La historia de cómo cientos de familias campesinas abandonaron sus tierras en Chivolo, huyendo de la ambición paramilitar de Rodrigo Tovar Pupo, comenzó a reconstruirse en las últimas versiones libres de Óscar Ospino Pacheco, alias Tolemaida, uno de sus hombres de confianza en el Bloque Norte.
La génesis del destierro fue en 1998. Vicente Castaño visitó la zona y aprobó que, por allí, las nacientes Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá incursionaran en Magdalena y Cesar.
Salvatore Mancuso, cabecilla en territorio cordobés, comisionó a un lugarteniente suyo para que junto a Tovar 'legalizaran y globalizaran los terrenos'.
Tolemaida contó ante la Fiscalía Tercera de Justicia y Paz que Jorge 40 ya se había adueñado de la finca La Pola, en Chivolo, y su estrategia fue simple y cruel. 'Reunió a todos los jornaleros y les dio un ultimátum: se van o se mueren'. Para atemorizarlos, asesinaron al líder de éstos, el pastor evangélico Antonio María Rodríguez Felizola.
En adelante, siguió el éxodo. 'Jorge toma posesión de estas tierras. Él mismo los desplaza y se matan a algunas personas. Parcela que iban quedando solas, 40 las fue tomando', confesó Ospino.
De La Pola, Tovar pasó a El Pavo, la hacienda que en informes del Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI) es señalada por víctimas como el verdadero punto que utilizó el hoy extraditado a Estados Unidos para aumentar su dominio como terrateniente.
El Pavo, calculada por Ospino como un globo de 12 mil hectáreas, era de Gustavo Bedoya y su hijo, José Bedoya Prada o El Mono, ganaderos de tradición en la región. El desmovilizado aseguró que Tovar se la compró y la acondicionó a su gusto. 'Estaba rodeada por parcelas. Él siempre vivió ahí'.
PERMISO PARA VENDER. Los abusos de Jorge 40 llegaron al punto que, quienes se atrevieron a quedarse para negociar sus terrenos, debían consultárselo primero.
'Porque tenían que pagar un impuesto por hectárea. 40 fue ubicando a gente de la seguridad suya o familiares de ellos, y les fue dando parcelas', aseveró Tolemaida. 'Por eso Codazzi —Omar Montero Martínez, uno de los cabecillas de bandas criminales más buscados actualmente por las autoridades— tiene parcela, Morocho y otros', añadió.
Mientras varias de esas propiedades fueron cedidas por sus atemorizados dueños sólo de palabra, otras —indicó Ospino—, fueron legalizadas con colaboración de autoridades locales. 'Las Autodefensas del Magdalena tenían un manejo total', afirmó.
Ayuda de GANADEROS. Ospino, excomandante del frente Juan Andrés Álvarez, también se refirió al apoyo que recibió el proyecto paramilitar de hacendados del área.
Mencionó los casos de las fincas Santa Rosa y Los Ángeles, cuyos dueños eran las familias Rodríguez Fuentes y Rodríguez Lacouture. Ambas, según el postulado, sirvieron de hospedaje para los grupos.
'Uno llegaba porque operaba en la zona. Pedíamos cosas y el administrador las entregaba'.
En su testimonio, Tolemaida vinculó a Hugues Manuel Rodríguez Fuentes como un reconocido ganadero de Valledupar al que le decían Barbie.
'Pagaba las cuotas, como todos, y era amigo personal de 40. Él financió al grupo', concluyó.
Por Germán Corcho Tróchez

















