Morir en un motel: de la pasión al crimen

EL HERALDO indagó si existen protocolos de seguridad en estos establecimientos y cuáles son para afrontar casos como el ocurrido con la venezolana que murió a manos de su expareja dentro de una habitación.

Foto ilustración César Bolívar
En B/quilla esxisten más de 860 moteles y solo 111 están establecidos legalmente. Foto ilustración César Bolívar
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EL HERALDO indagó si existen protocolos de seguridad en estos establecimientos y cuáles son para afrontar casos como el ocurrido con la venezolana que murió a manos de su expareja dentro de una habitación.

Los dos casos de mujeres que murieron a manos de sus parejas dentro de la habitación de un motel y el de un adulto mayor que también, al parecer por causa natural, perdió vida en uno de estos establecimientos hace que surjan interrogantes como ¿por qué si entran dos personas al cuarto luego sale solo uno? Y más importante aún, ¿por qué lo permiten?

El derecho a la intimidad y privacidad que se espera al utilizar los servicios de este tipo de establecimientos no permite vigilar con cámaras de seguridad más allá de la entrada, el garaje o los pasillos, incluso hay lugares en lo que al llegar a la recepción se encuentran con un vidrio polarizado que evita el contacto cara a cara entre el administrador y  la clientela y los famosos arbustos ‘come gente’ que suelen decorar el jardín. Quizá porque todavía alrededor de estos sitios existe un tabú que pone en vergüenza a quienes deciden darse una escapada de placer que en algunos casos ha terminado en tragedia.

Solo Karines Chiquinquirá Bohórquez Rondón y Darwuin José López Vargas saben lo que pasó dentro de las cuatro paredes de la habitación del motel donde estuvieron el pasado sábado 5 de octubre entre las 9 y 10 de la noche. 

La pareja, que según sus familiares ya no estaba vinculada sentimentalmente, decidió ocupar uno de los cuartos del segundo piso de la taberna Soluciones. Quizá en un acto de amor de su parte o simplemente placer, la mujer, de nacionalidad venezolana, subió en compañía del hombre con el que se había venido de su país en busca de una mejor suerte, con ese que le dio mala vida durante los meses que convivieron, con ese que la insultaba, con el que la maltrataba, con el que la golpeaba, con ese que quizá en el fondo y pese a la desdicha, amaba.

Ese mismo hombre, Darwuin, a lo mejor con la firme intención de disfrutar un rato y luego cumplir la amenaza que había hecho semanas atrás, presuntamente tomó una de las sábanas blancas de la habitación, la enrolló en el cuello de Karines y apretó tan fuerte que ella no pudo seguir respirando. Sin niungún asomo de responsabilidad, salió del cuarto, bajó al primer piso y sin entregar ninguna explicación a los empleados del lugar del por qué salía solo, se fue sin dejar rastro, haciendo que este caso, por ahora, quede impune.

Darwuin José López Vargas es buscado por las autoridades de Policía en Barranquilla y toda la región Caribe, puesto que presumen que se ha ido a tierras guajiras.

Similar situación vivió Mery Judith Morrón Gamarra, quien también murió en medio de un encuentro de placer con su pareja sentimental Juan Carlos Bolívar Cervantes, quien luego de una discusión le propinó 14 puñaladas que le costaron la vida. Esto ocurrió el 27 de febrero de este año.

La pareja, que tenía 17 años de convivencia, también decidió compartir un rato de intimidad dentro de la habitación del motel Stewart, situado en la carrera 15 No. 62-34, barrio Los Rosales, en cercanías a la Terminal de Transportes.

En este caso, Bolívar Cervantes fue capturado en el acto cuando los gritos de dolor de la mujer alertaron a los empleados del lugar y dieron aviso inmediato a la Policía. Los agentes que llegaron encontraron al hombre con el arma homicida en la mano, la ropa llena de sangre y la víctima agonizando sobre la cama.

El 30 de septiembre un caso de muerte por “causa natural” también ocurrió dentro de un motel en Soledad. Wilfrido Antonio Barrios Urina, de 68 años, ingresó, al parecer, en compañía de una mujer al establecimiento y dos horas después fue encontrado muerto, sin signos de violencia, dentro de la habitación. La mujer con la que estaba ya había abandonado el sitio. Su muerte se debió a un supuesto infarto que habría sufrido. Sin embargo, la dama con la que entró despareció sin dejar rastro.

“Por uno pagan todos”

Los moteles surgieron como una idea de crear establecimientos que les permitieran a los viajeros que transitaban por carreteras alejadas de las ciudades, donde no había hoteles, para que pudieran descansar, dormir y pasar una noche.

El sentido cambió cuando la idea llegó a Latinoamérica y brevemente fue pasando a ser un servicio casi que exclusivo para parejas que buscan espacios para consumar las ganas de amarse y regresar a sus hogares con la energía recargada, sin gastar mucho dinero. 

Según registro de la Cámara de Comercio de Barranquilla, en la ciudad están inscritos 111 moteles. Sin embargo, en registro de la Asociación de Propietarios de Residencias y Moteles de Barranquilla (Asoremo), la capital del Atlántico cuenta con 860 establecimientos que prestan el servicio de alojamientos por horas, de los cuales gran parte son informales.

