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La delgada línea entre la confianza laboral y el respeto a la intimidad resultó siendo difusa en un reciente incidente en el municipio de Cota, Cundinamarca. Un descuido digital —dejar una sesión de WhatsApp abierta en un equipo compartido— se convirtió en el detonante de una confrontación que ya es viral.

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Una trabajadora de seguridad decidió no callar tras descubrir que dos de sus colegas habían hurgado en su vida privada, capturando incluso imágenes de sus conversaciones y archivos personales.

El caso salió a la luz a través de una denuncia ciudadana difundida por la plataforma El Informativo Cota Chía Cajicá. Según el relato de la afectada, ella pudo constatar, gracias a las mismas cámaras de seguridad del recinto, cómo sus compañeros aprovecharon el momento en que ella se retiró para revisar detalladamente su aplicación de mensajería. La intrusión solo terminó cuando la mujer, ya en su casa, se percató de la situación y cerró la sesión de forma remota.

En el video que circula en redes, se observa a la mujer encarando a los dos sujetos ante la mirada de otros empleados. Su reclamo no solo se centró en la falta de ética, sino en la gravedad de la vulneración de su dignidad como mujer y profesional. Con una mezcla de indignación y firmeza, la trabajadora advirtió que el caso pasaría de los pasillos de la empresa a los estrados judiciales.

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“Miren, esto lo voy a llevar hasta las últimas consecuencias... y acá se ve que estaban metidos en un chat y era el mío. Y dejaron la conversación hasta que yo lo cerré desde mi casa”, sentenció la vigilante durante el fuerte intercambio de palabras.

La denuncia también resalta un comportamiento cínico por parte de los señalados. Mientras ella los acusaba de tomar fotografías de sus conversaciones personales y de hurgar en informes laborales bajo una actitud de “sapos”, uno de los implicados respondió con indiferencia: “Yo no le tengo miedo a usted”. Incluso, ante la pregunta de si querían ver las grabaciones de seguridad donde quedaba registrada su actuación, los hombres simplemente pidieron “no mirarlo”.

A pesar de que los acusados intentaron minimizar el hecho y cuestionar a quienes grababan la discusión, la trabajadora fue clara en que el respeto no es negociable. “¿Me quieren ver el culo? Díganme y yo se los muestro... ¿Por qué no le toma fotos aquí cuando le dan al cuerpo?”, cuestionó.

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Hasta el momento, las autoridades locales no han emitido un comunicado oficial, pero el caso ha generado un intenso debate en redes sociales sobre la protección de datos personales en el trabajo.

En Colombia, el acceso no autorizado a sistemas informáticos o bases de datos personales puede acarrear sanciones penales, más aún cuando existe un agravante de género o abuso de confianza laboral.

La trabajadora confirmó que el proceso ya está en manos de su abogado y que los implicados deberán responder a las citaciones legales correspondientes.