“Aún no creo que las celdas que hicimos estuvieron en el espacio”

El 20 de junio pasado, la Nasa envió para su estudio celdas solares elaboradas por estudiantes del colegio Ricardo Gómez de la ranchería Ishipa en La Guajira.

Por: Sandra Guerrero @sguerrerob

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Nasa -

El 20 de junio pasado, la Nasa envió para su estudio celdas solares elaboradas por estudiantes del colegio Ricardo Gómez de la ranchería Ishipa en La Guajira.

Cada vez que José Luis Uriana mira al cielo le asombra que algo tan pequeño que hizo junto a sus compañeros de estudios en una ranchería de La Guajira haya sido enviado al espacio. “Yo supe que allá estuvieron las celdas solares que hicimos, pero aún no lo creo”, afirma  el joven wayuu que hasta el año pasado fue estudiante del colegio Ricardo Gómez de la ranchería Ishipa, ubicada en la vía entre Riohacha y Maicao.

 Uriana hizo parte del proyecto desarrollado por la corporación Del Laboratorio al Campo (DLC), una entidad  sin ánimo de lucro conformada por colombianos entrenados en las ciencias básicas, aplicadas, médicas y sociales, ingenierías, innovación social y arte, quienes apoyan desde su conocimiento y su gestión a jóvenes de las regiones más vulnerables de Colombia. 

El joven de 23 años dice que apenas termine el bachillerato quiere estudiar enfermería y reconoce que le encanta la investigación. “Me gustaría ser como los que nos visitaron”, asegura en tono bajo y en el poco español que sabe, ya que su lengua es el wayuunaiki.

José Luis, criado por sus abuelos y tíos tras la muerte de su mamá, dice que ellos los apoyan para que estudie, pero también, dice que le gustaría que la ciencia llevara bienestar a su comunidad, “para tener agua potable y que los niños no tengan que caminar horas para ir a estudiar”.

Algunos de los estudiantes que participaron en el proyecto de las celdas solares con la Nasa.
Algunos de los estudiantes que participaron en el proyecto de las celdas solares con la Nasa.

Muchas necesidades

La autoridad tradicional Natalia Aguilar narra que la mayoría va al colegio a pie y una minoría en bicicleta. “A algunos los recogemos en una camioneta que yo compré y que mantienen los profesores con sus recursos”, afirma.

Dice que para el segundo semestre del año le han anunciado el servicio de transporte escolar, lo que aliviaría en parte la movilidad.

Otro de los jóvenes del proyecto es Luis Emiro Ramírez, quien afirma que quiere ser ingeniero químico para ayudar a su comunidad en “lo más que pueda”.

Pero así como son de grandes los sueños de estos niños wayuu, son las dificultades que tienen que sortear para ir al colegio, porque además de largas caminatas de hasta tres horas, deben ayudar en sus casas. Muchos de ellos pastorean chivos o buscan agua en los jagüeyes desde muy temprano para después irse a la escuela.

Para la profesora Daineret Fuente Mengual, esta panorama hace que haya deserción, aunque también reconoce que la experiencia con Del Laboratorio al Campo son motivaciones “extras” para seguir en las aulas.

“Los niños saben ahora lo importantes que son para la sociedad, todo lo que pueden aportar y aprender, saben que son capaces de cualquier cosa que se propongan”, añade.

Igual opinión tiene el docente Víctor Cantillo quien considera que resulta “innegable” que muchas veces las necesidades alejan a los niños del estudio. “El aprender cosas nuevas en este proyecto ha sido muy motivador, pero no se puede negar que muchos estudiantes tienen dificultades”, indicó.

Daineret asegura que el colegio gestiona la posibilidad de tener de noveno a undécimo grado para que los bachilleres puedan graduarse allí sin necesidad de pasar a una institución más lejana.

Aporte wayuu

Según la directora de Del Laboratorio al Campo, Carolina Salguero, el interés de la corporación de trabajar en La Guajira surge como una necesidad de aportar a la crisis alimentaria y educativa que sufre el pueblo wayuu desde hace mucho tiempo. 

“Nuestro proyecto bandera se llama Citas (Ciencia, Innovación, Tecnología y Artes), a través del cual se les dan a los niños  herramientas de la ciencia, de la tecnología y la innovación para que pueden generar cambio a nivel local en todos los aspectos”, indicó.

Afirma que durante tres años han llevado clubes de ciencia a la ranchería Ishipa. “Allí no había infraestructura para desarrollar proyectos, pero tampoco las necesidades básicas satisfechas, por lo que para llegar a la innovación,  era necesario trabajar en lo esencial”, afirmó.