Al estigma de ser ‘lavadores de activos’ que pesa sobre los empresarios del sector motelero en Barranquilla, como dice Leonardo Duarte, propietario de cuatro establecimientos que ejercen este tipo de actividad económica y socio fundador de Asoremo, se le suma que cuando estos incidentes suceden, como es el de los asesinatos, eso termina salpicando a todos.

“No es un secreto que hay zonas del centro, por la 38, el estadio y en Soledad, donde la llegada de migrantes ha generado otro tipo de comercio alterno en los alrededores de estos establecimientos como es el sexual, el microtráfico y venta de licores en cantidades, ese no es el sentido de esta actividad”, sentenció Duarte.

El empresario también explicó que la informalidad ha influido en que cuando ocurren estos casos los propietarios y empleados no saben cómo actuar porque no tienen conocimiento de los lineamientos establecidos.

“Nosotros debemos cumplir una serie de requisitos para el correcto funcionamiento de nuestros negocios. Debemos tener un plan de contingencia ante cualquier eventualidad como un incendio, tener establecidas las rutas de evacuación, plan de seguridad en el trabajo, certificado de salubridad y un plan de gestión que es lo que concierne a verificar que cuando una pareja entra, así mismo salga, estar pendientes a su salida, retenerlos un momento mientras se inspecciona la habitación. Una persona no puede salir sola del motel hasta tanto no se compruebe el por qué la otra persona no salió con él o ella”, sostiene el hombre.

Agrega también que es fundamental contar con un personal debidamente entrenado y capacitado, pero sobre todo “satisfecho económicamente” para saber que van a responder como debe ser y no se van a “tentar”.

“Nosotros tenemos un público que ‘rechazamos’ porque sabemos que son sinónimo de problemas como lo son los menores de edad y las personas en avanzado estado de alicoramiento o estupefacientes, eso que ‘desechamos’ nosotros, los que trabajamos con la legalidad, es el público que sí reciben otro tipo de lugares y por eso pasa lo que pasa”, indicó el empresario. 

Agregó que “en este negocio hay que tener tan agudizado el oído para poder diferenciar entre un grito de placer a uno de auxilio, y la salvedad es porque hay gente que tiene gustos particularmente salvajes que a veces uno cree que le está pasando algo malo y es todo lo contrario”.

La vigilancia

 Desde la Secretaría de Gobierno distrital, Clemente Fajardo explica que la vigilancia que se ejerce sobre estos sitios en temas de seguridad corresponde exclusivamente a la Policía en el tema de alteración del orden público, suicidios, asesinatos y violencia de género que puedan presentarse dentro de las habitaciones o los predios del motel.

“A nosotros lo que nos corresponde es vigilar que estos establecimientos, así como cualquier otro comercio, tengan los papeles en regla y que ejerzan la actividad con la cual están registrados en cámaras de comercio. Pero lo cierto es que los casos que han ocurrido en estos lugares hubieran podido ocurrir en cualquier otro lugar porque es un tema de violencia contra la mujer, violencia intrafamiliar, y así como pasó en un motel hubiera podido pasar en un centro comercial. De igual manera serán las autoridades de Policía las que hagan la correspondiente investigación para determinar quién falló, si hay alguna responsabilidad del comercio en la comisión del delito, que como yo lo veo, es algo difícil de demostrar”, dijo el secretario Fajardo.

“No quieren alinearse”

 De los más de 800 moteles que hay en la ciudad de Barranquilla, solo 35 están asociados en Asoremo y esto, según explica Emilio Rodríguez, presidente de la agremiación, es porque muchos empresarios “se rehúsan a seguir unos estrictos lineamientos que nos impone tanto el Distrito como las autoridades de Policía y demás entidades con las que trabajamos mancomunadamente”.

“Lo cierto es que hay tabernas o cantinas que están prestando ilegalmente la actividad de hospedaje por horas como los moteles, se inscriben con una actividad económica y ejercen por debajo de cuerda otra. 

Aquí hay empresarios que compran una casa, adecúan cinco o seis habitaciones y ya son moteleros, sin tener las mínimas precauciones”.

Rodríguez dice que el objetivo de la asociación es hacer un acompañamiento a los propietarios de moteles y residencias no solo en Barranquilla, sino también en el Atlántico, brindar las herramientas y la información necesaria para que ejerzan la actividad con responsabilidad.

“Es gratis. Queremos que vengan, nos escuchen, que sepan cómo es que hay que realizar esta actividad y luego ya si lo consideran pueden asociarse. De esta manera minimizan todos estos problemas de violencia, suicidios u homicidios dentro de sus establecimientos. Nosotros no somos impartidores de justicia y la única manera de saber qué pasó dentro de esa habitación es cuando las personas salen, pero ahí es cuando debemos saber qué hacer”.

Darwuin López Vargas y Karines Bohórquez R.
Darwuin López Vargas y Karines Bohórquez R.

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