde su experiencia”.
Además, el grupo también busca entender mejor la enfermedad. Han invitado a neurólogos y especialistas para que expliquen qué está pasando y cómo manejarlo. Así, combinan lo que dice el médico con lo que vive cada paciente.
El grupo sigue creciendo. Cada cierto tiempo llega alguien nuevo, muchas veces recién diagnosticado, con dudas y miedo. Alfredo suele ser el primero en hablar con esa persona, en preguntarle cómo está y en conectarlo con otros que han pasado por lo mismo. Quienes deseen ingresar pueden hacerlo a través del número 315 7517735.
El amor venció el temblor
Así como Noris Quinto Méndez, que a sus 30 años sintió un movimiento involuntario en el dedo meñique de la mano derecha. Estaba lejos de casa, estudiando en Argentina una maestría en Comunicación publicitaria. A ese primer aviso se sumó la pérdida del sueño. “Me diagnosticaron en Argentina con Parkinson juvenil, cosa que cambió mi vida literalmente de un día para otro. Es como si te bajaran de un sopetón de la nube en la que estás subiendo”.
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El Párkinson juvenil es una forma menos común de la enfermedad, que aparece antes de los 50 años. Aunque comparte síntomas con el Párkinson tradicional (temblores, rigidez, lentitud), el impacto suele ser distinto por la edad en la que llega.
“Después de un largo proceso de una cirugía que tengo, de estimulación cerebral profunda, con un marcapaso eléctrico no cardíaco, he podido superar muchas barreras”, expresó.
La estimulación cerebral profunda es un tratamiento que ayuda a controlar los síntomas cuando los medicamentos no son suficientes. No cura la enfermedad, pero puede mejorar la calidad de vida.
“He descubierto que las adversidades, según la actitud, son geniales y te ayudan a superar cualquier dificultad, por más grande que sea”.
Y en su caso, ese punto de apoyo fue el amor. “Estando en Colombia, por un chat conocí al que es hoy mi pareja acá en Barcelona, España. Hace un año nos volvimos pareja, de hecho, me vine a vivir con él. Descubrí que el amor vence todo temor y temblor. Eso es clave para todo mi proceso de recuperación”.
No es cosa de mayores
El Párkinson ya no es solo cosa de personas mayores. Esa es una de las principales alertas que hoy hacen los especialistas, ante el aumento de casos en pacientes jóvenes. “La enfermedad de Parkinson no es algo exclusivo de la gente mayor. Realmente, cada vez, con el tiempo estamos viendo cada vez más casos de pacientes jóvenes con enfermedad de Parkinson”, dijo el neurólogo Juan Camilo Rodríguez.
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Este cambio en el perfil de los pacientes obliga a mirar la enfermedad de otra manera. Durante años se asoció casi exclusivamente con la vejez, pero hoy esa idea empieza a quedarse corta. “Hay que decir que los pacientes jóvenes, en general, tienen, digamos, más, una causa genética en general, pero sí está claro que es una enfermedad que cada vez vemos más tempranamente”.
Según el especialista, uno de los principales factores sigue siendo la edad, especialmente a partir de los 60 años. A esto se suman los factores genéticos, que están presentes en entre el 5 % y el 10 % de los casos.


