La Región Caribe es la más grande de las regiones pobres y la más pobre de las regiones grandes de Colombia. En la columna pasada vimos datos del DANE y de un reciente informe del Banco Mundial que respaldan esa afirmación. En la columna previa a esa reseñamos el libro Rezagados de P. Collier, ex Director de Estudios de Desarrollo del Banco Mundial, sobre la coexistencia de regiones pobres al lado de regiones relativamente ricas en varios países del mundo, como en Colombia; fenómeno que él atribuye al centralismo ejercido desde esas últimas.
Conscientes de tiempo atrás de esas dos realidades, el Centro de Estudios Económicos Regionales del Banco de la República (CEER), La Fundación para el Desarrollo del Caribe (Fundesarrollo), la Universidad del Norte y la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB), atendieron con diligencia el llamado de Adolfo Meisel Roca en 2017 para acometer un trabajo conjunto. El propósito: un plan a 12 años, tres gobiernos, para nivelar el lamentable estado de la región con los promedios del resto del país en cuatro temas socioeconómicos: Salud, Educación, Nutrición, Agua Potable y Saneamiento Básico y un quinto tema político administrativo: el incremento del recaudo de los entes territoriales (departamentos y municipios) para contribuir desde la región a la financiación de los objetivos trazados, estimada en 16.000 millones de dólares en los 12 años.
Las propuestas y el libro resultante llevaron por título Casa Grande Caribe en alusión a la novela de Álvaro Cepeda Samudio, sugiriendo un espacio en que quepamos todos. La pandemia durante el gobierno anterior y la afectación de las empresas minero-energéticas por el actual, de gran impacto en el Caribe a pesar de sus votantes masoquistas, agravaron las brechas. Según el DANE el total de pobres extremos del país en la región Caribe pasó del 32% en 2021 al 40% en 2024, teniendo ésta sólo el 21% de la población nacional; un drama con millones de nombres propios.
Educación es el área con mayor inversión en las propuestas. En ella se enfatiza la primera edad, la calidad de los docentes fortaleciendo su evaluación; la jornada única, que además de mejorar cobertura y calidad reduce la criminalidad juvenil en los hombres y el embarazo adolescente en las mujeres, y la eliminación del analfabetismo que hoy duplica al del resto del país. ¿Podremos votar este 31 de mayo por alguien comprometido a que La Casa Grande de Álvaro acabe para siempre con La Mala Hora de su amigo Gabo? Todos estamos a la espera.
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