Compartir:

Hablar de salud mental en niñas, niños y adolescentes todavía es un tema que incomoda. En muchos hogares sigue siendo un tema que se evita, se minimiza o se disfraza bajo frases como “eso es una etapa” o “ya se le pasa”. Sin embargo, las cifras han dejado claro que el silencio no es una opción.

El Ministerio de Salud y Unicef han alertado que cerca del 50% de niñas, niños y adolescentes en Colombia presenta indicios de algún problema o trastorno mental. A eso se suma que, entre enero y agosto de 2024, se registraron 183 suicidios en menores de edad en el país.

Leer más: Más de 196 mil Vehículos se movilizan en Atlántico en medio del plan retorno por semana mayor

Además, el sistema de vigilancia en salud pública ha reportado más de 16.500 intentos de suicidio, a corte de junio de 2025, siendo los adolescentes el grupo más vulnerable. A esto se suma que el 23 % de los estudiantes ha sufrido algún tipo de acoso escolar, de acuerdo con el sistema unificado de convivencia escolar del Ministerio de Educación.

En una reciente visita a la ciudad de Barranquilla, el equipo de Red PaPaz –organización que desde 2003 trabaja por la defensa de los derechos de la niñez y en el fortalecimiento de la alianza entre familias y escuela– se refirieron a la necesidad de enfrentar la situación actual.

Juan Camilo Paillé, director de Operaciones y Conocimiento de Red PaPaz, aseguró que el primer obstáculo es cultural. A su juicio, en el país todavía persiste el miedo a hablar de ansiedad, depresión o ideación suicida.

Leer más: Santiago y José Antonio miran la vida a través de la ceguera del mal de Nohl

“Tendemos a pensar que cuando nos sentimos vulnerables es mejor quedarnos callados. Y eso no solo les pasa a los niños, nos pasa como sociedad”, señala.

El problema, según explicó, es que muchas veces cuando un menor expresa su malestar, los adultos lo minimizan. En ese sentido, aseguró que frases que parecen inofensivas pueden cerrar puertas. Por eso insistió en que la expresión emocional debe asumirse como una responsabilidad compartida y en lugar de reaccionar cuando el caso ya ocurrió, el llamado es a construir entornos protectores que permitan anticiparse.

También referenció que las señales de alerta suelen ser claras, tales como cambios bruscos en los patrones de sueño o alimentación, aislamiento repentino, irritabilidad extrema, bajo rendimiento escolar sin causa evidente y comentarios de autodesprecio.

“Si un niño empieza a decir que nadie lo quiere o que no haría falta si no estuviera, algo está pasando y merece atención inmediata”, anotó el experto, al tiempo que sostuvo que si es posible reducir riesgos si se trabaja de manera articulada.

Dinámicas compartidas

Frente a este panorama, la relación entre familia y escuela se ha ido tensionando. En lugar de trabajar de manera conjunta, con frecuencia ambas partes se señalan mutuamente. Los padres cuestionan al colegio y el colegio responde señalando fallas en la crianza. Esa dinámica, según advirtieron los expertos, debilita la protección de los menores.

Ivonne Manzur Barbur, directora de Desarrollo y Gestión de Red PaPaz, explicó que la misión de la organización ha sido fortalecer esa alianza. A través de acompañamiento mensual a líderes institucionales y de familias, entregan contenidos y herramientas para que las comunidades educativas desarrollen capacidades y puedan activar rutas de apoyo cuando sea necesario.

Leer más: Santiago y José Antonio miran la vida a través de la ceguera del mal de Nohl

Sostuvo contó que 26 rectores participaron en un encuentro convocado en Barranquilla por la organización y la mayoría valoró positivamente los recursos ofrecidos. Por eso fue enfática al sostener que “la clave está en entender que no se trata de buscar culpables, sino de asumir responsabilidades compartidas”.

Asimismo, en cuanto a la preparación institucional, Paillé consideró que Barranquilla cuenta con infraestructura, pero enfrenta limitaciones en capacidad de respuesta. En ese sentido, explicó que en muchos colegios públicos “hay un orientador para más de mil estudiantes”.

La conversación también incluyó el impacto del entorno digital. La exposición temprana y prolongada a pantallas, advirtieron, tiene efectos negativos. En el caso de la primera infancia, la evidencia científica muestra que largas exposiciones antes de los seis años pueden generar daños cognitivos irreversibles. No se trata, aclararon, de prohibir sin diálogo, sino de establecer acuerdos familiares y escolares sobre horarios, espacios y límites claros en el uso de dispositivos.

Le puede interesar: La bolera que marcó una época en Barranquilla será subastada

En paralelo, la visita a la ciudad marcó el cierre de un proyecto con Unicef que priorizó diez territorios del país, entre ellos Barranquilla, para promover entornos alimentarios escolares saludables. La iniciativa incluyó el acompañamiento a tenderos para demostrar que la alimentación real y local también puede ser rentable. La meta es reducir la presencia de productos ultraprocesados en los colegios y fomentar hábitos más saludables desde la infancia.

Finalmente, el mensaje para rectores y docentes es no temerle a las conversaciones difíciles, teniendo en cuenta que el rol del educador no es reemplazar al profesional de salud mental, pero sí puede convertirse en el primer respondiente emocional: “Escuchar sin juzgar, activar las rutas internas y contactar oportunamente a la familia puede marcar la diferencia”.

CortesíaJuan Camilo,director de Operaciones y Conocimiento, e Ivonne Manzur, directora de Desarrollo y Gestión, durante su visita a la sala de redacción de El Heraldo.

Leer más: Puente de la Cordialidad pasa a cierre temporal durante un mes por obras de mantenimiento