La pregunta es inevitable: ¿Qué tal si hubiera hecho una pretemporada completa?...
Aunque todavía se encuentra lejos de su mejor versión física y futbolística, Luis Fernando Muriel Fruto ya contabiliza nueve goles con la camiseta de Junior. Dos tantos de pelota en movimiento, dos de cabeza, uno de tiro libre y cuatro de penalti (que no valen menos que los anteriores) es el aporte del tomasino en su primera campaña con el equipo de sus amores.
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Sus cifras son fotogénicas a pesar de que se ha visto mal en velocidad, reacción, fuerza y resistencia. No es riguroso titular y solo ha jugado un partido completo (el empate 1-1 ante Cúcuta el pasado viernes), principalmente por sus deficiencias en la preparación atlética. Su llegada al club rojiblanco se oficializó el día que empezaba la temporada con el primer partido de Superliga ante Santa Fe y hubo necesidad de empezar a utilizarlo sin estar listo. Comenzó a competir sin trabajo adecuado encima.
“No es un secreto para nadie que no han sido partidos fáciles para mí. Ya sabemos que llegué sin preparación y me ha costado un poco”, dijo el delantero con serenidad, madurez y franqueza en la zona mixta posterior a la victoria 2-0 sobre el Atlético Bucaramanga, el martes 24 de marzo en el estadio Romelio Martínez.
En aquella ocasión Muriel proyectó una imagen opaca, deslucida. “Vengo trabajando, realizando, prácticamente de manera simultánea con los partidos, una especie de preparación. De pronto por las ganas, por el envión (anímico de jugar en el equipo de sus amores), las cosas salieron de cierta manera. Ya cuando las cosas van más allá, realizando de manera simultánea esa preparación, he sentido un poco eso en los partidos”, comentó.
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“Estoy tranquilo, muy tranquilo, el equipo me ha respaldado muchísimo, el cuerpo técnico me ha dado una tranquilidad impresionante para poder trabajar, para poder hacer las cosas bien, y estoy seguro de que las cosas van a salir mucho mejor. Ahora que viene la parte importante, seguramente que voy a estar en plenitud de forma física y en plenitud de forma futbolística”, presagió.
Un mes y tres días después de aquellas declaraciones, Muriel no ostenta la condición competitiva ideal, pero se ve un poco mejor, con más movilidad, ritmo y participación. Y no ha dejado de estampar su firma en la red rival.
Hoy es uno de los máximos artilleros de la Liga, con nueve dianas, a solo tres del líder, Andrey Estupiñán, del Deportivo Pasto, y a solo una de los segundos, Yeison Guzmán, del América; Dayro Moreno, del Once Caldas, y Jorge Rivaldo, de Águilas Doradas.
“Pero casi todos esos goles de Muriel son de penalti”, dicen algunos aficionados como si la efectividad desde el punto blanco no tuviera mérito ni relevancia, más en un equipo que históricamente ha sufrido por la falta de acierto en esos cobros, y como si nadie más sumara tantos a través de esa vía.
Estupiñán, por ejemplo, tiene cuatro anotaciones de penalti; Guzmán acumula cinco, y Dayro, cuatro. Alfredo Morelos, de Atlético Nacional, solo suma dos desde los doce pasos porque ha desperdiciado un par de los cuatro que ejecutó.

Es decir, Muriel ha cobrado la misma cantidad de penaltis, a excepción de Guzmán, que tienen casi todos los cañoneros del campeonato. Jorge Rivaldo, de Águilas Doradas, lleva tres goles, de tres que ha pateado, desde el punto blanco.
Luis Fernando todavía no estremece las piolas de la Copa Libertadores de América. Nada más ha disputado 35 minutos, viniendo desde el banco, en los dos primeros partidos, 20 en el empate 1-1 ante Palmeiras, en Cartagena, y 15 en la derrota 1-0 ante Cerro Porteño, en Asunción.
Ojalá que ante Sporting Cristal, este martes en el estadio Alejandro Villanueva, de Lima, a partir de las 9 p. m., los goles de Muriel sigan brotando y trasciendan las fronteras. Se necesitan bastante.





















