Iván Marín ama reír pero lo dice con cierta preocupación retrospectiva, porque esa fue exactamente la condición que lo puso en “desventaja” desde el primer minuto en ‘LOL: Last One Laughing Colombia’.
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“Yo amo sonreír, amo reírme de mis colegas. Soy de esos cómicos que todavía disfruta ver a otros cómicos”, cuenta. Y en ese detalle está el problema pues el formato del programa, disponible ya en Prime Video, exige todo lo contrario.
Diez comediantes encerrados durante seis horas con una única regla: hacer reír a los demás sin reírse. El que lo logre se queda con el trofeo y con una donación de 200 millones de pesos para la fundación que representa. Parece simple en el papel. En la práctica, es una tortura emocional para alguien que, como Marín, disfruta genuinamente del humor ajeno.
“Yo iba con todo el susto del mundo pensando que iba a ser el primer eliminado”, confiesa.
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Esta tercera temporada, que se estrenó el 6 de febrero, transformó la casa estudio en un “NoveLOL”, una especie de parodia permanente de las telenovelas, donde el drama, la intriga y el romance se convirtieron en armas cómicas. Al frente volvió Jorge Enrique Abello, y fue precisamente él quien terminó de convencer a Marín de aceptar una invitación que ya había rechazado antes.
“Yo había dicho que no en la primera temporada. Me parecía un formato muy rudo. Ya conocía el programa de otros países y sentía que no iba a ser capaz. Pero Jorge Enrique tuvo mucho que ver en que cambiara de opinión. Me tranquilizó, me dijo que lo íbamos a disfrutar”.

La paradoja del programa es deliciosa, al reunir a personas que se dedican profesionalmente a hacer reír y prohibirles hacerlo. “Eso es lo raro, lo difícil y ahí está la magia”, dice Marín. Para él, el mayor reto no era inventar cosas graciosas, sino contener la reacción natural ante el talento de sus compañeros.
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El elenco de esta temporada lo confirma: Alejandra Urrea, Alerta, Endry Cardeño, Estefanía Gómez, Estiwar G, Hasaam, La Toxicosteña, Nelson Polanía “Polilla” y Tavo Rodríguez, una mezcla de actores de telenovela, humoristas de vieja guardia y nuevas figuras nacidas en redes sociales.
Ese cruce generacional fue uno de los aspectos que más le dejó la experiencia.
“Había gente que lleva décadas haciendo comedia en televisión y otros que vienen de redes sociales. Y uno descubre que hay formas muy distintas de hacer humor, pero todas muy válidas”, explica. “Yo me llevé una grata sorpresa con algunos de ellos. Son supremamente talentosos”.
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Para Marín, la evolución de la comedia no es un fenómeno nuevo. Siempre está cambiando de forma para evitar que el público se fatigue. Antes fueron los programas de televisión, luego YouTube, hoy el streaming y ahora incluso realities construidos alrededor del humor.

“La comedia siempre está intentando innovar. Aparecen propuestas completamente disruptivas como esta, que uno ni siquiera sabe cómo definir”.
En su caso personal, la evolución ha sido más interna que externa. “Creo que he cambiado en la forma de ver la comedia, sobre todo desde el respeto. Cuando era más joven medía menos las consecuencias de lo que decía. Hoy soy mucho más cuidadoso”.
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Esa reflexión es interesante dentro de un formato que, en teoría, es sin censura. Pero Marín insiste en que los límites no los pone el programa sino cada comediante. “A nadie le dijeron qué podía o no podía hacer. Nos tiraron a la guerra y cada quien decidió cuáles eran sus propios límites”.
Y ahí aparece otro tema inevitable: el juicio de las redes sociales. Para algunos humoristas, generar polémica es parte del juego. Para otros, no. “Hay quienes hacen chistes sabiendo que van a generar críticas, porque eso los motiva. A otros no nos seduce en lo más mínimo. Ambas posturas son válidas”.
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