Todo está a medias: la pintura de las paredes, el balcón y sus ventanas, las columnas de cemento, el jardín, la fachada. En el Museo Romántico de Barranquilla su infraestructura deteriorada y el polvo que acapara a las 15.000 piezas anuncian un olvido, pero también una resistencia a irse.
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Luego de que la capilla de San Nicolás se quemara, la falta de recursos obligara su cierre y el comején invadiera violentamente el museo, el grupo de vigías del patrimonio tomó las riendas del lugar en el 2019.
Son un equipo de 15 personas en el que muchos de los que participan tienen estudios en arquitectura, economía e historia. Los jóvenes y adultos voluntarios lideran la recuperación del Museo Romántico, un proyecto que tiene la intención de restablecer la memoria histórica de la ciudad de Barranquilla y la infraestructura de la casa.
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Alguno de los acabados que han restaurado hasta el momento son las rejas de las ventanas del primer piso y las de la terraza; construyeron una rampa para las personas que cuentan con movilidad reducida; parte de la fachada está pintada; las cuatro salas principales de la primera planta ya cuentan con sus piezas organizadas, y actualmente las utilizan para hacer exposiciones de arte.
De a poco se levantan los cimientos de la historia de la ciudad, pero lo cierto es que al grupo aún le queda mucho camino por recorrer. Parte del primer piso está en obra negra y las salas son utilizadas como una especie de bodegas de las miles de piezas que resguardan en la segunda planta.
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Aunque el Museo Romántico de Barranquilla fue fundado en 1983 por el escritor e historiador Alfredo de la Espriella, lleva alrededor de 100 años desde que se construyó la casa de la familia Freund Strunz, también fundadores del museo. Por lo que una de las principales afectaciones es el deterioro acelerado del edificio por la falta de mantenimiento.
Por otro lado, además de la recuperación del mismo, los integrantes buscan restaurar las piezas, crear un espacio para mantenerlas en condiciones óptimas y verificar que pueda ser enseñado al público, ya que también pretenden posicionar el museo como material de investigación.
Con uñas y dientes
Cuando el grupo de vigía inició labores se decidió que debían entender lo que había dentro de la casa. De esa forma, se dieron cuenta de que muchas de las piezas, elementos, inmobiliarios, obras de arte y acervo documental que el escritor había guardado, conservaban aún su riqueza histórica. Razón por la cual, ha sido poco lo que se ha desechado. Todas cuentan algo de la ciudad.
Una de las principales fuentes de financiación son los recorridos, en los cuales reciben a estudiantes y docentes. También las donaciones y actividades como charlas, talleres y festivales les han permitido solventar las necesidades del museo. Y en ese mismo sentido, volver a otorgarle un reconocimiento.
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Una de las actividades que llevaron a cabo cuando emprendieron el proyecto fueron las tertulias ‘Al pie del cañón’. Lograron realizar cuatro hasta que llegó la pandemia, época que los obligó a hacer solamente trabajos de inspección, limpieza y mermar el deterioro inherente en el museo.
En el 2022 tomaron todas las piezas del primer piso, las subieron al segundo y empezaron con las exposiciones en la primera planta. Así, en febrero del mismo año inauguraron su primera exposición, que llevaba el nombre ‘Carnaval de Antaño’ y que realizaron con el Archivo Histórico del Atlántico.
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El siguiente año llevaron a cabo uno de los eventos más importantes para el equipo, la reapertura del museo. Tuvo lugar el 13 de julio y asistieron más de 200 personas. Fue un espacio en el que el arte tuvo el papel protagónico: las exposiciones, un evento performance, el teatro, la música y los cócteles le anunciaron a la ciudadanía que el Museo Romántico seguía firme.
Ese mismo año, tuvieron el Festival de Boleros en el Teatro José Consuegra, el cual se realizó con el apoyo de empresarios que aportaron su ‘grano de arena’ para que los artistas pudieran presentarse.
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Mucho de lo que tienen han sido por donaciones. El bar Euphoria les donó la reja de las terrazas y parte de la fachada fue donada por la familia Neva Allemand cuando realizaron la exposición de su mamá.
Por otra parte, uno de los principales desafíos fue el polvo y el desconocimiento de las instalaciones. Y con el tiempo llegaron otras complicaciones, como la seguridad (ya que resguardan colecciones antiquísimas), y que las piezas necesitan un control ambiental ya que son figuras que datan del siglo XVIII.
