Atlántico

Rostros de la Semana Mayor: el cambio de la tradición

Siete voces relatan que “la celebración ya no es la misma” a causa de una pandemia que puso a prueba su fe. Anhelan vivir esta época como antes.

Llegamos a la Plaza de San Nicolás con cámara, trípode y micrófonos en mano, listos para grabar. En el lugar no encontramos ningún puesto con artículos religiosos. “Preguntando se llega a Roma” dijo el videógrafo, mientras emprendimos la búsqueda exhaustiva que tardó toda la mañana. Regresamos al inicio para marcharnos y allí estaba un vendedor, que apenas llegaba, para organizar en su caseta los productos que ofrece diariamente.

En otra época, las ventas de artículos alusivos a la Semana Mayor estarían disparadas. Este año, al igual que el pasado, los vendedores informales, feligreses, penitentes y miembros católicos que contribuyen a estas manifestaciones, se vieron puestos a prueba por los estragos de la pandemia que produjeron cambios en sus tradiciones.

Marciano Iglesias hace entrega simbólica de la trompeta a Ronaldo Mercado.
Campesino trompetero de Sabanalarga hace entrega simbólica del instrumento a su sucesor

Se hizo oficial lo que en 2018 ocurrió: la entrega del instrumento que anuncia la muerte y resurrección de Cristo a Ronaldo Mercado.

En un acto solemne presenciado por EL HERALDO, Marciano Iglesias, el campesino que llevaba tocando la trompeta en Sabanalarga durante 60 años, dejó el mando de la tradición de Semana Santa al joven que hace parte del grupo de los Hermanos Apóstoles en el municipio.

En las calles del pueblo se escuchó a Marciano tocar ininterrumpidamente el instrumento desde 1961 hasta 2018. Problemas de salud llevaron a que el hombre cediera la trompeta a otra persona, una decisión que le ha costado lágrimas.

“Le digo que todavía cuando escucho el sonido de la trompeta, mi corazón palpita y lloro porque yo hice el juramento de que mientras estuviera vivo esa trompeta tenía que sonar de mis labios; pero bueno, vivo estoy, pero no la puedo tocar ahora. Llegará ese momento”, dijo Iglesias a EL HERALDO.

El hombre de 81 años se dedica al cultivo de yuca, maíz, guandú y mango, una labor que le permitió sostener, al lado de su esposa Elis Ahumada, a su numerosa familia conformada por 11 hijos. Elis falleció hace siete meses por la covid-19.

“Estuve todo el tiempo encerrado y no sé cómo llegó el contagio. Mi esposa desafortunadamente murió para la gloria de Dios. Ella perdió su vida y por algo quedé yo. Aquí sigo todo adolorido por su partida y también porque quisiera estar haciendo lo que prometí cuando llegué a la iglesia, pero ajá, no se puede”.

Para Marciano, no fue fácil ceder el instrumento, por lo que hallar a la persona idónea fue una tarea que le costó tiempo y determinación. Finalmente eligió a Ronaldo Mercado, un joven de 23 años que se dedica a la ebanistería y que desde 2014 hace parte activa de la Iglesia Católica.

“En el 2018 el señor Iglesias me confió la trompeta y eso fue un temor que me dio porque sentía que me la iba a embarrar en la procesión, pero con el tiempo esos errores se van mejorando. Uno le pide a Dios que le dé la fuerza suficiente para que el toque salga perfecto”, expresó.

Ronaldo cuenta que el año pasado no hubo Semana Santa en Sabanalarga; sin embargo, en medio del confinamiento salió por las calles de su terruño a hacer el toque.  Este año, la celebración se vivirá sin procesiones y con el aforo permitido en las iglesias.

“Este año las imágenes no llevan cargadores, solamente irán en un tráiler. Esta vez habrá un cambio drástico, se pintaba algo más normal, pero solo será el recorrido. La gente estará desde las puertas de sus casas viviendo las representaciones que por allí pasen”.

