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Policarpo Julio se pasea solitario por las calles de Tolú. La clientela en este puerto turístico es casi nula.
Ernesto Benavides
Región Caribe

Seis rostros que deja la crisis económica por el coronavirus

Una artesana wayuu, un carpero de playa, un acordeonero, un barbero, un bicicletero y un guía turístico quedaron de brazos cruzados por las medidas para afrontar la emergencia.

Seis trabajadores independientes o informales de igual número de departamentos del Caribe colombiano están sumidos en una profunda crisis económica por efectos de las medidas aplicadas por el Gobierno Nacional para hacerle frente al coronavirus.

EL HERALDO entrevistó a una artesana wayuu, un carpero de playa cartagenero, un acordeonero vallenato, un barbero monteriano, un bicicletero sucreño y un guía turístico samario que narraron que dejaron de tener ingresos para sostener a sus familias. “Quedamos de brazos cruzados”, aseguran.

Todos coinciden en que la prioridad es acatar los decretos para evitar que el virus siga expandiéndose, pero pidieron programas para aliviar la emergencia económica que agobia a millones de ciudadanos como ellos, 

“Nos va a matar el corona-hambre”
El carpero de las playas de Cartagena Víctor Padila (de gorra), su esposa Ana Amador junto a sus suegros Dormelina Rocha y Belén Vásquez. suministrada

Víctor Padilla Herrera, veterano carpero de las playas de Cartagena, asegura que la crisis que han dejado las medidas para contrarrestar el coronavirus, los terminará “matando” de hambre si no se buscan soluciones urgentes para los miles de empleados informales que quedaron con los brazos cruzados, sin opción en qué trabajar. “Lo que nos va a matar es el corona-hambre”, dice en tono afligido.

Horas antes de que comenzara el toque de queda en la capital de Bolívar,  viajó a Santa Cruz, corregimiento de Luruaco (Atlántico) a casa de su suegra Dormelina Rocha, quien vive una crisis muy parecida por efectos de las restricciones para mayores de 70 años.

“Ella también está afectada porque ya no puede vender fritos en la puerta de su casa”, asegura Padilla, sentado en la puerta de la vivienda de la mujer de 78 años.

Como fiscal de la Asociación de Carperos de Cartagena, sufre en carne propia la crisis. “Hace ocho días quedamos sin ingresos, somos cien afiliados que en promedio generamos cinco empleos cada uno”, asegura en diálogo con EL HERALDO.

Los pasajes para desplazarse a esta población del Atlántico los compró con parte de los 38 dólares que tenía ahorrados desde hace un año, y que se vio obligado a cambiar por la crisis económica en la que están sumidos muchos trabajadores independientes e informales como él.

Confiesa que se fue para Santa Cruz porque se siente menos la presión de las medidas, pero sobre todo, porque la vida es sana y muy barata. “Es que allá en Cartagena no podemos asomarnos ni a la puerta. Además que todo está por las nubes”.

Padilla, con 23 años en el oficio, sostiene que pese a la crisis económica, en este corregimiento todavía se consigue para el bastimento. “Uno va a una finca y le regalan un plátano, pero no se puede decir lo mismo de la ciudad”, añade Padilla, quien pide a gritos que el Gobierno Nacional  piense en los miles de colombianos que están padeciendo como él.

 

“En Santa Cruz uno se puede asomar a la puerta, o que alguien le regale un plátano
Policarpo también pide ayuda
Policarpo Julio Blanco es bicicletero y guía turístico en Tolú. Hoy está varado en este puerto sucreño. Ernesto Benavides

Policarpo Julio Blanco, bicicletero de Tolú, pasa por una situación similar a la de Padilla.

Asegura que en los 20 años que lleva rebuscándose por las calles no  había vivido un cierre de playas, la pausa de los servicios turísticos y la cancelación de procesiones de Semana Santa.

“Estamos cuidándonos de un contagio mayor. Lo importante es que no nos enfermemos. He visto el bajonazo drástico de turistas, antes de Semana Santa siempre se veía ya gente por ahí, pero hoy en día nada, ya no es como antes. Esto cambió bastante la situación”, recordó.

