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Tomar una decisión como la que escogió Leoncio Carlos Redondo Algarín podría generar un debate marcado por diversos comentarios a favor y en contra.

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Y es que enlistarse en la línea del frente en Ucrania para repeler a los experimentados soldados rusos no es una tarea fácil, mucho menos cuando se lucha a miles de kilómetros de distancia en una de las guerras más sangrientas en la Europa oriental.

Pese a este panorama, para Felicidad de Carmen Algarín Santiago su hijo es un “guerrero”, cuyo deseo estuvo motivado por la falta de oportunidades en su natal Baranoa y en el país.

Una misión suicida

Tras varios meses de combate en el frente oriental entre las regiones de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón; el expolicía había sido enviado por sus superiores a un territorio inhóspito con el fin de rescatar a un compañero que había resultado herido en batalla.

“Hasta el 20 de enero tuvimos información de él (…) Días después, un compañero llamó al hermano y le dijo que ‘El Coste’ –de costeño– había muerto durante la extracción de un compañero que habían herido en un bunker”, contó preocupada.

Leoncio Carlos Redondo Algarín, expolicía baranoero que se fue a luchar al frente ucraniano contra Rusia.

Aquella noticia golpeó con rudeza a la familia, pero Felicidad tenía una corazonada, como si supiera que su hijo realmente no había muerto, pese a que reportaron lo peor.

“En la madrugada de hoy lunes (2 de febrero), a eso de las 2:00 a. m. llegó un mensaje de Leo que decía: ‘Madre, estoy bien. Estoy vivo. Estoy herido de la pierna. No he salido del peligro’”.

Y añadió: “Nos dijo que tenía que caminar al menos 10 kilómetros hasta una base segura, ese recorrido le tomaba tres días (…) Luego dejó de entrarle mensajes, ya que en Ucrania hay zonas en la que el internet no llega”, expresó la madre.

Finalmente, Felicidad del Carmen se refirió sobre la situación de su hijo como “complicada”, pero eleva su llamado al Gobierno Nacional pidiendo ayuda para rescatar a su hijo.

“Yo no puedo exigirle nada al Estado colombiano, mi hijo tomó la decisión por su cuenta, pero sí pido que se le ayude como ser humano, que se aplique el derecho humanitario internacional para traerlo a casa”, sentenció.

Vocación militar desde niño

“Eso fue una casualidad, porque desafortunadamente en Colombia no tuvo la oportunidad (…) Él estuvo vinculado a la Policía Nacional, pero se retiró. Desde niño, cuando tenía 16 años, me dijo: “mamá, no voy a estudiar, yo me voy para la Policía” (…) La sangre militar la llevamos por parte materna y pues a él siempre le gustó ser militar (…) Como aquí no tuvo la oportunidad, yo me siento responsable de alguna manera, porque esa información de Ucrania salió en mi celular y yo se la mostré, pero nunca pensando que él lo fuera a tomar en serio”, narró su progenitora.

‘Leo’, como sus allegados le dicen de cariño, estuvo entrenando durante al menos un año, saliendo a trotar desde Baranoa hasta Santa Verónica. La excusa para empezar su travesía a Europa: una oportunidad de trabajo en España, donde laboraban supuestamente unas primas.

“Dijo que se iba para España, porque allá había una prima y era fácil conseguir trabajo, pero cuándo nos reveló sus verdaderas intenciones yo le dije que no se fuera, que pensara en su hija, que pensara en mí (…) Leo solo me dijo: ‘Mamá, el sueldo que tengo no me alcanza, intenté en la Policía y no se pudo’ (…) No pudimos hacer nada para cambiar su modo de pensar”, contó la madre.

Equipaje liviano

Redondo Algarín se despidió de sus allegados el 23 de junio de 2025 y partió de su hogar únicamente con un pequeño bolso, en el que había guardado dos mudas de ropas y un par de zapatos.

“Ellos tenían que ir primero a Bogotá, hacer un entrenamiento (…) Yo solo oraba: “Señor, si no está para irse, devuélvemelo”, explicaba.

El viaje no iba ser fácil, tras pasar ciertas pruebas físicas y mentales, el ex policía debía embarcarse en un vuelo de Bogotá a España, una vez en Madrid debía hacer conexión a Estambul y de ahí directo a Ucrania.