Mercado se comprometió frente a Marciano a no dejar morir la tradición de la trompeta, y aunque en algún momento llegue a irse del pueblo, volverá en Semana Santa.

“Hasta que Dios me tenga con vida yo seguiré con esto porque es algo que ofrecí y no puedo dejar de hacerlo. Así que tengo este compromiso conmigo mismo y con Dios de por vida”, finalizó.

Yanelys Blanco, de Sabanalarga, camina hacia atrás en las procesiones.
La penitente que recibió un milagro de Santa Verónica

Su alma vio el milagro que por muchos años había pedido. Yanelys Blanco no logró salir de su discapacidad visual, pero sí concibió a su hija, una de las razones que la motivó a caminar hacia atrás por las calles de Sabanalarga en las procesiones de Semana Santa.

“Esa fue mi fe puesta en el señor Jesucristo. De pronto devolverme la vista no se pudo, pero para mí en estos momentos el milagro más grande que me hizo fue mi hija de cinco meses, toda la vida lo había pedido. Hace dos años me casé y afortunadamente la tuve“, contó la mujer de 41 años.

Blanco nació sin poder ver, por lo que su abuela materna le pidió año tras año a Santa Verónica que le hiciera el milagro de la vista a su nieta. Nunca sucedió, pero aún así desde el primer año, Yanelys asiste a las procesiones realizadas en la Semana Mayor caminando solo de frente a la imagen de la figura religiosa.

La Verónica, según la tradición cristiana, fue la mujer que, durante el Viacrucis, tendió a Cristo un paño para que se limpiara el sudor y la sangre. En la tela habría quedado milagrosamente impreso el Santo Rostro.

Yanelys atribuye todo lo bueno que le pasa a su devota manifestación que año tras año realiza en Semana Santa. Con este, ya van dos celebraciones que no puede salir a caminar de espaldas frente a La Verónica, pero seguirá orando desde casa.

“Hasta seis, siete horas duraba caminando los miércoles y viernes de Semana Santa, que son los días en los que salgo. Yo lo hago porque es la penitencia que me dejó mi abuela y es una tradición que debo seguir”, aseguró.

La sabanalarguera espera con fervor que acabe la pandemia para volver a las procesiones. Afirma, además, que su “discapacidad visual no le ha impedido nada” y que el hecho de no ver a su hija “no le importa” porque la ve con sus manos y es una “gran satisfacción”. Yanelys es el testimonio de que no se necesita tener la vista del paisaje para poder atravesar por él en compañía de su bastón.

Así se viste Sergio Guette para salir a la procesión.
Flagelante espera que pase la pandemia para pagar sus mandas

Un calvario sangriento para muchos, pero para otros la máxima prueba de fe. El Viernes Santo es el día predilecto en el que los penitentes de Santo Tomás realizan el recorrido por el pueblo, dándose látigo. La práctica simboliza el pago de promesas hechas a Cristo, luego de recibir un milagro.

A pie descalzo y sobre el asfalto caliente que termina causándole muchas ampollas, hombres con el pecho descubierto y su cara tapada con un velo blanco, finalizan el recorrido cortando los coágulos de sangre que quedan como resultado de los golpes.

Sergio Guette, de 71 años, es uno de los flagelantes que realiza esta manifestación rechazada por la iglesia. Cuenta que su padre lo instruyó por ese camino y desde 1975 sale a darse látigo pagando las mandas que debe.

“Uno cuando está pagando la manda lo hace con fe, pegarse es sinónimo de fe, pero hay otros que solo lo pagan para el público y van en el recorrido tomando ron. Yo no, yo sí lo hago con consciencia y respeto”, dijo a EL HERALDO.

Son siete incisiones las que deben hacerles en siete cruces, esto para representar las frases que Jesús pronunció antes de su suplicio en la cruz. Pero no es esto lo más doloroso para Sergio. En su caso, el estar descalzo es lo que más le dificulta el recorrido. Sin embargo, nunca ha parado, siempre los culmina.

