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Algunos de las cerca de 50 opciones que podrían tener los colombianos para las elecciones presidenciales.
Política

La ley del Montes | ¡... Y el rancho ardiendo!

La lista de aspirantes a la Presidencia de la República se acerca a los 50. ¿Por qué resulta tan atractiva la Casa de Nariño?

Aquel que diga que todavía no sabe por quién va a votar para la Presidencia de la República el próximo año es porque no ha visto la larga lista de aspirantes. Como en las antiguas boticas de nuestros pueblos, hay candidatos y candidatas de todos los tamaños, olores, colores y sabores. Desde hacía mucho tiempo no se veía una cosecha de aspirantes presidenciales de esta magnitud. Al parecer y contrario a lo que se piensa, ser Presidente de Colombia es mucho más atractivo de lo que muchos creen.

Aunque no resulta nada fácil organizar la lista de posibles sucesores de Iván Duque en la Casa de Nariño, en ella figuran ex ministros, ex gobernadores, ex alcaldes y hasta congresistas en ejercicio. Hay -por supuesto- ex aspirantes presidenciales que creen que a la tercera, la cuarta o la quinta aspiración será la vencida.

La baraja de aspirantes presidenciales no solo es nutrida –como nunca antes– sino que de ella hacen parte destacadas figuras con trayectoria en la política nacional, cuyas hojas de vida son muy calificadas y cuentan con gran reconocimiento.

En esta oportunidad hay dos ex ministros de Hacienda con deseos de llegar a la Casa de Nariño, algo que no es muy usual, puesto que si hay un cargo en Colombia con poca popularidad es precisamente el de la cartera que se encarga de ponernos a pagar impuestos. Pero con Juan Manuel Santos se rompió el mito de que los ex ministros de Hacienda no tienen respaldo suficiente para llegar a la Presidencia de la República. Ahora, tanto Juan Carlos Echeverry como Mauricio Cárdenas –bogotanos de changua y chapines– han expresado su deseo de suceder a Duque en la Casa de Nariño.

Otro ex ministro que figura en la baraja –aunque no ha dicho que si, pero tampoco ha dicho que no– es el ex ministro de Salud, ex director de Planeación Nacional y actual rector de la Universidad de Los Andes, Alejandro Gaviria.

También hay mujeres aspirantes a la Presidencia, todas calificadas y con buena hoja de vida. El nombre de la actual senadora por el Centro Democrático María Fernanda Cabal ha tomado mucha fuerza no solo dentro de su partido, sino en sectores de centro derecha que consideran que una mujer con carácter podría ponerle orden al desbarajuste nacional. Dentro de ese partido también figuran las ex precandidatas Paloma Valencia y María del Rosario Guerra, el senador Ernesto Macías y el ex viceministro Rafael Nieto Loaiza.

Pero también –desde la otra orilla ideológica, distinta a la de la senadora Cabal– hay mujeres con deseos de montarse en el potro de la Presidencia, como ocurre con la líder social Francia Márquez y la ex congresista Ángela María Robledo, ambas destacadas dirigentes de la izquierda democrática nacional. La ex gobernadora Del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, también está en campaña y busca consolidar su aspiración con un discurso con arraigo regional y de género.

En la casilla de los exalcaldes figuran Enrique Peñalosa de Bogotá, Federico Gutiérrez de Medellín y Rodolfo Hernández de Bucaramanga. El nombre de Alex Char de Barranquilla sigue siendo una incógnita. Pese a que se encuentra muy bien posicionado en las encuestas, de todos ellos es el que maneja más bajo perfil.

En lo que tiene que ver con los exgobernadores, aparecen en la lista Sergio Fajardo de Antioquia (ex alcalde de Medellín), Eduardo Verano del Atlántico, Luis Pérez Gutiérrez de Antioquia, Camilo Romero de Nariño, Jorge Eduardo Londoño y Carlos Amaya de Boyacá.

Entre los actuales congresistas están Gustavo Petro, Roy Barreras, Alexander López, Efraín Cepeda, David Barguil, Iván Marulanda y Antonio Sanguino, entre los que ya están calentando motores. Otros lo están pensando, pero seguramente tomarán la decisión de lanzarse al agua en las próximas semanas. De manera que la ya larga lista de aspirantes a la Casa de Nariño podría acercarse a 50 y podría seguir creciendo antes de finalizar este año.

La interminable lista de aspirantes presidenciales sirve para demostrar que la Casa de Nariño es mucho más seductora de lo que parece y que en Colombia -pese a las dificultades- siempre hay un buen número de optimistas, dispuestos a sacrificarse por todos sus compatriotas. Uno de ellos es el alto consejero presidencial y ex viceministro de Justicia de Iván Duque, Miguel Ceballos, quien renunció a su cargo porque desea suceder a quien fue su jefe por mucho tiempo.

Y aunque medio centenar de aspirantes a la Presidencia es ya una cifra considerable, lo cierto es que el número podría incrementarse de manera significativa en los próximos meses, puesto que –como diría el inolvidable Marcos Pérez– el rancho sigue ardiendo. ¿Quiénes son los aspirantes a la Casa de Nariño?

