El gobierno de Gustavo Petro insiste en mostrar el modesto repunte de la economía durante el primer trimestre del año como un gran logro de su gestión. Se trata de una lectura sesgada y mentirosa: el crecimiento del 2,2 % que celebra Petro obedeció casi que, exclusivamente, a la expansión desbordada del gasto público en tiempo electoral.
Es decir, Petro no está estimulando los sectores productivos de la economía –llamados a generar el crecimiento sostenible–, sino que está “raspando la olla” para tratar de favorecer a su candidato, Iván Cepeda, quien promete seguir sus fórmulas erráticas.
Pese al optimismo de Petro y sus amigos, no existen signos creíbles de una recuperación económica consistente, tanto en inversión como en los sectores productivos. Lo que existe es el crecimiento exagerado de la burocracia oficial y de las “corbatas” a los recomendados por los amigos del Gobierno. Poco les importan las restricciones legales que obligan a la suspensión de la contratación oficial en tiempos electorales. La ley de garantías se la pasaron por el forro, ante el mutismo preocupante de los entes de control.
Para decirlo sin ambages: lo que estamos presenciando es una compra descarada de votos. El recomendado político –al que le dieron la “chanfa” por tres meses– quedó obligado a votar por el candidato del Gobierno, que no es otro que Cepeda. Asistimos, pues, al triste espectáculo de un “trasteo de votos”, pero esta vez en las oficinas oficiales y desde el propio Gobierno nacional.
De manera que el cacareado crecimiento que pregona Petro no es nada distinto a un espejismo. Las cifras del Dane así lo indican: el gasto de consumo del Gobierno creció un 7,8 % entre enero y marzo. Esa cifra es casi cuatro veces el crecimiento de la economía nacional. Ahí radica el 46 % del incremento del PIB durante el trimestre. Es decir, es un crecimiento soportado únicamente en la chequera oficial.
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Pero mientras el gobierno de Petro gasta a rodos en tiempos electorales, sectores estratégicos de la economía, que venían mostrando una ligera recuperación, como la minería y la agricultura, volvieron a debilitarse. Es apenas obvio que una economía que se sostiene solo con el gasto público está condenada a fracasar. No es viable, ni es sostenible. No tiene futuro. Pero eso poco o nada le importa a Petro, mientras su candidato Cepeda siga punteando en las encuestas y tenga buenas posibilidades de ganar.
Estamos en presencia de un sector productivo paralizado no solo por la falta de estímulos por parte de Petro en sus cuatro años de gobierno, sino por la incertidumbre que genera la posibilidad de que un modelo tan nefasto para la economía tenga continuidad, durante los próximos cuatro años, esta vez en cabeza de Cepeda.
Una economía con tan preocupantes signos de recuperación –casi nulos– no resiste otros cuatro años con las mismas fórmulas fracasadas de Petro. Sería el acabose de nuestra maltrecha economía. Así de sencillo.
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A ese panorama interno, tan preocupante como peligroso, habría que agregarle las medidas arancelarias que tomaría Estados Unidos, casi que de forma inmediata contra nuestra industria exportadora, en caso de que sea Cepeda el heredero de Petro. Si ello llegase a ocurrir las consecuencias para nuestra economía serían funestas.
De manera que no hay ningún motivo para celebrar el modesto aumento de la economía durante el primer trimestre del año. Ninguno. El coctel que creó Petro –que continuaría Cepeda– es muy peligroso: crecimiento precario de la economía, gasto público desbordado y una inversión nacional y extranjera temerosa y muerta de susto. ¿Cuáles son los efectos de la “chequera oficial” en tiempos electorales? Veamos:
En lugar de promover inversiones sólidas hacia el futuro, Petro prefiere “raspar la olla” para ayudar a Cepeda
Mientras los inversionistas internacionales esperan que Colombia envíe señales que permitan fortalecer la confianza perdida, para poder destrabar la ejecución de proyectos estratégicos, el gobierno de Petro prefiere “raspar la olla” y meterle miles de millones de pesos a la nómina oficial para apalancar votos para su candidato Cepeda. La feria de los contratos en las entidades oficiales en tiempos electorales es el triste espectáculo que brinda un gobierno que va de salida, pero que tiene el firme propósito de dejar un heredero en la Casa de Nariño.
