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Las sardinas llevan décadas siendo protagonistas de las despensas más humildes, pero la ciencia lleva un buen tiempo reivindicándolas como uno de los alimentos más completos que existen. Pequeñas en tamaño y discretas en precio, estas piezas de pescado azul concentran una densidad nutricional que, según los expertos, pocas fuentes de proteína animal pueden igualar.

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El doctor David Céspedes, especialista en longevidad y miembro de la Sociedad Española de Nutrición, lo resume de una forma contundente: una persona podría alimentarse exclusivamente de sardinas durante un mes y cubrir los requerimientos nutricionales básicos para la salud.

La afirmación de Céspedes, que suena a exageración, está respaldada por un estudio publicado en la revista científica ‘Frontiers in Nutrition’, en el que una dieta experimental basada en sardinas mostró un aumento significativo de los niveles de omega 3, una reducción del peso corporal del 7 % y una mejor tolerancia al frío, sin que los análisis bioquímicos detectaran desequilibrios relevantes.

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No obstante, tanto Céspedes como otros investigadores advierten que se trata de un ejercicio experimental, no de una recomendación clínica: la variedad alimentaria sigue siendo esencial para una nutrición sostenible a largo plazo.

Qué nutrientes aportan las sardinas y por qué los médicos las recomiendan

La Escuela de Salud Pública de Harvard destaca que las sardinas ofrecen proteínas de alto valor biológico, fundamentales para la reparación y el desarrollo muscular. Pero su verdadero diferencial está en lo que acompaña a esas proteínas.

FreepikLas sardinas son una de las fuentes naturales más completas de omega 3, calcio y vitamina D, según la Escuela de Salud Pública de Harvard.

El calcio altamente biodisponible que proviene de las espinas —sí, las espinas blandas de la sardina en lata son comestibles y nutritivas— convierte a este pescado en una fuente de calcio comparable a un vaso de leche. Esto lo hace especialmente relevante para personas con intolerancia a los lácteos o que buscan alternativas naturales para fortalecer la estructura ósea y prevenir la desmineralización.

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A eso se suma la vitamina D, necesaria para que el organismo absorba adecuadamente ese calcio, y un contenido elevado de vitamina B12, clave para la formación de glóbulos rojos y el buen funcionamiento del sistema nervioso.

Omega 3 de las sardinas: beneficios comprobados para el corazón y el cerebro

Si hay un nutriente que define a las sardinas es el omega 3, concretamente los ácidos grasos EPA y DHA, considerados los más activos en el cuerpo humano. Según la Clínica Mayo, estos compuestos pueden reducir la inflamación en los vasos sanguíneos, disminuir los triglicéridos en sangre, bajar ligeramente la presión arterial y reducir el riesgo de latidos cardíacos irregulares.

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La Asociación Americana del Corazón recomienda consumir al menos dos porciones de pescado graso a la semana, y las sardinas figuran explícitamente entre las opciones sugeridas. El motivo es que, gramo por gramo, contienen más omega 3 que muchos pescados de mayor tamaño y precio.

Además, estudios recientes han asociado el consumo habitual de pescado azul pequeño con una menor progresión de placa aterosclerótica, mejor variabilidad de la frecuencia cardíaca, reducción del riesgo de deterioro cognitivo y mayor sensibilidad a la insulina.

Sardinas en lata: una opción práctica, accesible y segura para el consumo diario

Uno de los grandes atractivos de las sardinas es su accesibilidad. A diferencia de otros pescados azules como el salmón, que suele tener un precio más elevado, las sardinas en lata son económicas, tienen una larga vida útil y no requieren refrigeración hasta que se abren.

FreepikUna sola lata de sardinas puede aportar más calcio que un vaso de leche, gracias a las espinas blandas que se consumen con el pescado.

Al estar en la base de la cadena alimentaria —se alimentan de plancton, no de otros peces—, las sardinas acumulan niveles muy bajos de mercurio, lo que las convierte en una opción segura incluso durante el embarazo, según especialistas en nutrición prenatal.

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Para maximizar sus beneficios, los expertos recomiendan elegir presentaciones en aceite de oliva, que añade grasas monoinsaturadas saludables, y preferir las versiones bajas en sodio si se padece hipertensión. Las personas con niveles elevados de ácido úrico o gota deben moderar su consumo, ya que las sardinas contienen purinas de forma natural.