Más allá de petristas, fajardistas o uribistas

Por cuenta de las encuestas y de la polarización política nacional, ha hecho carrera la percepción de que en Colombia no hay opción distinta a la de Gustavo Petro por la izquierda, Sergio Fajardo por el centro y “el que diga Uribe” por la derecha. Y eso no es verdad.

Nunca antes en el país había existido una lista tan amplía y variopinta de aspirantes a la Casa de Nariño.

Unos alineados ideológicamente con Petro, Fajardo o Uribe, pero también otros distantes de ellos, o por lo menos con marcados matices políticos. De manera que no sería justo encasillarlos como “petristas”, “fajardistas” o “uribistas”. Así como son distintos a ellos desde su ideología, también lo son desde su formación académica. Algunos de ellos con más trayectoria técnica que política, como es el caso de los ex ministros Juan Carlos Echeverry, Mauricio Cárdenas y Alejandro Gaviria, quienes –seguramente– acudirán a la recolección de firmas para respaldar sus candidaturas en lugar de valerse de la bendición de un padrino político tradicional, sea liberal o conservador. En el caso de los tres ex ministros –por ejemplo– uno no podría decir que son petristas, fajardistas o uribistas. Ninguno de los tres ha pasado por el Congreso de la República, ni han sido protagonistas de confrontaciones polarizantes en materia política. Se trata de tres aspirantes con hojas de vida calificadas.

¡Llegó la hora de la mujer! ¡Por fin!

Con María Fernanda Cabal como aspirante a la Presidencia de la República lo que no le va a faltar a la campaña presidencial será picante. Aguerrida, combativa y frentera, la senadora vallecaucana se caracteriza por llamar al pan pan y al vino vino. Punto. Y en política ese elemento es fundamental porque despierta emociones, que es en últimas lo que estimula a los votantes.

Candidato o candidata que no toca las fibras de los electores no tiene futuro. En momentos en que muchos aspirantes prefieren lo “políticamente correcto”, Cabal no tiene problemas en despacharse contra el llamado Comité del Paro (“deben ser judicializados”), la JEP (“inventarse cifras de falsos positivos es su mejor deporte”), los sindicalistas (“no les importa la ruina de quienes pagan impuestos”). En el otro espectro ideológico se encuentran Francia Márquez, Ángela María Robledo y hasta Dilian Francisca Toro, quienes asumen posturas muy distintas a Cabal y tienen una plataforma electoral contraria. Las dos primeras con militancia en la izquierda democrática y la última de ellas con un amplio recorrido en el liberalismo y el partido de La U. Desde los tiempos de María Eugenia Rojas (1974) hasta los de Marta Lucía Ramírez (2018), pasando por Regina 11, Ingrid Betancourt, Clara López y Aida Avella, no se había visto tantas aspirantes a la Casa de Nariño. El votante tiene, pues, distintas opciones para escoger.

Candidatos regionales, ¿sin discurso regional?

En esta oportunidad las regiones tienen un buen número de aspirantes a la Casa de Nariño. Y eso está bien. La tan pregonada descentralización administrativa –plasmada en la Constitución del 91– quedó muy bien escrita pero mal ejecutada. Hoy todo sigue saliendo con el visto bueno de Bogotá. Los avances por una mayor autonomía regional han sido muy pocos.

De manera que aspirantes como Eduardo Verano, Efraín Cepeda, David Barguil, Federico Gutiérrez, Luis Pérez Gutiérrez, Rodolfo Hernández, Roy Barreras, Francia Márquez y Camilo Romero, entre otros, que provienen de las regiones y que han padecido el centralismo bogotano, deberían apersonarse de esa bandera con el fin de generar una mayor conciencia acerca de la necesidad y la urgencia de una mayor autonomía regional.

No se trata de pelear con Bogotá, ni de promover causas independentistas obsoletas, sino de nivelar la cancha después de décadas de abandono y olvido. Ojalá que esta campaña sirva para agitar esa bandera con fuerza.

A escuchar a los jóvenes con atención

La pandemia del coronavirus y el llamado Paro Nacional evidenciaron la fragilidad institucional del país. Ambos sirvieron para que afloraran resentimientos y hasta odios larvados por años, especialmente por parte de los jóvenes. Su exclusión y la falta de oportunidades llevaron a muchos de ellos a explotar su ira en las calles del país. Su voz debe ser escuchada con atención, pero no con mezquindad, sino con generosidad.

Hacer de la tragedia que viven nuestros jóvenes una bandera politiquera y electoral solo servirá para ahondar mucho más la crisis que atraviesa el país. Escuchar a los jóvenes debe ser un compromiso de los candidatos presidenciales –de los 50 que hay y los que faltan– con el fin de buscar salidas a su dramática situación. Tampoco se trata de empoderar a quienes con métodos y prácticas violentas pretenden imponer su voluntad. No se trata de darle reconocimiento político a los vándalos. Esa tampoco es la salida, como creen algunos alcaldes del país.

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