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Barranquilla volvió a vestirse de fiesta, pero esta vez celebra desde las ideas. Con la apertura de la vigésima edición del Carnaval Internacional de las Artes, la ciudad abre un espacio donde la palabra, la música y la reflexión se convierten en un verdadero espectáculo.

Desde 2007, este evento ha reunido a artistas, escritores y pensadores en un mismo lugar, donde la palabra y las ideas son protagonistas, convirtiéndose en uno de los encuentros culturales más especiales del Caribe.

Este viernes se abrió el telón. La programación arrancó en La Cueva desde las 9:30 de la mañana con la sesión ‘Te salva que eres bonita’, protagonizada por la artista barranquillera Mónica Gontovnik, quien conversó sobre su más reciente libro junto al historiador Gustavo Bell.

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La obra cuenta la historia de una mujer que recuerda, duda, siente y se enfrenta a sus propias sombras. Es un viaje por la mente y las emociones, donde también aparece la violencia y las preguntas que no siempre tienen respuesta.

Barranquilla está muy presente en ese recorrido. Aparece en canciones, en frases familiares, en esa mezcla de dulzura y dureza que marca a quienes crecen en el Caribe.

Durante el diálogo con el historiador Gustavo Bell, Gontovnik explicó que el libro nació más desde la intuición que desde un plan claro. “Es una pregunta difícil de responder porque yo misma me lo he preguntado… este tipo de decisiones no son completamente racionales”, dijo.

Contó que al inicio simplemente dejó que las ideas salieran. “Yo confié en el proceso de la improvisación, tú simplemente te metes en lo que necesitas decir porque no hay otra manera de decirlo”.

Jesús Rueda

Ser mujer en Barranquilla

¿Qué significa ser mujer en Barranquilla, ¿Está esta novela dentro de una tradición que otras autoras ya han explorado? El historiador Gustavo Bell puso sobre la mesa esa línea que conecta la obra de Gontovnik con escritoras como Marvel Moreno y otras voces que han narrado las tensiones, los silencios y las contradicciones de lo femenino en el Caribe.

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Las preguntas sobre el ser mujer, el cuerpo, la memoria y la violencia no pertenecen únicamente a Barranquilla, aunque en la ciudad encuentren una forma particular de expresarse.

En lugar de responder de forma directa, Gontovnik llevó la conversación hacia el acto mismo de escribir siendo mujer. Sacó unas notas y leyó:

“En manos de las mujeres escribir es una especie de desacato, porque una vez que se pone sobre la mesa eso que se quiere decir resulta ser maldades”.

Mónica Gontovnik también habló de un fenómeno que le llama la atención y es que jóvenes que están volviendo la mirada hacia Barranquilla, hacia su historia, sus calles y su arquitectura.

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“Estoy viendo mucho en redes a los jóvenes yendo para atrás a pensar su ciudad. Me ha sorprendido la manera en que la novela ha tocado a lectores jóvenes y no la hice solo pensando en ella sino en todos. Yo me quedo asombrada y digo, ‘ah, entonces lo hice bien’”.

Fue entonces cuando Gustavo Bell expresó que leerla es como una puerta de entrada a la historia de la ciudad. Propuso que el libro podría funcionar incluso en espacios académicos, como una forma de acercar a los estudiantes a la Barranquilla de las últimas décadas.