El Heraldo
El atentado contra Duque generó toda la solidaridad y rechazo nacional e internacional.
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Política

La ley del Montes | ¡Los terroristas no pasarán...!

Enfrentar y derrotar a quienes atentan contra el Estado no es cuestión de ideología o partidos políticos. Es necesaria una auténtica unidad nacional.

El atentado contra el presidente Iván Duque del pasado viernes muy cerca al aeropuerto Camilo Daza de Cúcuta muestra el verdadero alcance que tienen las organizaciones terroristas en su afán por desestabilizar nuestra democracia y sembrar el caos en todo el país. El propósito de quienes impactaron el helicóptero en el que viajaba el Presidente y su comitiva, entre ellos los ministros del Interior Daniel Palacios y de Defensa Diego Molano, no era otro que el de acabar con la vida del Jefe del Estado y desestabilizar nuestro sistema democrático.

En esta oportunidad hay que decir que los terroristas han ido demasiado lejos. No se trató de un atentado contra la persona de Iván Duque, sino contra el Jefe del Estado colombiano, quien encarna la unidad nacional, como lo establece nuestra Constitución. No fue el ciudadano el que estuvo en peligro, fue nuestra propia democracia.

Una acción terrorista de tal magnitud merece el repudio general, como en efecto ocurrió. Contra el terrorismo no puede haber ningún tipo de titubeos ni contemplación. Hoy atentan contra el presidente Duque y mañana el turno será para otro gobernante, cualquiera sea su militancia partidista o política.

Desde distintos espectros ideológicos o políticos, los dirigentes nacionales expresaron su rechazo a la acción criminal. El ex presidente Álvaro Uribe escribió en su cuenta de Twitter: “Por fortuna el presidente Duque y los integrantes de su comitiva salieron ilesos. Gracias a Dios”. El senador y candidato presidencial Gustavo Petro también condenó el acto de terror en sus redes sociales: “Cualquiera que sean las distancias que nos separen, rechazo el atentado contra el Presidente. Una democracia consiste en que nadie muera por sus ideas”.

Los ex presidentes César Gaviria y Juan Manuel Santos también se sumaron a las voces que repudiaron el atentado, del que salieron ilesos tanto el Presidente como los demás ocupantes del helicóptero.

Hasta la Corte Suprema de Justicia -alto tribunal que adelantó una investigación contra el ex presidente Uribe, jefe natural del Centro Democrático, partido al que pertenece Duque- fue contundente en su repudio al atentado: “La Corte Suprema de Justicia rechaza el aleve ataque dirigido contra el presidente @IvanDuque, los ministros @Diego_Molano y @DanielPalam y la comitiva que los acompañaba en Norte de Santander. Manifiesta plena solidaridad con el Gobierno Nacional ante este acto criminal”.

De manera que el reto impuesto por los terroristas a los colombianos debe ser asumido con valor y entereza. Han ido demasiado lejos quienes pretenden acabar con nuestra frágil democracia. Ningún Estado puede claudicar ante los terroristas. Ni el más débil. Todos tienen la obligación de doblegar, someter y derrotarlos. Así deben entenderlo quienes están al frente del Estado y quienes aspiran a estarlo en un futuro.

La respuesta solidaria que ha recibido el Presidente y el repudio generalizado del hecho demuestra que nuestros dirigentes empiezan a entender la magnitud del enemigo que enfrentamos. Derrotar a los terroristas no es un asunto de militancia política.

Para vencerlos se requiere de una verdadera y auténtica unidad nacional. Dicha unidad debe partir del principio de que ningún terrorista puede ser objeto de algún tipo de tratamiento político, como amnistía o indulto. Tampoco podrán ser cobijados bajo la figura del asilo político. Ese debe ser el tratamiento se reciban quienes se han valido del terror para pretender imponer de forma violenta sus ideas.|

¡Los terroristas no pasarán...!

Colombia vivió su peor pesadilla por cuenta del terrorismo a finales de la década de los 80. Pablo Escobar, jefe del Cartel de Medellín, decidió declararle la guerra al Estado colombiano y por cuenta de ello asesinó candidatos presidenciales, jueces, directores de periódicos, oficiales y agentes de la Policía.

A punta de “narcoterrorismo”, tanto él como su socio Gonzalo Rodríguez Gacha, ‘el Mexicano’, pretendieron someter las Instituciones a su voluntad. Pero fracasaron en su intento. Ambos fueron dados de baja cuando se encontraban fugitivos de la Justicia.

