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Un mes después del fallecimiento de Eduardo Robayo Ferro, fundador de Kokoriko, se conoce que la cadena de restaurantes cambió de dueño y pasó a manos del fondo de inversión colombiano KKO.

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Esta operación significó la salida de Kokoriko del grupo IGA, el conglomerado que también tiene participación en Andrés Carne de Res, y que fue accionista de la cadena de restaurantes especializada en pollo asado y frito por unos nueve años.

La emisora ‘Caracol Radio’ reveló que la compra de Kokoriko por el fondo KKO se concretó meses atrás, aunque no se han conocido los valores económicos del acuerdo.

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KKO, integrado por inversionistas colombianos, aseguró que con este movimiento su apuesta va dirigida a robustecer la marca Kokorico, que ya está posicionada en el mercado colombiano desde hace décadas.

La idea de KKO es “potenciar” el crecimiento de la cadena de restaurantes, así como “su cercanía con los consumidores y su propuesta de valor”. Por ahora, la operación de Kokoriko no tendrá grandes cambios.

Adiós a Eduardo Robayo Ferro

El pasado 21 de marzo falleció a los 91 años Eduardo Robayo Ferro, fundador de la cadena Kokoriko, dejando tras de sí una historia empresarial que marcó varias generaciones.

Su nombre no siempre fue visible para el gran público, pero su impacto sí lo fue: está en los almuerzos familiares, en las celebraciones sencillas y en la memoria de quienes crecieron con el pollo asado como una opción infaltable. Antes de su iniciativa, este producto no tenía el lugar protagónico que hoy ocupa en la mesa de los colombianos.

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La historia comenzó a finales de la década de 1960, cuando Robayo Ferro decidió apostar por un modelo de negocio poco explorado en ese momento. Con visión comercial y disciplina, impulsó la expansión de la marca hasta convertirla en una de las cadenas más reconocidas del país, con presencia en múltiples ciudades y una identidad fácilmente reconocible.

Más allá del crecimiento empresarial, su apuesta ayudó a consolidar una industria y a generar miles de empleos, en un sector que con el tiempo se volvería altamente competitivo. Kokoriko no solo vendía pollo: estandarizó una experiencia, posicionó un producto y construyó una marca que logró permanecer vigente durante décadas.