“El primer año que yo le pagué la manda a mi papá, que fue cuando comencé, sí sufrí bastante, me dolía mucho la espalda pero es mejor eso porque después no hay paz si no lo hacemos. Esto es una tradición y luego seguí haciéndolo por peticiones que hice por la salud de mi sobrina y la salud de mi hijo”.

Desde el año pasado por la ausencia de procesiones, Sergio no se autoflagela, pero asegura que cuando la pandemia termine y la Semana Santa en Santo Tomás retome su curso habitual, estará presente haciendo el recorrido en el que paga sus promesas.

“Cuando va llegando Semana Santa le cae a uno una rasquiña en las partes donde uno se golpea, pero ya como no se puede, no se hace. Hasta cuando se vaya la pandemia es que podremos volverlo a hacer”, expresó.

Desde niña, Romy López era parte activa de los coros de las iglesias en Barranquilla.
Una feligresa devota que vivirá en su casa la Semana Mayor

Pintar es su pasión, pero “Dios es quien permite que esas pinceladas se den”, según Romy López. La barranquillera es fiel devota de su Iglesia Católica, en la que participaba activamente cantando en las eucaristías desde muy niña.

Dos años atrás, López seguía siendo la cuota musical de varios templos en la ciudad junto a su hijo Gustavo, que tocaba el órgano. Ambos en una sola sintonía amenizaban los cultos dominicales.

“Esa era una época maravillosa porque desde muy joven me fui metiendo en los coros de la iglesia San Francisco, pero después me fueron llamando de otras partes y sí se fue acabando un coro seguía en otro. Después empecé a trabajar en música con mi hijo y cantaba en varias iglesias de la ciudad”.

En la actualidad, Romy siente “tristeza por el encierro” y aunque ya recibió la primera dosis de la vacuna, no piensa visitar ningún templo en Semana Santa.

“Recibiré esta semana aquí en el apartamento, haciendo oración en los momentos en que haya que hacerla, viendo lo que nos presentan las programadoras en televisión y asistiendo virtualmente, porque aunque me siento encerrada y cohibida, me da miedo salir”, afirmó.

Ahora, Romy guarda las esperanzas de volver a vivir su fe en la iglesia, rodeada de personas, cantando, recibiendo la palabra y sintiendo “la tranquilidad que produce el templo”.

 
“Antes nos reíamos de la vida, ahora la vida se ríe de nosotros”

Sahiro Sarmiento y Yudys Castellano comparten el mismo oficio, lugar donde lo ejercen y la crisis económica que han pasado por la covid-19.

Ambos negocios, ubicados en la Plaza de San Nicolás, han vivido los estragos ocasionados por la pandemia. Al ser vendedores informales que dependen del día a día, restricciones impuestas por las autoridades a lo largo de la temporada pandémica, los han perjudicado. Anhelan que las épocas que antes vivían en Semana Santa regresen.

“Anteriormente nosotros nos reíamos de la vida, pero ahora la vida es la que se ríe de nosotros porque no hay nada que hacer. Antes yo vendía $100.000 diarios y ahora no llego ni a $20.000”, dijo Yudys a EL HERALDO.

Sahiro coincide en que las ventas han bajado y lo que antes se hacía en un día de la celebración, ahora se lo hace en la semana completa. “En un día santo me hacía entre $800.000 a $1.000.000, ahora no llego a eso ni en la semana”

Sin embargo, él y su esposa Claudina Tisoy le han apostado a la virtualidad.  “Esto nos ayudó a que implementáramos muchas cosas. Por ejemplo, ahora se han disparado las ventas de imágenes para que las mismas personas las pinten. El voz a voz también nos ha ayudado”.

Los vendedores coinciden en que la pandemia puso a prueba su fe, pero “le piden a Dios fuerzas y aliento” para seguir adelante con sus puestos de venta.

Yudys Castellano vende sahumerios hace 25 años.
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