El Heraldo
Levith Aldemar Rúa Rodríguez, en la audiencia de imputación del pasado viernes. Junto al él, su abogado defensor, Alberto Esguerra González. Jhonny Olivares
Judicial

Las lecciones que deja el caso de Gabriela Romero

A propósito de los hechos en los que murió la adolescente barranquillera, expertos recomiendan qué hacer y cómo controlar el impacto de las redes sociales en los jóvenes.

Después de que el juez Segundo Penal Municipal, Néstor Segundo Primera Ramírez, resolviera el viernes anterior el destino inmediato de Levith Aldemar Rúa Rodríguez por la desaparición y muerte de la estudiante del Sena Gabriela Andrea Romero Cabarcas, varias de las personas que se encontraban expectantes afuera de la sala 13 del Centro de Servicios Judiciales de Barranquilla, además de celebrar la decisión, gritaron “Todos somos Gabriela”. 

La Fiscalía, representada por el fiscal coordinador de la URI, Rodrigo Restrepo, le había imputado al expolicía Rúa Rodríguez, apodado la ‘bestia del madero’, los cargos de feminicidio agravado, desaparición forzada, acceso carnal violento agravado y hurto calificado agravado.

Levith Rúa fue enviado a la Cárcel Modelo, pese a que su abogado defensor, Alberto Esguerra González, solicitó un traslado a la cárcel para servidores públicos de Sabanalarga, alegando darle una mejor condición carcelaria a su cliente, ya que podía ser víctima de una agresión. El abogado reconoció que Rúa Rodríguez estaba dentro de una “investigación con bastante connotación” y se estaba al “frente a un hecho bastante grave, bastante notorio”, pero debía primar su “derecho a la vida”. 

¿Cómo terminó una joven de 18 años recién cumplidos hablando con un hombre doce años mayor? Expertos analizan el caso y dan sus recomendaciones.

No agregar a desconocidos

El subintendente Jhon Jaramillo, detective de la Unidad de Delitos Informáticos de la Policía Metropolitana de Barranquilla, señala que a ese tipo de situaciones se exponen los menores y los jóvenes que acceden a las redes sociales, al menos, sin un permanente control de sus progenitores. 

El uniformado admite que el acceso a redes para los menores y jóvenes es normal, pero recalca que “siempre” debe ser supervisado por los mayores. 

“Los papás pueden revisar el Facebook de los hijos, eso está permitido. Que se sienten con el hijo y revisen la red social, revisen el número de amigos, pues la tendencia es tener y tener amistades sin siquiera conocerlas. La idea es que les den recomendaciones”, sostiene. 

Otro punto que, según el detective, es clave para evitar riesgos es “no agregar a todo el que le mande invitaciones”. 

Edith Aristizábal, doctora en sicología y sicóloga forense, expresa que los padres deben tener conocimiento de las páginas y sitios web que visitan sus hijos. Advertirles de los riesgos de contactarse con personas desconocidas. Es preferible alguien que sea conocido de un amigo o compañero. 

Cuidado con los ofrecimientos

“Esas personas que quieren engañar a otros siempre buscan ofrecerle algo para tentarlos de reunirse o contactarse, por eso hay que desconfiar de ese tipo de ofrecimientos”, apunta.

Para el psicólogo y psicoterapeuta David Rolong Schweiger, los padres de familia deben lograr una cercanía con sus hijos para conocer qué hacen en las redes sociales, es decir, qué tipo de contenidos comparten e identificar si hablan con desconocidos. A su vez señala que esto no significa que deben convertirse en amigos de sus hijos puesto que “perderían la autoridad y la capacidad para orientarlos”. 

Explica que hay que poner principal atención a las personas que intenten entablar comunicación a través de redes sociales sin pertenecer a ningún vínculo social cercano. “A quienes estén más alejados de los círculos sociales de uno, son a los que más hay que tenerles recelo porque hay que preguntarse, ¿qué buscan con uno? Y, ¿para qué lo buscan a uno?”.

Frente al caso de Gabriela Romero, la estudiante del Sena, el especialista indica que a través de los chats que salieron a la luz pública se identifica que la víctima le mostró una necesidad al implicado que fue aprovechada para cometer el delito. Rolong recomienda tener cuidado con el tipo de información que se le brinda a desconocidos. 

“El consejo sería evitar contar necesidades apremiantes a personas desconocidas en las redes sociales, porque lo que no se sabe es cómo va a aprovechar esa necesidad esta persona que, en primer lugar, no conoces, en segundo lugar, no sabes cómo te contacto y, por último, evitar caer en ese juego de necesidad en la que el sujeto quiere que caiga la otra persona. Lo que se debe hacer es que si las cosas se ponen en un plano de mucha insistencia con un desconocido, es mejor bloquear la comunicación con esa persona”, agregó el psicólogo y psicoanalista.

Ana Rita Russo, directora de la maestría en Sicología clínica de la Universidad del Norte, coincide con los conceptos de los otros profesionales. 

“Los riesgos que suponen las redes son un tema obligado de padres e hijos. Los padres deben llevar a sus hijos de la mano a esa gran ciudad que se llaman las redes sociales. Aquí no hay que tener miedo a conversar, a escuchar”, anota Russo. 

Más confianza

Minelva Simanca, asesora jurídica de la Oficina de la Mujer y Equidad de Género de Distrito, expresa que los hijos deben consultar más a los padres. Dice en la relación padre-hijo debe haber mucha confianza debido a la cantidad de información que existe en el entorno. 

“En estos casos no hay que trasladar culpas. Los padres deben mantenerse actualizados, tener conocimiento de los temas, supervisar más a los hijos y estos deben tenerle confianza a los padres… Debe existir el diálogo, orientación, escuchar, estar pendientes, sin duda hay que trabajar”, manifiesta Simanca. 

Aparte, la profesional de la Oficina de la Mujer advierte que “el delincuente en este tipo de delitos es muy estratégico, está a la cacería de la víctima, busca muchas estrategias, ofreciendo trabajo, atacando partes débiles o vulnerables. Se aprovechan de la inocencia, en este caso se aprovechó de la de Gabriela”. 

Análisis: Sociedad y crimen

Jorge Bolívar Berdugo, investigador de la Universidad Simón Bolívar, menciona que la condición humana no tiene límites ni para el mal, ni para el bien. Reconoce que el hombre es un ser capaz de realizar los actos más heroicos para salvar una vida o realizar las más crueles e inhumanas conductas para acabarla.

Sobre el perfil de Levith Aldemar Rúa Rodríguez, el especialista indica que estudios explican que estas personas generalmente sufren de una seducción superficial, no se sientes capaces de enamorar ni de amar, recurren al engaño, a la violencia y al crimen, no desarrollan relaciones sociales duraderas. El criminal se va formando paulatinamente, aprendizajes y experiencias negativas, son especialmente la materia prima para la formación de una mente  criminal.

Pero es él quien va tomando las decisiones de cómo actuar, no lo hace de manera automática, no realiza sus actividades de manera mecánica, la ruta del crimen le pertenece totalmente, la piensa, la planea, la realiza, la “goza”, no la sufre son incapaces de sentir dolor, pesar, o remordimiento; por ello su resocialización es difícil, justifica su actuación y no se sentirá culpable.  

Además, Bolívar precisa que una persona como Rúa Rodríguez puede llegar a ser “absolutamente mentiroso y termina creyendo sus propias mentiras. Es estafador y manipulador, seduce con engaño, manipula a sus víctimas, generalmente niños y personas vulnerables. Carece totalmente de remordimientos, es un depredador social, con irritabilidad y agresividad frecuentes”. 

 

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