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Sin pudor alguno Petro decidió ponerse la camiseta de Cepeda, desafiando la Constitución Nacional que lo obliga a brindar garantías a todos los aspirantes a la Presidencia, incluyendo a sus más férreos opositores –Abelardo De la Espriella y Paloma Valencia–, blancos preferidos de sus desmedidos ataques. Mientras blinda y protege a su pupilo –a quien defiende y justifica sin pudor– la emprende desenfrenado contra De la Espriella y Valencia.
Mejor ayuda que poner a disposición de su heredero una robusta nómina oficial no puede haber. Son más de 700.000 votos frescos de los últimos meses que podrían ingresar a las urnas a favor del candidato del Pacto Histórico, por cuenta de la “chequera oficial”, administrada por Petro y sus ministros.
¿De dónde saldrá la plata para mantener el “ejército de zánganos” que Petro está contratando?
Es apenas obvio que mientras Petro “gira” miles de millones de pesos de la chequera oficial para oxigenar la campaña de Cepeda, no está pensando en la viabilidad de la economía nacional. Ese ya no es su problema. Su problema hoy es dejar instalado a Cepeda en la Casa de Nariño. A eso se dedica las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Por eso no le importa apostarle al crecimiento de la economía, solo al incremento del gasto estatal.
El grave deterioro de la inversión privada poco o nada le importa. No fue su problema antes, ni tampoco lo será ahora. Petro jamás vio en el sector productivo un aliado estratégico con quien pudo alcanzar mejores niveles de crecimiento, no solo más robustos, sino –sobre todo– más sólidos y consistentes. La inversión privada deprimida y temerosa no es su preocupación. Todo lo contrario: parece ser motivo de satisfacción. Igual piensa Cepeda.
Son tal para cual. Punto. Cuando el sector productivo deje de producir, ¿de dónde piensan Petro y Cepeda que saldrán los recursos para sostener al “ejército de zánganos” que están contratando para obtener los votos que les permitan seguir en el poder? Ojalá Cepeda –el “heredero”– se tome el trabajo de responder esta pregunta.
El “compañero Iván”, ¿sabe de las ayudas de Petro a su campaña?
Mientras el nombre de Iván Cepeda es mencionado por delincuentes en audios que son materia de investigación –que estarían exigiendo votar por él, algo que el candidato gobiernista desmiente de forma categórica–, desde la Casa de Nariño Petro no ahorra esfuerzos para que sus políticas progresistas tengan continuidad en cabeza del candidato del Pacto Histórico.
La lluvia de propaganda oficial que por estos días inunda los medios de comunicación tradicionales –los mismos que Petro despreció durante su gobierno– tiene el propósito de posicionar a Cepeda como el único candidato capaz de continuar con las políticas oficiales. Estos “ríos de miel” que a diario ofrece el Gobierno en cuñas radiales y en avisos multicolores solo podrán tener continuidad si eligen al “compañero Iván”, parece ser el mensaje implícito en cada pieza publicitaria.
¿Cuánto gasta el gobierno Petro en “vender” sus logros, al tiempo que posiciona su candidato? ¿Cuántos recursos son invertidos en tiempos de estrechez fiscal, para promocionar los “logros” del Gobierno, mientras su candidato se compromete a continuar con ellos?
El gran beneficiado del incremento exagerado de la nómina oficial es Cepeda
Ningún gobierno anterior había abusado de la “chequera oficial” para pretender sacar réditos electorales, como lo hace Gustavo Petro. Al menos, ninguno lo hizo de forma tan grosera y vulgar. No hablamos de organizaciones criminales constriñendo al sufragante en las montañas del país, o en las veredas más apartadas. De lo que se trata es de poner toda la estructura del Estado al servicio de un candidato presidencial.
Hablamos de poner a disposición de una candidatura la nómina del Estado. Petro “borró la línea ética” en ese sentido. Empleados de distintos ministerios y entidades oficiales, como el Sena, desfilan en las manifestaciones de Cepeda, por órdenes de sus superiores. ¿Qué otro candidato o candidata goza de ese privilegio? ¿Todo ello se hace a espaldas de Petro y del propio Cepeda? ¿Esa corrupción no merece ser combatida por el candidato continuista? Muy difícil que la combata cuando se beneficia de ella.
Por eso el gran beneficiado con el crecimiento de la economía –por cuenta exclusivamente del gasto oficial– es Cepeda. Esa es la razón por la cual guarda silencio ante tanto derroche. Ni bobo que fuera.




