Producto de esta iniciativa José Luis y sus compañeros de los grados sexto a octavo crearon celdas solares que fueron enviadas al espacio en el cohete Orion Terrier Mejorado, desde las Instalaciones de Nasa Wallops, en el marco del programa Cubes in SpaceTM, en el que estudiantes de 11 a 18 años de edad y sus profesores pueden enviar sus experimentos al espacio en un cohete sonda y/o un globo científico de la Nasa.

Las celdas solares estuvieron por unas horas en el espacio, pues fueron enviadas para probar su resistencia a las condiciones adversas, que no podrían generarse desde un laboratorio, como por ejemplo las fuerzas gravitacionales, la microgravedad, los altos niveles de vibración, los cambios de temperatura y la radiación electromagnética. 

El lanzamiento se hizo el pasado 20 de junio en el estado de Virginia. Este proyecto culminará con un artículo científico elaborado por un grupo interdisciplinario que publicará los resultados del experimento.

Las celdas solares de los niños wayuu.
Las celdas solares de los niños wayuu.

Las celdas solares

José Darío Perea investigador colombiano en el Laboratorio Fotovoltaico del Massachusetts Institute of Technology (MIT) en Estados Unidos e investigador principal en el proyecto que busca entender los efectos del espacio exterior en celdas solares de diferentes clases, afirmó que estas han sido ampliamente usadas en diferentes misiones espaciales: satélites, sondas, telescopios, robots y rovers (como los que están en Marte), entre otros.

Durante el despegue se enteraron que además de ser las primeras celdas orgánicas y de perovskitas (mineral) lanzadas al espacio, son las primeras celdas solares realizadas por jóvenes indígenas. Por ende, además de ser un hito histórico para la comunidad wayuu, es también una oportunidad para reconocer los esfuerzos que realizan profesionales colombianos para generar soluciones transdisciplinares en comunidades donde no hay electricidad, agua potable y soberanía alimentaria.

Explica que Daniel Cruz, uno de los miembros fundadores de Del Laboratorio al Campo y candidato a doctorado en el Instituto de Coloides e Interfaces del Max Planck Institute de Alemania, viaja anualmente desde Berlín hasta Riohacha para compartir sus conocimientos con los niños de la comunidad wayuu Ishipa.

“Este año, además de donar su tiempo, Daniel donó (y transportó en su equipaje desde Alemania) todos los materiales utilizados para que sus estudiantes pudieran crear celdas solares en la ranchería”, afirmó.

Simultáneamente, en compañía de Víctor A. Rodríguez-Toro -estudiante de doctorado de Georgia Institute of Technology (Georgia Tech) en Estados Unidos- y con el apoyo del profesor Christoph Brabec de la Friedrich Alexander Univesitat (FAU) en Alemania, tuvieron la oportunidad de crear celdas solares en uno de los mejores laboratorios fotovoltaicos de Alemania con estudiantes de bachillerato que participaron en el club de ciencia en Cali.

“En ese momento nos dimos cuenta que teníamos un proyecto científico de gran impacto social; por ende, decidí gestionar una alianza con la Fundación Stellam, quienes ha venido reuniendo diversos proyectos acompañados por científicos colombianos en la diáspora y niños provenientes de diversas partes del país, entre ellos el nuestro”, agregó Perea.

Igualmente explicó que el  impacto de este proyecto es la contribución al conocimiento que se obtenga del estudio, ya que este beneficiará tanto a la academia como a la industria.

“Desde el punto de vista social, los proyectos donde se vinculan jóvenes, en especial provenientes de regiones vulnerables, son un motor de cambio. Muchos no tendrían grandes aspiraciones antes de participar en nuestro proyecto, pero hoy muchos de ellos quieren enfocar sus estudios en Stem (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas) y para así ayudar a sus comunidades”, aseguró.

En el lanzamiento de las celdas solares al espacio, la  Fundación Stellam participó también con jóvenes de Hibácharo, Piojó en el Atlántico y jóvenes del Chocó, con otros proyectos y otros que viajarán al espacio en septiembre desde Fort Sumner, Nuevo México en Nasa Columbia Scientific Balloon Facility (CSBF) gracias a Cubes in SpaceTM.

Danza por La Guajira

Adicionalmente al proyecto científico, Del Laboratorio al Campo, con apoyo de 15 compañías y escuelas de danza de Bogotá realizará una jornada maratónica de danza el 15 de septiembre próximo. Con la compra de entradas apoyarán la Institución Educativa Ricardo Gómez –que atiende a cerca de 150 niñas, niños y jóvenes wayuu de los 3 a 21 años–, en la construcción de un tanque elevado que permitirá asegurar el suministro de agua potable, tanto para la institución educativa como para las familias que viven a su alrededor.

Adicionalmente, realiza la construcción de al menos una huerta que les permita iniciar un camino hacia su soberanía alimentaria y volver a cultivar los productos agrícolas propios de su dieta tradicional wayuu, como un esfuerzo de lucha contra la desnutrición infantil y la mendicidad.

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