Con valor y sin ningún temor Colombia toda supo responder al reto impuesto por los criminales. Los partidos y movimientos políticos –así como los medios de comunicación– entendieron que lo que estaba en peligro era la propia supervivencia del Estado.

La respuesta fue contundente y los carteles de la droga, tanto el de Medellín como el de Cali, fueron derrotados. La lección que dejó la guerra contra los carteles de la droga fue muy clara: cuando el Estado colombiano se une, ninguna organización criminal puede derrotarlo. Para vencer a los terroristas se requiere del compromiso de todos.

El terrorismo no tiene ningún tipo de justificación

Pretender justificar un acto de terror o insinuar supuestos o presuntos autoatentados, como ocurrió con un trino del senador Gustavo Bolívar, no solo es irresponsable, sino que contribuye a crispar mucho más la intolerancia de quienes ven al Gobierno nacional como su enemigo. Pero, además, termina fomentando lo que tanto cuestiona: el odio a los contrarios.

Dice el senador Bolívar en su trino: “Si no fue un autoatentado, condenamos enérgicamente cualquier intento de acabar con la vida del presidente Duque. Del uribismo nos encargaremos democráticamente en las urnas el 29 de mayo”.

Pero algo más: el trino de Bolívar va en contravía de lo expresado por su mentor político –Gustavo Petro–, quien sin ambages de ningún tipo rechazó y condenó la acción criminal contra el presidente Duque.

Poner en duda un acto de terror contra el presidente de la República –sin tener ninguna prueba o evidencia que demuestre que se trató de un “autoatentado”, como insinúa Bolívar– habla muy mal del talante de quienes aspiran a gobernar en el futuro inmediato.

De hecho, el propio Gustavo Petro fue objeto de un atentado criminal en Cúcuta en marzo de 2018, en plena campaña por la Presidencia, y en ese momento el hoy senador Bolívar no puso en duda ni la naturaleza ni las motivaciones de ese acto de terror.

No se puede condenar o justificar las acciones de terror dependiendo de quién es la víctima: si es amigo se repudian y si es enemigo se justifican.

¿Qué pasa con la inteligencia y la contrainteligencia de nuestras Fuerzas Armadas?

Con la misma contundencia con que se condena la acción terrorista contra el presidente Duque, se exigen resultados en la búsqueda de los responsables del mismo. Y en ese sentido son los organismos de inteligencia del Estado quienes deben dar respuestas contundentes.

En esta oportunidad los terroristas fracasaron en su intento, pero también pudieron acertar en su propósito criminal y en ese caso hoy estaríamos lamentando la suerte del jefe del Estado y de sus acompañantes.

Algo grave está pasando con la seguridad en la frontera con Venezuela, concretamente en Cúcuta, donde en las últimas semanas se han realizado acciones terroristas sin que las autoridades muestren resultados contundentes en sus pesquisas.

¿Qué está pasando con la inteligencia en nuestros organismos del Estado? ¿Y la contrainteligencia para detectar infiltrados en nuestras Fuerzas Armadas? ¿Quiénes inspeccionaron el área del aeropuerto de Cúcuta? ¿Quiénes garantizaron la integridad del presidente y su comitiva? El Estado colombiano no puede ser reactivo ante las agresiones de las organizaciones criminales.

Los actos terroristas deben ser detectados a tiempo para no tener que lamentar víctimas fatales. El relajamiento y la rutina de soldados y policías son los mejores aliados de las organizaciones criminales, que no desaprovechan la menor oportunidad para hacer daño.

¿Dónde está el Estado para defender a los ciudadanos?

En las últimas semanas Bogotá y Cali han sido escenarios de actos de terror, cometidos por vándalos que participan del llamado paro nacional. Incendiar buses articulados en los que se movilizan cada día millones de personas son acciones criminales que deben ser castigadas con máximo rigor.

No hay en esos actos de terror ninguna motivación política. Nada justifica atentar contra la vida de las personas que viajan en Transmilenio, como anunciaron en Suba, quienes dicen pertenecer a la llamada “Primera línea”.

Eso es terrorismo puro y duro. Punto. El Estado colombiano no puede ser permisivo con quienes pretenden imponer su voluntad mediante el uso de la violencia. Una de las finalidades del terrorismo es intimidar y coartar las libertades de los ciudadanos.

¿Cuántas personas se sienten amedrentadas hoy por el anuncio de la llamada “Primera línea” de Suba? Es el Estado quien debe garantizarles a esas personas su libre locomoción.

Es el Estado quien debe garantizarles su integridad y su vida. Su suerte no puede estar a merced de unos vándalos, quienes con cinismo dice defenderlas.

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