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Durante la pandemia sufrieron varios contratiempos. Además de que les robaron las rejas, una palmera que tenían frente al museo se cayó y chocó contra los cables, lo que ocasionó que las hojas se incendiaran y se deterioraran aún más las rejas de la terraza.
Alfredo para siempre
De acuerdo con Juan Insignares, integrante del grupo de vigías, De la Espriella tenía la intención de retratar la ciudad en el museo y no solo palparlas en la información que las obras de arte podrían suministrar, sino también en adecuar la infraestructura en lugares alusivos de Barranquilla, como el Paseo Bolívar.
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Por consiguiente, el historiador se encargó de plasmar el registro cultural e histórico de la ciudad, como el inicio de la aviación en Barranquilla, la comunidad judía, la máquina con la que escribía Gabriel García Márquez en EL HERALDO y cuadros de la emancipación de la esclavitud en Colombia.
En una entrevista que se le realizó a Gloria Díaz De la Espriella, esposa de Alfredo, comentó: “yo trabajaba con él en el museo, vivíamos allá prácticamente porque esa era la vida de Alfredo y yo nunca lo dejé solo. Éramos un gran equipo y tuve la fortuna de ver muy cerca sus triunfos, pero también acompañarlo en sus derrotas y salir adelante”, expresó en su momento.
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Y confesó, con mucho descontento, que Barranquilla “ha sido muy desagradecida” con Alfredo. “Ese hombre perdió tantas oportunidades laborales fuera del país por dedicarse de lleno al Museo. Me tiene muy decepcionada ver cómo se encuentra en este momento este espacio, como lo han dejado perder porque ahí ya no hay nada que pueda rescatarse”.
Queda poco de la mente lúcida que solía explicar cada pieza con romanticismo y prosa. Alfredo vive a unas casas de su museo, pero en su mente ya no se conservan los vastos conocimientos de cada figura artística debido al alzheimer.
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Con 98 años de vida, De la Espriella casi no musita palabra alguna. Permanece en su casa descansando debido a que camina poco. De vez en cuando tiene espasmos de lucidez y expresa que nació en la carrera 54, lo que es cierto, pues su madre lo tuvo en el barrio El Prado.
Resulta irónico cómo un hombre que archivaba la vasta historia de la ciudad y del mundo, no le fue suficiente para llegar a esa edad con la mente sana. Y que del mismo olvido ha sufrido el museo que un día tanto le costó construir y sostener.
Conocer la historia
Madeley Castaño, coordinadora del proyecto, tiene esperanza. Esperanza de que las miles de piezas que resguardan dejen de estar llenas de polvo y estén, un día quizás no muy distante, al ojo público.
Con respecto a lo anterior, Castaño confiesa que es una visión muy romántica de la vida, pues la crisis financiera y una casa que día a día se deteriora son algunos factores que los obliga a enfrentarse a la realidad. Aun así, no se han rendido: restaurar el Museo Romántico significa para ellos la oportunidad de devolverle a los barranquilleros el conocimiento de quienes han sido y para dónde van.
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“Barranquilla es una de las ciudades más importantes que tiene el país. Por ello tiene el título de Puerta de Oro de Colombia. Fue la puerta por donde ingresaron los hitos más importantes que tiene el país, como la aviación y el correo. Mucho del crecimiento industrial también se dio por acá, entonces son aspectos que hacen a una ciudad importante para su nación y el mundo”, relató.
Asimismo, comentó la trascendencia de un museo para cualquier ciudadanía: “¿Cuántos saben todo lo que acabo de decir? parte del proceso de entender por qué es importante un museo que cuenta la historia de una ciudad, es entender que nos conecta con nuestra propia historia”, explicó la joven.
Vigi Fest
El Vigi Fest es una de las alternativas que han creado para poder financiar la restauración del museo. En el festival, distintos emprendimientos y actividades son exhibidas en la fecha que se lleva a cabo.
En el marco del mes del Patrimonio, el grupo de vigías realizará una segunda versión del festival del 16 al 22 de septiembre. En esta ocasión el itinerario incluye música en vivo, charlas y la feria de emprendimiento. Finalmente, planean cerrar el festival con un concierto en la Iglesia San José a las 4:00 p. m.
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Además, tendrán la exposición ‘La Plaza de la Paz: Primer Diseño, Crecimiento Urbano y Constructivo de Barranquilla’, un espacio en el que buscan difundir información sobre el emblemático lugar y la ciudad.
En el conversatorio expondrán la evolución de la Plaza y estará disponible en la Galería de la Plaza de la Paz el 10 de septiembre a las 10:00 a. m. La entrada será libre para todo público.


