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El endeudamiento por consumo de los hogares latinoamericanos creció un 22% frente a 2022, alcanzando niveles que no se registraban desde antes de la pandemia. Así lo dio a conocer un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Lo llamativo no es solo el aumento. Es dónde ocurre: en hogares de ingresos medios. Personas que ganan, que producen ingresos y que, aun así, terminan endeudadas.

En ese contexto, el experto y economista José González Díaz desplaza la discusión hacia otro punto. Su enfoque no parte de cuánto se gana, sino de cómo se decide. No se instala en la promesa de invertir mejor o multiplicar ingresos. Se mueve hacia un terreno menos evidente: el del criterio. La pregunta no es qué hacer con el dinero, sino desde dónde se está tomando cada decisión.

“Cuando en casa no se habla de dinero, las personas crecen tomando decisiones desde la intuición, el miedo o la urgencia, no desde el conocimiento. Nadie les enseñó a entender un crédito, a comparar opciones o a planificar, entonces terminan reaccionando en lugar de decidir. Eso se traduce en errores que no necesariamente tienen que ver con falta de ingresos, sino con falta de criterio. Se gasta sin estrategia, se adquieren deudas sin entender su impacto y se posterga la construcción de patrimonio porque no hay claridad sobre cómo hacerlo”, expresó González.

CortesíaJosé González.

Agregó que lo llamativo del dato no es solo su magnitud, es que el crecimiento se concentra, en buena parte, en hogares de ingresos medios.

“No en los más pobres, sino en personas que ganan suficiente y que, aun así, terminan endeudadas. Creen que por estar haciendo algo ya están avanzando, cuando en realidad muchas veces solo están reaccionando al ruido. Cuando hablo de ruido, me refiero al ecosistema de consumo inmediato: las redes sociales que te muestran que debes viajar por todo el mundo, así tengas que hipotecar tu casa, presionando a cualquier persona con un teléfono y una tarjeta de crédito. Compras en un clic. Cuotas que parecen pequeñas. Suscripciones que se acumulan y se olvidan. Todo diseñado para que gastar sea más fácil que pensar”, precisó el experto.

También sostuvo que en un contexto donde las redes sociales impulsan constantemente el consumo —viajes, compras, estilos de vida aspiracionales—, muchas personas terminan endeudándose por esa presión.

“El punto de partida es entender que las redes sociales no son neutrales. Están diseñadas para activar emociones que empujan al consumo inmediato, y cualquier decisión financiera tomada en ese estado tiende a erosionar el patrimonio familiar. Por eso, lo primero no es gastar mejor, es aprender a pausar. Una práctica concreta es separar la decisión del estímulo. No comprar en caliente. Dejar pasar al menos 72 horas antes de tomar una decisión relevante. Si el impulso desaparece en ese tiempo, nunca fue una necesidad, fue una reacción emocional inducida por el feed”, manifestó.