
En aquellos años 30, cuando una Barranquilla que no excedía de los cien mil habitantes era el epicentro internacional del fútbol colombiano a lo largo del continente americano, nuestra ciudad era objeto de encuentros entre nuestros 3 o 4 primeros equipos (Sporting, Juventud y el ‘bordon’ de entonces, Juventud Junior), a nuestras playas venían equipos suramericanos y centroamericanos, pues teníamos por aquellas calendas un sólido prestigio internacional, conquistado por verdaderos dirigentes.
Y a nuestras playas llegó el Centro Gallego, que por cierto algunos cronistas de la época en nuestro medio mostraban una visible tendencia a subestimarlo, pues decían que Cuba en fútbol no era nadie, que en béisbol era otro cantar. Y cuán equivocados estaban. El Centro Gallego era un equipo fuerte que les calló la boca a más de cuatro, porque en su nómina de jugadores habían varios españoles.
Lo que más resaltaba de aquel equipo era su arquero – al parecer también de nacionalidad española – al que costaba ‘Dios y ayuda’, como dice una vieja expresión de antaño, hacerle un gol. Se lo vino a hacer Roberto Meléndez, quien tenía la pierna zurda más temible de aquellos tiempos, que a buen seguro quedan muchos octogonales que podrían certificarlos todavía a estas instancias de hoy.
Aquel gol de El Flaco Meléndez, como afectuosamente se le llamaba, les causó tremenda impresión a los dirigentes como a los jugadores del Centro Gallego. Y de vuelta a su país le enviaron a El Flaco una oferta generosa para que ingresara en el fútbol cubano vistiendo el uniforme del club Centro Gallego.
Este episodio, más la oferta en tiempos contemporáneos que le hicieron dirigentes beisboleros de Venezuela a Tomás Arrieta, constituyeron dos jalones históricos para crear sendos récords en Colombia, pues tanto Roberto Meléndez como Tomás Arrieta fueron los primeros jugadores del fútbol como del béisbol, contratados para jugar fuera de nuestro país. No son marcas como para elevar preces al cielo, pero establecen un acto incuestionable.
Hoy 31 de marzo cumple Roberto Meléndez un centenario de su nacimiento. Toda su vida de jugador (salvo su permanencia en Cuba) fue para militar en Junior. Mejor dicho, en el Juventud Junior, el club que la señora doña Micaela de Mejía fundara en segunda categoría para que jugaran sus hijos menores. Allí también matricularon a El Flaco, quien jugó cerca de 25 años en la misma divisa, como una muestra elocuente de fidelidad a una causa, en contraste con el peregrinaje de club en club de muchos futbolistas de hoy, matadores de mística, con esa norma andariega de camiseta.
Homenaje póstumo
Hoy, a partir de las 5 p.m. en la Catedral Metropolitana, se oficiará una misa de acción de gracias a la memoria de Roberto ‘Flaco’ Meléndez. Posteriormente, a las 8 p.m. en Combarranquilla sede Boston, se llevará a cabo la presentación del libro conmemorativo del centenario de su natalicio.
Por Chelo De Castro C.



























