Barranquilla

“A Guáimaro se lo va a tragar el río”

Habitantes del corregimiento de Salamina, Magdalena, aseguran que la situación de la erosión a orillas del río esta acabando con el pueblo desde hace unos 20 años.  

Una valla grande y recién colocada anuncia en letras grandes una  “obra en marcha” en el corregimiento de Guáimaro, Salamina, Magdalena. A tan solo metro y medio de distancia de la publicidad está la ribera del el río Magdalena, cuyas orillas se encuentran visiblemente erosionadas.

La estructura metálica ubicada frente al muelle del pueblo informa que se está llevando a cabo la “Recuperación de la Orilla Ribereña en los puntos críticos del corregimiento”, y agrega otros datos. Valor del “contrato por 3320.8  smmlv” (salario mínimo mensual legal vigente), sin precisar en pesos cuánto dinero es, e indica además que el plazo de entrega es de “4 meses”, sin dejar de lado un render que explica  cómo quedará la obra. En la parte de abajo de la valla hay dos logos grandes, uno de Cormagdalena y otro de la Alcaldía de Salamina.

Desde una lancha sobre el río se aprecia además decenas de pilotes de hierros grandes derribados. “Esos los pusieron solo hace 8 días y ya se cayeron”, dice el conductor de la embarcación.

Es jueves por la mañana y, una vez en tierra, no se ve gente  trabajando en la obra. Solo una fila de tubos oxidados y doblados sobre el afluente y otros tantos arrumados a escasos metros de la valla que sirven de entretenimiento para un niño que está escalándolos.

La orilla del río en el corregimiento esta desolada. Grietas, barrancos, y polvo son las reinantes. El pueblo parece estar mudo. “¡Eso no tardará en caerse!”, rompe con el silencio el grito una mujer tratando de advertir el peligro del camino, pero también da indicios de que quiere manifestar algo.

Evelis Lara, quién está sentada en la terraza de su casa junto a su familia, se peina el cabello con las manos y señala que la erosión en el pueblo “lleva un poco de años”. 

“Ese camino que está desbarrancado tenía dos calles de ancho. Allí la erosión se ha comido casas, vías y plata. Bastante plata de los paños de agua tibia que colocan las autoridades para tratar de evitar la situación”, dice Lara, y asegura que “la engañaron” diciéndole que le iban a pagar parte del patio de su casa que cedió para que realicen las obras de contención, pero nunca “vio el dinero”.

La mujer asegura que los tubos, que están derrumbados, llevan construyéndolos “desde hace meses, pero nunca terminan porque siempre se caen”. “Perfilaron el terreno, colocaron unos tubos nuevamente, pero ahí está, se volvieron a caer”, dice.

El HERALDO hizo un recorrido por las calles de Guáimaro y evidenció que las casas, que se encuentran cerca al río, están agrietadas y otras más están derrumbadas. “A Guáimaro se lo va a tragar el río dentro de poco y el pueblo a desaparecer”, dicen un grupo de hombres que se encuentran sentados sobre una pila de tubos.

José Charris, un hombre de 80 años, dice “que toda su vida” ha  vivido en el corregimiento y explica que la situación de la erosión lleva “más de 20 años”.

“Todos los gobiernos vienen y dicen que harán algo y nunca resuelven de fondo el problema”, denuncia Charris  y señala que el sedimento del pueblo es el que le está “generando” los problemas al río en Barranquilla.

El hombre, quien tiene un pequeño hotel en su casa, detalla que todos los meses “hace trabajos de reparación” en su vivienda tratando de evitar las consecuencias de  la erosión. “Le he pedido ayuda a la Alcaldía  y ellos dicen que no hay recursos, pero en época de buscar votos vienen y se toman fotos acá a la orilla del río haciéndonos promesas que nunca cumplen”, cuenta.

María Orozco, otra habitante del pueblo dice que “el comelín” es un problema serio que “nadie ha querido ver”, debido a que “llevan años estudiando la problemática”. 

“Han hecho estudios, han realizado obras, vienen ingenieros y políticos y ninguno ha dado con una solución al problema. Esto es cuestión de voluntad para poder evitar una tragedia que obligue invertir más recursos de los que se puede llevar una buena obra”, manifiesta Orozco. 

Calamidad pública

En febrero del 2018 ante la alerta por la avanzada erosión,  la alcaldía de Salamina, declaró la calamidad pública y llamó la atención de las autoridades competentes del orden nacional para atender el clamor de los habitantes,  angustiados porque “Guaimaro está a punto de partirse en dos”.

Para esa fecha, en un Consejo Municipal de Gestión del Riesgo realizado  en la plaza central de la comarca, el mandatario local, José Nicolás Díaz Marchena, expidió el acto administrativo y explicó a la comunidad las acciones que se pretendían llevar a cabo para tranquilizar a los pobladores.

Tras tocar las puertas del Gobierno Nacional se consiguió financiar con recursos del Ocad Ribereño los trabajos de mitigación, en el orden de los  $2.600 millones. El dinero fue comprometido en una mesa de trabajo interinstitucional realizada en Bogotá y a la que asistieron la gobernadora del Magdalena, Rosa Cotes, y el alcalde del territorio afectado, José Díaz Marchena.

Con estos recursos se iniciaron las obras de protección, pero los pilotes que hincaban se caían y hubo que paralizar las obras. 

Nuevo estudio 

Por solicitud de la Alcaldía de Salamina, ingenieros de la Universidad del Norte, realizaron inspeccionaron el área y delante de la dirigencia comunal y las autoridades del orden municipal y departamental, expusieron las razones del impase.

Explicaron que “hubo un problema  especial, y es que justamente en el sitio donde hay una hilera de aproximadamente 50 metros de pilotes, el suelo es débil, de tal forma que en esas condiciones la obra tiene que reconfigurarse de otra manera”.

Así las cosas, a través de esta universidad, surgirá un estudio profundo en el que se están considerando utilizar obras complementarias  o de tipo hidráulico que enfocara más a la parte del río, ya sean espolones o diques sumergidos. “Por ahora no hay nada definitivo, pues habrá que esperar el resultado de los estudios”, se indicó.

Daddy Gutiérrez, directora de Unidad de Gestión del Riesgo del Magdalena, sostiene que una vez la Universidad del Norte determine qué tipo de obras se ´podría realizar para evitar una catástrofe, “procederemos a buscar los recursos de donde sea para financiarla”.

“Estamos preocupados, pero igualmente confiamos en la experticia de los profesionales, pero también esperanzados y aferrados a  la voluntad del Señor”, comentó.

El pueblo 

Gran delta del río Magdalena, en una llanura de inundación compuesta por numerosos caños y pantanos de gran tamaño que son alimentados por las inundaciones del Río, haciéndolo generalmente plano, bajo y cenagoso.

Cuenta con una altura de 6 metros sobre el nivel del mar y su temperatura promedia en unos 35 grados centígrados..

La dinámica propia del río  ha estado siempre presente en el desarrollo de la vida de los habitantes, tanto así, que es a través del afluente como se accede con mayor facilidad al corregimiento, convirtiéndolo en su principal vía de comunicación e intercambio.

Este corregimiento –el único que tiene el municipio de Salamina– está distante de la capital, Santa Marta, unos 175 kilómetros.

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