Por iniciativa del alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, con la colaboración de la Universidad Externado de Colombia, su rector, Hernando Parra Nieto, y el equipo de profesores e investigadores del Departamento de Derecho Penal, el pasado 10 de abril se llevó a cabo en esa institución un interesante foro para analizar desde la academia y de manera integral, el problema de la inseguridad -que no es de ahora- en la Capital de la República.
Una norma constitucional que señala que el alcalde es “la primera autoridad de policía del municipio” ha llevado a algunos a pensar que solo sobre sus hombros recae la responsabilidad de la seguridad ciudadana. En teoría, el alcalde es el jefe de la Policía, pero en la práctica, lo es el director Nacional de la Policía y su comandante en Bogotá, ambos de libre nombramiento y remoción del presidente de la República. Además, desde el punto de vista militar, el responsable es el comandante de la XIII Brigada del Ejército. Sin embargo, el alcalde Galán, desde su posesión asumió como una de sus prioridades de gobierno la resolución de la seguridad, que naturalmente, tiene muchos componentes en lo político, militar y judicial.
En el discurso de apertura hizo una completa y rigurosa exposición sobre las causas de la inseguridad y la manera de afrontarla. Aun cuando es válido para el país en general, señaló en primer lugar la necesidad de la prevención y dentro de ella, la importancia del tema social para sacar a los jóvenes de la delincuencia y de manera detallada explicó lo que se está haciendo en el Distrito.
Toda política criminal seria debe comenzar con la prevención, como nos lo enseñaba el maestro Alfonso Reyes Echandía. Destacó cómo no hay que caer en el populismo punitivo que de manera facilista pretende hacer creer que basta con tipificar delitos y aumentar penas para acabar con la impunidad. Desde luego, abordó el tema judicial sin caer en el otro facilismo de echarle la culpa a fiscales y jueces por la liberación, a veces incomprendida, de delincuentes sorprendidos en flagrancia. El problema es mucho más complejo y tiene que ver con el sistema judicial, la formación de jueces y fiscales y, agregaría yo, con la improvisación con la que se adoptó el sistema penal acusatorio.
Para que este sistema funcione se necesita el fortalecimiento de las capacidades de investigación para que la prueba técnica supere a la deleznable prueba testimonial. Es difícil la eficiencia cuando un solo investigador tiene centenares y a veces hasta miles de “órdenes de trabajo”. Y claro está, se refirió al sistema penitenciario demostrando cómo el Estado sí puede hacer cárceles que rehabiliten respetando los derechos humanos como es el caso de la Cárcel Distrital, de tiempo atrás modelo en la materia. Por algo desde hace varios años la Corte Constitucional ha declarado el “estado de cosas inconstitucional” sin que sus recomendaciones planteadas entre otros, por el magistrado Jorge Enrique Ibáñez, hayan sido acogidas.
Con toda razón, criticó la desviación desde el gobierno de la figura del “gestor de paz” utilizada como lo denunció en Bogotá, para suspender órdenes de captura contra jefes de bandas. Hubiera podido mencionar los delincuentes del “tarimazo” y la parranda vallenata en la cárcel de Itagüi, versión moderna de la “catedral” en la época de Pablo Escobar a quien también, con el pretexto de la paz, se le hicieron toda clase de concesiones. Lo secundó en esta crítica el rector Parra añadiendo que la justicia no siempre debe ser sacrificada para conseguir la paz.
En este escenario se permitió ver esa visión completa de la inseguridad y, criminólogos y penalistas de peso sugirieron soluciones. Ojalá los candidatos presidenciales, cuando hablen de resolver rápidamente el problema de la inseguridad en el país lo hagan con la seriedad que se hizo en este ambiente académico bajo la tutela del alcalde Mayor. Menos carreta y más propuestas concretas que involucren los conceptos de política criminal, justicia y paz.
UTOPÍAS
El exrector de la Universidad Nacional y exsenador, Ricardo Mosquera Mesa, escribió este ensayo para demostrar el desencanto por lo que en la década del sesenta se pensó sería el paraíso del mundo socialista. Es una apreciación crítica, sin hacer llamado a soluciones de derecha.
@gomezmendeza