Y tiene razón porque las calles están solitarias, la mayoría de bicitaxis detenidas y el pueblo casi desierto. Según su visión, la situación se complicará con el paso del tiempo, a esto sumándole la cuarentena total que el presidente Iván Duque declaró para 19 días.

Policarpo dice que es un “de todito” que no se vara. Es bicitaxista (uno de los primeros que comenzó con la actividad en el pueblo), guía turístico y para lo que lo busquen, dentro de la legalidad, se le mide. Como buen toludeño ve con tristeza que este año no salgan las procesiones del Nazareno. “Pero hay que respetar las normas”.

 

Sandra, la wayuu desplazada de la Avenida Primera
Sandra Aguilar teje ahora en su comunidad wayuu. Sandra Guerrero
“En ese puesto hay once familias wayuu que ahora no sabemos cómo vamos a hacer  
El guía turístico
Javier Amarís rodeado de chaquetas de guía turístico. Agustín Iguarán

Javier Amarís Vivanco, un guía de turismo profesional samario, confiesa que jamás imaginó que su cotidianidad laboral y su economía iban a sufrir un cambio tan radical, como el que hoy tiene.

Guía profesional de turismo con 32 años de experiencia, confía en que la emergencia sanitaria pase, para retomar su actividad y resurgir luego de “atravesar el Niágara en bicicleta”, como jocosamente asegura.

Por estos días de aislamiento, pasa en su casa del barrio Los Almendros, en el norte de Santa Marta, junto a su esposa y sus dos hijos.

“Repasamos lecturas sobre la historia de la ciudad y la de sus sitios de atracción turística, porque hay que cuidarse”.

 

Con la “nota baja”
El músico Álvaro Queruz, oriundo de Chimichagua, respeta el aislamiento, pero pide medidas urgentes para quienes quedaron sin ingresos en esta crisis. Miguel Barrios

El acordeonero Alvaro Queruz también está varado por efectos del coronavirus. En su aislamiento preventivo desde su casa en Valledupar  le sacó un verso al virus que afecta a la humanidad.

Oriundo de Chimichagua, dirige un conjunto vallenato que cada fin de semana ofrece serenatas y piezas musicales del vallenato tradicional a propios y turistas en el balneario Hurtado, del río Guatapurí, que actualmente tiene el acceso restringido como medida de prevención de la enfermedad.

“Esperemos que esto pase pronto, esto es grave porque no podemos trabajar y yo vivo del acordeón”, dijo.

Señaló que las medidas de control había que tomarlas, pero también establecer algunos alivios económicos.

 

“La emergencia por el coronavirus es grave, pero ojalá piensen en alivios para nosotros
El Dary, el barbero de Montería
A la barbería de Javier Olea acuden muy escasos clientes por estos días de emergencia por coronavirus.

Javier Olea, o ‘el Dary’ como se le conoce en Montería, es un barbero e intérprete de música urbana que también quedó de brazos cruzados en medio de la pandemia por el coronavirus.

Por eso decidió tomar la vocería a nombre de su gremio para llamar la atención del Gobierno a través de mensajes en redes sociales, por donde manifiesta la situación que hoy en día padecen los barberos y otros ciudadanos dedicados al trabajo independiente.

“Estamos albergando la posibilidad de abastecernos por libras y onzas, con los dos o tres cortes que nos llegan durante todo el día. Estamos, por ejemplo, acudiendo a centros comerciales económicos para poder comprar la poquita comida que hemos podido llevar a la casa”, indica.

“Acá en Montería antes de que existiese el gremio de barberos había mucho vandalismo, desempleo, y muchachos jóvenes dedicados a la droga, pero luego se dedicaron a este oficio y se recuperaron. Por eso digo que no es justo que una persona que decidió ganarse la vida de buenas maneras, trabajando en una barbería ahora no tengan con qué alimentarse. Entiendo que la salud es primero que todo, pero nos moriremos de hambre si no nos ayudan”.

 

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